De vuelta


De vuelta

Quería tomarme un tiempo. Un largo tiempo… para volver con otra mirada, con otra narrativa, con otra poética como dicen mis amigos poetas porque la escritura continúa. Sin espacios de reflexión, sin lecturas, somos llevados a lugares comunes, a volvernos repetitivos, aburridores, y, entonces surge el deseo de volver desde estos parangones, desde estas premisas.
No es que no haya escrito, un ejercicio cotidiano, por ser origen de un vicio imparable, algo que se mete en la sangre, mejor en la lengua para aquellos que somos cortos de expresiones vocales, y más bien preferimos expresarnos a través de la escritura, porque en ella cabe la reflexión, el contexto, la vivacidad, la corrección. Mi padre acudía a un dicho muy común, a una sentencia tajante: el que mucho habla; mucho yerra; una verdad de a puño. Por eso será que políticos y pastores religiosos se equivocan tanto…
Han sucedido muchas cosas en este tiempo llamado post-pandemia. El mundo ha cambiado de una manera radical, aunque muchos aspectos permanecen inamovibles: el motivo de la guerra, la vacuidad de la inmensa mayoría, el dogmatismo político muy unido al dogmatismo religioso; pero han cambiado las formas, las metáforas, los intereses. Han cambiado cosas que parecían inalterables, entre ellas lo inamovible de la globalización. Tengo en mente la frase de mi profesor de Filosofía Empresarial, en mi maestría de Administración Financiera: “Este modelo no es un modelo perfecto, pero es el único y el mejor”. Era mexicano el Teacher. A los pocos años llegó al poder en su país un progresista, y la teoría aquella de lo inamovible fue echada por tierra. Este profesor acudía a los documentos del teórico neoliberal norteamericano Francis Fukuyama, de origen japonés, hoy revaluado y en crisis como su modelo. En aquellos tiempos, al parecer, insalvable, pero todo eso se vino al piso, y también el modelo.
Ningún modelo, como éste, profundizó la desigualdad de las naciones, de las sociedades, de manera tan abismal, y comportamientos supuestamente superados volvieron a aparecer en el horizonte de un mundo en riesgo de su propia extinción. La derecha defiende el modelo porque otorga privilegios, indudable. Sostienen un statu quo que les permite oprimir y exprimir. Con el cuento de la libertad del mercado nos llevan no solo al desangre, sino también al peligro de poner en inhabitable el único lugar donde, como especie, podemos vivir y desarrollarnos. El acelerado deterioro de nuestro hábitat nos hace vulnerables, el medio, otras formas de vida, amenazan nuestra existencia, y entonces todas las teorías desarrollistas van en picada, porque ya no se trata de cómo repartimos la riqueza, sino de cómo sobrevivimos a los recursos escasos, a los virus, a las bacterias, al calentamiento global, a las radiaciones del espacio.
Hay ejemplos muy palpables de pauperización acelerada: Argentina, la más cercana. La globalización y su instrumento, el Fondo Monetario Internacional ha creído que con recursos volátiles, con financiación externa, se resuelven los problemas. Hoy, muchos países carecen de recursos para atender la elevada obligación financiera. El FMI aconseja gravar con más impuestos a la población, pero el problema no es gravar; el problema es que una sociedad empobrecida no cuenta con recursos para pagar ningún tipo de impuesto. Ante esta perspectiva, las poblaciones se movilizan, exigen reformas, mayor apoyo estatal, pero los recursos son escasos, la producción limitada, los inversionistas buscan refugio seguro (el dólar), encareciendo las divisas y causando inflaciones galopantes. Pero lo que más afecta estos tiempos es la falta de cordura de los dirigentes, muy dados al dinero fácil, a la corrupción, a mantener un estado de cosas perjudiciales y causar mayor pobreza.
Las naciones se cierran, fenómenos al parecer derrotados vuelven a la palestra: la xenofobia, el racismo, la discriminación, el dogmatismo religioso. Porque se trata de salvar al reducto de una parte de la sociedad privilegiada que duerme en su mutismo de pensar que nada puede ser diferente, que nada debe cambiar, así la mayoría de la sociedad se sumerja en la impotencia, en el desasosiego.
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