MONSIEUR VENUS, BONJOUR



Abre hoy alguien El País de España, lee este artículo de Luis Gómez Canseco y parece que narrara un acontecimiento de ayer. Sí, de ayer, hace más de 100 años. Con todos los pelos y señales. Con el seudónimo de Rachilde porque nadie hubiera creído que era mujer y nombre propio: Marguerite Vallette-Eymery, una fémina en la ruina y valiente. Se dio a la tarea de escribir la vida de su personaje, un pobretón convertido en su libro como una Venus. Ya había sido censurado su libro en Bruselas en 1884.
Se trataba de un hombrecillo oscuro, sin bondades ni orgullo. Sometido a su ama, como cualquier mascota de hoy, encerrado en una mansión, con categoría de condesa o favorita de un rey-sol a una pervertida dueña. Ni más ni menos. Así era el personaje que discurría entre escenas y fantasías en medio del estilo de burdel, como en la película Belle de your o belle de nuit, dirigida por Luis Buñuel.
Es una novela de corte antihumanista, salvaje como los escritos del marqués Sade, con ribetes de dulzura y tortura. ¿Qué personaje de carne y hueso, de corazón e hígado humanos soportaría tales tratos contrarios a su verdad y género sexual a cambio de cumplir la voluntad de una fiera amante y rica?
Solo una mujer con ingenio, libertina, sin escrúpulos morales, decidida a causar escándalo en la sociedad que la rodeaba, fue capaz de tomar la pluma para retratar de cuerpo entero a la escultural fantasía transformada por su mano. La dibujó en un ambiente entre adornos, perfumes, una jauría de pequeños perros leones y diosecillos desnudos como una de aquellas figuras que solo aparecían en la servidumbre de reyes fastuosos y reinas.
¿Cuál era la fuerza de aquella mujer, Raoule de Venerande, que logró cambiar casi la personalidad de aquel hombrecillo desvanecido para convertirlo en el juguete de sus caprichos? ¿Y, cuál era la fortuna, el recambio que le ofrecía para que aquel desventurado cediera en dejar de ser Jacques Silvert para servir de centro de asedios, aventuras sexuales y sobornos de carne a sus desvaríos?
Esa mezcla de miserable a paladín de la carne, de mendigo a príncipe, de hombre sin figura a modelo de modales fue el banquete deseable que logró Raoule de aquel mendrugo sin sal ni pimienta.
Los valores o etiquetas sociales que circulaban por salones y academias, en la Iglesia y las universidades fue un terreno sin autoridad ni respeto para Raoule la venerable. Era una de esas épocas mojigatas, verecundas de ventanas hacia afuera, pero sin verdadero acatamiento y seso formado.
La palabra se hace carne, Monsieur Venus es una novela materialista, dice hoy su editor Rodrigo Guijarro. Una historia llena de utilitarismo y hedonismo. El ser humano es allí, como ahora, objeto solo de deseo, un instrumento de placer mientras cumple un ciclo vital. Con el ingrediente del lenguaje provocante, atrevido, necesario para atraer lectores ávidos de novedad, escenas chispeantes y personajes truculentos que satisfacen la curiosidad y el morbo.



