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Sábado, 17 de octubre de 2026

“La guerra y el amor: dicotomía donde socialmente nos masacran y donde individualmente nos abrazan y nos aman”: Jorge Eliecer Pardo.

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Diógenes Díaz Carabalí

  • “La poesía no debe responder a nada, debe reflexionar para hacer reflexionar…”
  • “Las redes sociales han contaminado de poetastros el ámbito puro de la poesía…”
  • “La buena literatura compite con la superficialidad de las telenovelas, con los estereotipos, con la banalidad…”

Jorge Eliecer Pardo es un reconocido escritor, natural del departamento del Tolima con residencia en el mundo, porque se puede ver reportando existencia desde Paris o México. Lo hemos abordado para hablar de su obra literaria, fundamentalmente de su poesía, viva y reconocida.

El Jardín de las Weismann

Su novela, “El Jardín de las Weismann”, es un clásico de la literatura con varias ediciones y traducida a varios idiomas. ¿Qué hace un novelista exitoso en la poesía?

La poesía se encuentra intrínseca en la narrativa, quizás sea la esencia verdadera de la literatura, por eso, hacer buena poesía es tan difícil. El trabajo con la palabra es el mayor reto de un escritor. Mis novelas y cuentos intentan que el lenguaje tenga ese acercamiento. Hay que exigir dos condiciones a todo libro: inteligencia y poesía. Así sea en prosa, el sonido, la tonalidad, el ritmo, la respiración, deben ser sustento de toda buena obra. Entiéndase por inteligencia la motivación reflexiva que el lector tiene con el texto.

Háblenos un poco del autor, de su vida ¿Quién es Jorge Eliecer Pardo?

El hijo segundo de diez, donde hay escritores, músicos, periodistas, profesionales de la salud, profesores, gama maravillosa. Una de mis hermanas dice que somos los diez dedos de una familia emprendedora. Mi madre, poeta innata, cantante, culta y amorosa, por fortuna aún con nosotros (86 años) y mi padre, una inteligencia empírica, sabio y ecuánime que partió hace unas décadas. Soy licenciado en Educación con estudios de doctorado en literatura. He sido profesor en todos los niveles de la educación, conferencista, periodista cultural, documentalista, editor y, sobre todo, escritor desde muy joven. En el momento (2017) estoy jubilado de los horarios (tengo 67 años) pero me mantengo activo en actividades culturales y empujando mis libros en un país donde los autores que no estén en las grandes editoriales se ven fácilmente relegados. Estoy casado y tengo dos nietos hermosos que se están educando para ser, ante todo, buenos seres humanos, honestos y excelentes ciudadanos.

¿Qué tiene en las vísceras un poeta como Jorge Eliecer Pardo? ¿Cuáles son sus temáticas?

Soy un hijo de la violencia. Nací en El Líbano, Tolima, donde la guerra bipartidista, entre liberales y conservadores, azuzados por políticos de Bogotá, dejó trescientos mil sacrificados y millones de desplazados. Por eso soy trashumante de esa época, por eso, desde mis primeros cuentos, mi literatura está signada por dos pilares: la guerra y el amor. Dicotomía donde socialmente nos masacran y donde individualmente nos abrazan y nos aman.

Fotografía de http://www.eluniversal.com

Hay una pregunta obligada, y una respuesta que buscan quienes desean incursionar en la poesía. Escucho a los duendes diciéndome pregúntale: ¿Cuáles son sus lecturas? ¿Cuáles sus poetas favoritos?

Los libros y lecturas tienen sus épocas. Me inicié con los clásicos y con la literatura del boom latinoamericano. Como todos, escribí poemas y luego narrativa. Diría que fueron Sábato y Onetti los grandes impulsadores de lo que yo quería escribir, ellos me decían al oído cómo era el mundo verdadero. Indudablemente García Márquez marcó toda nuestra generación. Estábamos entre la modernidad y la posmodernidad, dos entelequias del mundo de hoy. La literatura es buena o mala, lo demás son discursos de académicos. Doy gracias al gran Cronopio Mayor, Julio Cortázar, por sus excelsos cuentos y su Rayuela. Tuve un tiempo con Kundera, Mishima, Proust y Kafka. Ahora navego en las páginas de Padura, de Philipe Roth, Murikami…

¿Por qué la poesía? ¿Sirve de algo? ¿Responde a algo? ¿O más bien plantea interrogantes sin respuesta, para quedar en las mismas… o peor?

