ELUCUBRACIONES SOBRE ABSTENCIÓN ELECTORAL
Por Horacio Dorado Gómez
Ahora la moda es hablar de abstención, y se dice que en los pasados comicios electorales, ésta fue del 52 %. También se comenta que hubo compra-venta del voto. Haciendo una cuenta sencilla, si la paga fuese de mil pesitos, la elección del presidente hubiese costado la friolera de nueve mil millones devaluados pesos colombianos. Este primer argumento, lo usa el potencial votante sin conciencia ciudadana que se aguanta las ganas de votar, hasta que le ofrezcan el dinero y entonces, esperando se queda sin votar. Entre las fidelidades políticas, es cierto el voto libre no se ejerce. Por lo general, está condicionado a favor del político que le ofrece algo para su barrio, vereda o municipio, lo que llaman relaciones clientelistas. Así se han desarrollado o conseguido, la pavimentación, las vías, la electrificación, el acueducto, la escuela…
Otra cosa y muy distinta, es aquel indiferente que prefiere irse el domingo electoral al paseo de olla con toda la familia; igual, el consagrado estudiante que no “pierde su tiempo en las votaciones”; Así mismo, el apático que prefiere quedarse viendo el futbol, antes que ir a hacer cola en la mesa de votación.
También existe el ingenuo parroquiano que no va a votar porque no le gusta la política, pero otros deciden por él. Y prefiere hacer cualquier cosa menos votar. Es el típico personaje que cierra los ojos ante la realidad del país. Además de incauto, es despreocupado cuando afirma: “para que voto, si ya está decidido quién va a ganar”; “un voto más o un voto menos, no decide”. Este es el error más grande del verdadero abstencionista, es el voto de opinión que no resuelve. De estos especímenes está lleno todo el hemisferio, pues la abstención no es sólo en Colombia. No entienden que la única posibilidad en Colombia de efectuar la reivindicación social, es dentro del marco democrático.
Algo hay que hacer para motivar a los abstencionistas. Por lo pronto hay que entender que uno vota, no porque vaya a ganar el candidato, o porque le ofrezcan algo a cambio. Se vota porque es el aporte personal que se hace al bienestar de la democracia. Además, es un derecho que otorga la Constitución nacional para manifestar una opinión, que en últimas se refleja en una decisión.
Especial para Proclama del Norte
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