“A que te cojo ratón… A que no, gato ladrón”


Este era uno de esos juegos inocentes con que nos entreteníamos a mediados del siglo anterior.
Hoy, en una nueva versión los están jugando la Justicia, por un lado y los delincuentes de cuello blanco, por el otro.
El juicio que se sigue a los integrantes del Clan Nule y a los hermanos Moreno, se viene prolongando excesivamente, sin que se tomen determinaciones, gracias a la astucia de sus abogados y la laxitud de nuestros códigos penales.
La estrategia parece estar orientada a que se corran los términos para se extinga la acción por no haberse imputado cargos a los acusados. Leguleyadas, subterfugios jurídicos, intríngulis de todo orden para lograr la prescripción.
¿Quién, ciertamente, podría demostrar inocencia de esos cacos en los casos de la mayor defraudación histórica que se la ha hecho a la nación? El robo de los anticipos a contratos, la participación de los hermanos Moreno en el carrusel de las contrataciones de obras públicas, están demostradas hasta la saciedad. Entonces ¿por qué los jueces no llegan al veredicto final?
Esperando que los abogados cómplices de semejantes desfalcos aleguen la prescripción de la acción penal “por insuficiencia en las pruebas”, la justicia se presta a ese juego de “a que te cojo ratón… A que no, gato ladrón”.
Serán excusados los Nule y los Moreno, volverán a la sociedad impunemente, disfrutarán de las ingentes millonadas que se robaron y la justicia, una vez más será burlada.
¿Gatos y ratones confabulados para la impunidad? Pobre país.




