El Presidente y el boleteo
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A raíz de las denuncias que hice desde La luciérnaga sobre el ominoso azote del boleteo que ha subsumido a Tuluá desde hace unos meses y que ya lleva una colección de muertos y bombas, se puso en contacto conmigo el presidente de la República Álvaro Uribe. Aunque él considera que ante la gravedad de mis denuncias debo modificar el esquema de seguridad de que gozo, fui enfático en decirle que lo que debe modificarse inmediatamente es el esquema de seguridad de una ciudad que no puede soportar ni una extorsión ni una bomba más.
El hecho de que las extorsiones hayan sido hechas desde hace varios meses en el mismo formato, indicando un teléfono, y que quienes han llamado allá reciben asustados instrucción de consignar en una misma cuenta bancaria y que de ese pequeño detalle no se hayan dado cuenta ni el Gaula del Ejército ni el Gaula de la Policía ni la Sijin, pero todo el pueblo lo sepa, no deja de ser muy sospechoso. El que hace 15 días el vigilante de un almacén que ya había sido víctima de una bomba hubiese pillado a los motorizados que reparten por debajo de las puertas las boletas de muerte y 24 horas después de haberle avisado a la Policía del episodio haya sido asesinado, haría sospechar a cualquier investigador serio. Pero el que ante la denuncia de La luciérnaga la respuesta de los altos mandos policiales haya sido mandarme a un sargento o confundirme con una bola de ping pong aseverándome que la responsabilidad pasa del Gaula de la Policía al del Ejército y no a la Sijin, me ha permitido aseverarle al presidente Uribe y no a los generales de la Nación cuál es la magnitud del azote que ha caído sobre mi pueblo.
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Fuente original: Diario Occidente, septiembre 22




