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viernes 13 enero, 2017 a las 5:14 pm

Justicia social: luz de una estrella tardía

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MATEO MALAHORA

“Demoler los modelos que nos parecen paradigmáticos y las lógicas donde se asientan verdades arrugadas, es clave para dar un giro civilizatorio, donde los colombianos sintamos orgullo de soberanía y de nación”.

La modernidad, a nuestros países latinoamericanos, siempre llegó como un modelo tardío, una visión morosa y pudiéramos afirmar, lánguida, de las prácticas y rutinas que vivieron y viven espléndidamente los países desarrollados, que no pueden despegarse de su crisis social.

Los procesos políticos, los avances de la ciencia, los conocimientos filosóficos, bioéticos y ambientales, los enfoques planetarios, los desarrollos de la medicina, los mapas de la economía y las innovaciones tecnológicas llegan como primicias para los pueblos dependientes, mientras que en las grandes metrópolis, que miramos como generosas, gracias a nuestros recursos, involucrados en sus mercados, son fenómenos que pertenecen al pasado.

Vamos al grano, si aceptamos que los científicos descubren una estrella que explotó hace mil quinientos años y su luz no ha llegado a la tierra, admitimos la evidencia de lo que se conoce como “la teoría de las estrellas muertas”.

De la misma manera, para los pueblos pobres del planeta se plantean iniciativas tardías, sobre todo en el orden económico, como “La Tercera Vía”, basada en un supuesto control del mercado global, asimilada por nuestros dirigentes como un sistema novedoso, con los ex presidentes Tony Blair, Felipe González, Bill Clinton y el presidente Santos a la cabeza, cuando sus fundamentos teóricos “hace rato son difuntos”.

Construir una sociedad más justa es romper las barreras del pasado y hacer a un lado los recetarios de fórmulas históricas que hoy se consideran vacías.

De nada sirven los imperativos ideológicos de aparato y la miscelánea de propuestas que se hospedan en el oportunismo, como el reformismo borbónico o liberal, que busca capturar sentimientos ciudadanos apelando a experiencias europeas.

¿Qué significa la derecha histérica donde todo vale y el marxismo manualesco, que parece más una imagen sometida a procesos de restauración estética y cultural?

Demoler los modelos que nos parecen paradigmáticos y las lógicas donde se asientan verdades arrugadas, es clave para dar un giro civilizatorio, donde los colombianos sintamos orgullo de soberanía y de nación.

Mientras tanto acudimos como las huestes de Jorge Zalamea al espectáculo del progreso paralítico, invitados por los pregoneros de milagrerías, que utilizan un lenguaje demagógico para vivir a merced de los necesitados.

A propósito, acerca de su obra el escritor Álvaro Mutis dijo: “…en su palabra acusadora se encuentra toda la furia ante la servidumbre absurda del hombre a los más oscuros y necios poderes de nuestra época».

Superar la charlatanería política, la parafernalia electoral y sustituir el pensamiento neocolonial, es un imperativo para darle sanación al país.

No es fácil, pero no imposible, cambiar las prácticas dominantes, establecidas en todas las esferas de la actividad humana, tanto que las personas son instrumentalizadas para exaltar nuestro sistema de vida como el mejor del planeta, donde las necesidades de las naciones hermanas, magnificadas por el poder mediático internacional, impiden ver nuestras penurias, la violencia institucional y las maquinarias de exclusión que nos mutilan.

Mantener inferioridades raciales o fundamentalismos etnológicos, la visión calvinista nos rige y justifica la riqueza absoluta, así como conservar el empobrecimiento de sectores medios y populares es perpetuar la crisis, cuando lo que necesitamos es una estrategia unitaria de nación y una elevada dosis de esperanza.

Si la clase media, que vive a la intemperie social, cuidándose de no caer en la pobreza y soñando dar un salto a la cúspide, que actúa como protagonista electoral, adopta una postura que no pase por las aristas de la partidocracia, la política sería un escenario pulcro, con reglas de juego claras; mientras lo político, entendido como lazos sociales instituyentes, permitiría que citadinos, campesinos e indígenas viviéramos juntos, en un ambiente de seguridad.

Infortunadamente pensar contra los otros, sin planteamientos serios, que excepcionalmente existen, se ha vuelto una necesidad política electoral.

En ese contexto, el debate en torno a la justicia social, la reforma agraria, la tecnología, la salud y la educación superior gratuitas, es temerario; mucho más si tenemos en cuenta que al ciudadano se lo adiestrara para que no piense y opte por admitir que imaginarse un nuevo mapa político es peligroso.

El reto está en crear opciones diferentes, profundamente éticas y humanas, que rompan con el criterio privado de los partidos tradicionales, donde solo existen ventajas y prerrogativas para los miembros de la tribu.

Hace más de doscientos años el Maestro Simón Rodríguez, artífice del pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar, quien fuera, este último, un emancipado terrateniente caraqueño, dijo: “O inventamos o perecemos”, y su luz transformadora, como la luz de las estrellas muertas, no ha llegado todavía. Feliz Año.

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