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viernes 6 septiembre, 2013 a las 9:34 am

A propósito de LA PROTESTA SOCIAL

Amarildo Correa Obando
Amarildo Correa Obando
Por Amarildo Correa Obando

Las movilizaciones de los sectores campesino, obrero, docente, transportador, de los trabajadores de la salud, etc., se sustentan en el legítimo derecho que tiene el pueblo de exigir a sus gobernantes que enmarquen sus decisiones y posiciones en la realidad de quienes les han encomendado la tarea de gobernar y administrar el país.

Hace muchos años que los colombianos que debemos sustentar nuestras vidas y las de nuestras familias con arduo trabajo diario, dejamos de tener razones para confiar en que la voluntad de nuestros gobernantes obedece al interés de las mayorías, esas mayorías sin tierra, sin vivienda digna, sin servicios básicos como el acceso y disponibilidad de agua, sin educación, sin salud, sin ingreso justo, desplazados, violentados.

Es innegable el hecho de que los gobiernos han pasado dejando cada vez más amplia la brecha que separa a los campesinos y personas humildes de este país, de las oportunidades y condiciones que podrían permitirnos construir para todos niveles de vida satisfactorios, dignos, justos y sobre todo de acuerdo con nuestra calidad de seres humanos.

Las manifestaciones y acciones de quienes hoy están intentando reivindicar sus labor, exigiendo que quienes están actualmente en los escenarios de poder y decisión actúen consecuentemente con el estado actual e intereses del pueblo trabajador y labriego, demuestran que las políticas gubernamentales han sido ineficientes, ineficaces y equivocadas.

Los hechos ocurridos en Mojarras y en otras regiones del país, demuestran necedad e indolencia, puesto que los causantes de la reacción de los sectores movilizados, responden con avanzadas militares enfrentando pueblo contra pueblo, porque no se puede desconocer que los hombres uniformados, si no todos, si la mayoría, son hijos de campesinos y trabajadores honestos y humildes. Cuando debieran responder con decisiones y acciones que lleven a resolver estructuralmente la problemática social que enfrenta el departamento del Cauca y la nación.

Es antinatural que los gobiernos se alejen de sus gobernados, los cargos del Estado han sido creados para garantizar el correcto funcionamiento del establecimiento en pro del pueblo de un país, no para desangrarlo; los hombres y mujeres que ocupan esos cargos han sido elegidos por el pueblo o según el criterio de otros a quienes el mismo pueblo ha facultado, lo natural entonces es que las personas encargadas respondan por la encomienda comunitaria y naturalmente que el establecimiento garantice los derechos y el bienestar del país, de todos sus sectores, de todos sus habitantes.

Hago un pronunciamiento de solidaridad con la movilización, con las causas y luchas de los sectores sociales organizados, que durante tantos años de historia han soportado el régimen de pobreza, mediocridad y desesperanza impuesto por los gobiernos y su corruptela. Lamento profundamente la situación de aquellos a quienes se les ha vulnerado su integridad física e incluso su vida y hago un llamado a los dirigentes locales; lideres, concejos, alcaldes y diputados para que integremos y acompañemos las iniciativas de solución planteadas por quienes valientemente han asumido permanecer en las vías y los interlocutores del Gobierno central. La opción de mantenerse alejados o al margen no es posible, no, si aún se conserva algún nivel de compromiso y conciencia frente a la situación que vive la región y el país entero.

A la sociedad en general, una invitación a la reflexión, puesto que si bien es cierto que la dinámica cotidiana de todos irremediablemente se ha visto afectada; también es cierto que en una sociedad descompuesta, abusada y abandonada por sus gobernantes, es imposible desarrollar libre y dignamente nuestra vida y nuestros ideales; de continuar indiferentes ante la quiebra económica de los sectores de la producción de pequeña y mediana escala, nos hallaremos en un país de hombres y mujeres sumidos y desesperados por la miseria, buscando a cualquier costo sobrevivir.

La pregunta entonces es: ¿asumimos esta situación con la ocupación que se merece? O ¿esperamos a que definitivamente la sociedad sea invivible?

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