Carlos Monsiváis (1938-2010)
Obituario
El cronista, ensayista e intelectual mexicano murió el pasado 19 de junio de 2010. RevistaArcadia.com comparte algunas de sus crónicas y columnas de opinión que pueden leerse en línea.
Juan Gabriel, Cantinflas, Frida Kahlo, el movimiento estudiantil del 68, el PRI, Vicente Fox y El Santo son solo algunos de los elementos culturales mexicanos que el escritor Carlos Monsiváis consignó en su prolífica obra. Conocido como “la conciencia de México” falleció a sus 72 años a causa de una fibrosis pulmonar.
Mosivaís, nacido en 1938 en Ciudad de México, se convirtió en el intelectual público más importante del habla hispana. Ganó fama de omnipresente al estar constantemente en el ojo público en apariciones en foros, mesas redondas, lanzamientos de libros, discusiones intelectuales, programas de radio, televisión y columnas de prensa. Era una reconocida figura de la ciudad de México, tanto así que dentro de las celebraciones del Bicentenario del país azteca se incluyó la celebración de sus setenta años, en donde se le homenajeó por medio de cortometrajes animados en donde se le hacia un retrato cariñoso y humorístico.
Publicó más de 50 libros de crónicas y ensayos, entre los que se destacan Amor perdido (1976), El teatro de los insurgentes (1993), Por mi madre, bohemios (1993) y Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), con el cual ganó el Premio Anagrama de Ensayo. También realizó antologías de poesía mexicana, biografías y un libro de fábulas.
Admirado por escritores como Sergio Pitol, Juan Villoro y su gran amigo el poeta José Emilio Pacheco, Monsiváis reinventó el género de la crónica al diseccionar cuidadosamente la sociedad latinoamericana por medio del análisis de los íconos de la cultura popular. Crítico mordaz del status quo, su obra es un compendio de fenómenos que retaron el establecimiento, desde el movimiento feminista hasta el cine nacional mexicano.
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José Saramago (1922-2010)
Obituario
El escritor portugués José Saramago fue reconocido con varios galardones a lo largo de su vida. Entre ellos el Premio Nóbel de Literatura en 1998.
El escritor portugués, ganador del Premio Nóbel de Literatura en 1998, falleció a los 87 años. RevistaArcadia.com comparte algunas entrevistas en donde el escritor reflexiona sobre la religión, la literatura y el ser humano.
Hay quien dice que tras los libros de José Saramago ronda la pregunta ¿qué pasaría si? Si, por ejemplo, toda la población perdiera la vista (como ocurre en Ensayo sobre la ceguera) o si un hombre encontrara alguien idéntico a él (como ocurre en El hombre duplicado). Dudas –que pudieron haber sido hechas por cualquier persona– pero que fueron interpretadas de forma magistral, con un particular sentido de la ironía y una sutil voz poética, por el escritor portugués. Saramago murió en la madrugada del viernes 18 de junio, en la localidad de Tías, en España. Tenía 87 años. Había nacido en 1922 en Azinhaga, a 100 kilómetros de Lisboa, en una familia de campesinos que emigró a la capital portuguesa cuando el pequeño José tenía tres años. Realizó varios trabajos administrativos, se unió al Partido Comunista y en 1947 publicó su primera novela Tierra de pecado. Pasarían varias décadas hasta que, en 1998, recibiera el Premio Nobel de Literatura, aunque para entonces Saramago ya era un autor reconocido –de hecho, el crítico Harold Bloom lo nombró “el novelista vivo más talentoso del mundo”–.
Las novelas Levantado del suelo (1980), La muerte de Ricardo Reis (1984), El evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Las intermitencias de la muerte y Caín, sumadas a sus poesías, los autobiográficos Cuadernos de Lanzarote y hasta a su blog Cuadernos de Saramago, son muestra de su prodigalidad con las letras. Aunque con juegos de forma, como la falta de marcas en los diálogos, sus libros no son excluyentes. Al contrario, despiertan la imaginación y el pensamiento: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que el lector leyera para comprender. ¿Comprender qué? No para comprender en la línea que yo estoy tratando de hacerlo; él tiene sus propios motivos y razones para comprender algo, pero ese algo lo determina él”.
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