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Lunes, 12 de octubre de 2026

LA POESÍA NO ES SILENCIO NI CENIZA AZUL

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Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy.
Loco-mbiano.

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http://www.partecipiamo.it/morte/morte.html

La poesía no es un recurso literario inmerso en el ser humano. Unas veces deja ver su halo y otras permanece dormitando en sus vísceras o su sangre. Como un hada es vaporosa e inunda con su brillo los recintos donde aparece. No se confunde con un manojo de confetti ni se asemeja al ceniciento azul de la escarcha con que se adornan las caras las niñas en una fiesta. No es adorno que se prende en el borde de un vestido o un slogan que se blande en una plaza.

No podrá equipararse poesía con una lista de frutos que se encuentran en jardines de delicias o que se venden por gramos en frasquitos en una perfumería o una venta de químicos. Ni es escribir bonito para descrestar a incautos. Ni se nota por quedarse mudo ante una muestra de arte y posar de sabio o poder exhibir una corona de laurel con dedicatoria adquirida en una galería.

Diosa esquiva es la poesía, que a veces viene al mundo de los humanos a vivir por una temporada en casa de sus amigos. Puede aparecer rodeada de relámpagos, de tempestades, de arreboles, en noches de luna, en la mitad de los ojos de una mujer, en la mirada inocente de un niño o en el dolor de una tragedia.

Aunque la poesía no es silencio, necesita de él para oír los latidos más quedos del corazón de la persona amada o penetrar en los acordes de la flauta o elevarse en el quejido de una cervatilla. No puede quedarse callada ante lo sublime, la belleza, la majestad del agua, la puesta del sol o el trinar de la alondra en el árbol en la mañana o el llanto por la pobreza o la pérdida de un ser querido.

Casi un ser vivo es la Poesía. Necesita el aire, la luz, la velocidad de la palabra, el frío de la mañana y el calor de la mano de la amada sobre la frente. No necesita ir a tiendas ni sufre hambre ni sed. Todo lo contrario. Es como un mar de gotas, abastece de imágenes a quien le implora, socorre con luz para ver en la inmensidad lo que otros no ven. Porque la poesía es un don exigente. No acompaña al perezoso ni al ingenuo que cree que todo está bien. Puede iluminar al ciego y guiarlo por su reino y dejar sobre la cuesta al que desconoce su voz en el reto de escalar la cima.

Ni se asemeja a una alcancía en donde se guarda gran cantidad de palabras como joyas para encadenarlas y lucirlas en la muñeca, los brazos o en las orejas. Alguien entra en contacto con la poesía por el hallazgo a bocajarro del amor, por la contemplación de un amanecer o ante la majestad de la Naturaleza. Y lo expresará con palabras hechas lágrimas, ternezas o descripciones de la pavura o la exuberancia de la selva. Alguien se topa con la Poesía porque Ella encuentra su mente y su pluma listas para recibir su don divino. La poesía es vivencia dada e inalcanzable.

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