La poesía le sirve al que la necesita, como la música y el arte en general. La poesía no debe responder a nada, debe reflexionar para hacer reflexionar. Basta con leer a Whitman para saber de qué estamos hechos. La poesía regala los mejores momentos a los seres humanos: los silencios. Es la eterna compañera sin exigir nada, la amante que acaricia y hiere a la vez. Eros y Thanatos, color y oscuridad. Nos compromete con el confesar y el callar en el amor y la desdicha. La voz de la conciencia para los que no la tienen y el alarido de quienes desean la muerte. Antídoto y veneno. Y, otra vez: silencio.

¿Cómo está el panorama de la poesía nacional en un país dado a clasificatorios?

Colombia, se le decía país de presidentes poetas, quizá por eso se bautizó Atenas Suramericana a Bogotá. Diría que es un país de versificadores y de pocos poetas. Las redes sociales han contaminado de poetastros el ámbito puro de la poesía. Los hay eruditos y abstractos, coloquiales, con temas rurales y urbanos, con rima y sin ella, cósmicos y terrenales, filosóficos y especulativos. De todo en la viña de la poesía colombiana. Además de los que pueden ganarse el título de poetas mayores, hay algunos y algunas (como se dice ahora) que se acercan al valor supremo del lenguaje poético. La lista es corta.

Aparecen divisiones en la creación poética, en particular molestas: la poesía negra; la poesía femenina; las poesías regionales… ¿Se justifican esos racismos poéticos, o sirven para hacer visible la poesía?

La poesía no tiene fronteras ni discursos, por eso nos acercamos, sin ellas, a la poética de Kavafis, Pessoa… Uno podría pensar que los cientos de miles de escuchas en festivales de poesía son seres sensibles que encuentran en esas lecturas reflexiones sobre la existencia. Al final, la desolación es la misma. La poesía es asexuada, carece de color de piel y está en el mundo y por fuera de él. La poesía es la esencia de la literatura, diría que, junto con la música, son los estados más puros de la sensibilización humana. Lo demás sólo sirve para hacer antologías.

Fotografía de La Pluma & La Herida – blogger

¿Cuándo tendremos un poeta en las grandes ligas? ¿O seguiremos explorando posibilidades, al fin y al cabo objeto de un creador?

Tenemos a Silva, Aurelio Arturo, Barba Jacob, Quessep, con ellos no entramos a las grandes ligas sino al Olimpo.

¿Qué hacer con la abstinencia poética padecida nacional, cuando uno ve el lugar que ocupa en otras latitudes? ¿Es por el vacío religioso, de amor y de heroísmos?

No hay abstinencia, al contrario, hay promiscuidad poética en la mal llamada poesía colombiana. Los vacíos que enumeras acompañan a los otros, en el blanco existente entre un verso y otro. Nada y todo está vedado, pero la poesía no toma venganza, los lectores, sí.

La idea de estas entrevistas es abrir un espacio para la poesía, para la vida ¿Qué hacer para ganar lectores en un medio fácil, mediático, superfluo? Aquí los bandidos ocupan lugar privilegiado…

La poesía tiene que ver con la sensibilidad. Si en casa no hay libros ni padres y familia que escuchen buena música y lea buenos libros, ese niño crecerá menos sensible. Luego la escuela, sin maestros sensibles no hay alumnos sensibles, sin profesores lectores, igual. La buena literatura compite con la superficialidad de las telenovelas, con los estereotipos, con la banalidad. No hay sensibilidad social, menos poética. Tenemos una sociedad atrasada donde los buenos productos culturales también son de la élite económica y política.

¿Un par de clips para los chicos que buscan hacerse poetas?

Lean Cartas a un joven poeta de Reiner María Rilke, él responderá lo que significa seguir ese camino, no te traiciona. No confundan la buena poesía con el mal vallenato, el reguetón y Bacheta. No pretenda ser poeta sin ser lector de poesía, mientras no conozcas los grandes poetas, no lograrás excelencia en sus versos.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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