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martes 6 diciembre, 2016 a las 4:52 pm

Lo que es ser pobre, indígena o negro en este país

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Néstor Raúl Charrupí Jiménez

El título de este escrito es lo que se conoce en gramática como tautología, pues termina significando lo mismo. Y la suerte de las personas nacidas en este país bajo los mencionados rótulos, parece estar signada, como lo manifestaba San Agustín en la edad media, es decir, que cada quien tiene asignada una forma de vivir y morir, teoría hipótesis feudal llamada teoría de la predestinación, aunque tal teoría fue revisada y revaluada por otros santos como Tomas, traigo a colación lo del medioevo, por el brutal rapto, violación y asesinato de la menor Yuliana Samboni de siete años, por tratarse de una niña indígena campesina, obviamente de pobreza extrema, del municipio de Bolívar sur del Cauca.

Aunque su padre decidió viajar a Bogotá para esquivar las balas cruzadas de este absurdo conflicto colombiano, que data de más de cincuenta años, creyó haberlo conseguido al llegar a la ciudad de Bogotá, puesto que hay la peregrina creencia que la guerra no está en las ciudades, como lo creen algunos despistados citadinos y sus propios vecinos paisanos de Bolívar; sin embargo en la ciudad, donde quizás no lleguen las balas, lo esperaba otro enemigo, mucho peor y más cruel y despiadado, la pobreza extrema, propiciada en parte por indiferencia estatal, reflejada en la diferencia elocuente de clases sociales, o estratos como se les dice últimamente.

Juvencio Samboní, creyó tener un mejor futuro, así sea hacinado con su familia en una estrecha habitación de lámina de tres metros cuadrados, donde habitaba con su mujer preñada e hijos, entre otros, la asesinada YULIANA SAMBONI. Tal zona, localizada como una trampa mortal en medio pero alejada de barrios ricos, en una zona de invasión adyacente al exclusivo sector estrato 6, entre Chapinero Alto y Rosales, sin saber “cómo diablos”, como dicen estos, sus encopetados vecinos, se dejaron hacer esa “invasioncita”, pero separada, eso sí, de hecho la naturaleza y de derecho el estrato, por la perimetral avenida circunvalar.

De este sector se produciría para la comunidad el arquitecto epónimo Rafael Uribe Noguera, de la más rancia y alta aristocracia bogotana, a tal punto de tener dentro de sus haberes, uno de los bufete de abogado más importante y promocionado que hay en Colombia: el de los Urrutia, donde su hermano es el manejador, a más de ser importantes constructores de vivienda de este país. Y qué no de decir de su educación: ex alumno de la Universidad más costosa de Colombia: la Javeriana y ex alumno de colegio de muchos expresidentes en el Gimnasio Moderno.

Con semejante palmarés económico y educativo, este personaje tenía además, sórdidos y extravagantes gustos o hobbies; al parecer uno de los discretos encantos de este benemérito jayán de la burguesía bogotana, era merodear la zona deprimida, al otro lado de la Avenida Circunvalar, en busca de impúberes niñas que pudiese impresionar para satisfacer sus mórbidos gustos sexuales, tales como masturbarse públicamente frente a la escuela, a un lado de su lujosa camioneta, prevalido de su condición de gran señor burgués, solo en ocasiones con protestas tímidas de los moradores de la “invasioncita” para evitar represalias por haberse metido con “Usted no sabe quién soy yo”, que esta condición y clase que pululan en Colombia.

Pues bien, este señor “feudal” de la época moderna, Rafael Uribe Noguera, sintetizó el derecho de pernada (de acceder los señores feudales carnalmente las hijas de sus siervos antes del matrimonio), pero adicionando, en los tiempos presentes, el derecho a cercenar macabramente además, su libertad y lo más preciado: su vida, inclusive siendo unos indefensos infantes.

Tenemos derecho los hombres y mujeres de bien de este país, si es cierta la igualdad que se pregona en la Constitución, que este maganzón por muy poderoso que sea, al cual ni el mismo fiscal, con todos los indicios en su contra, se atrevía a dar su nombre; para que semejante y espeluznante aberración y sadomasoquismo que ha horrorizado a todo el país, no quede impune. Se debe respetar el debido proceso, pero la justicia tiene que ser ejemplarizante.

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