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Lunes, 12 de octubre de 2026
martes 1 marzo, 2016 a las 10:36 am

La reconquista española hace 200 años

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar
Armando Oroco Tovar

Mientras se peleaban como “Patria boba”, afiebrados por las ingentes riquezas del territorio neogranadino, que creían tener en sus manos, después de echar al virrey y al capitán, un acontecimiento demostró la fugacidad de aquella rivalidad: “La llegada a las costas de Venezuela de la expansión española, enviada por Fernando VII a las órdenes del teniente General Pablo Morillo, con la misión de salvarle las colonias al imperio”.

Era la más enorme armada conocida hasta ese año de 1815, con 42 navíos escoltados por 18 buques de guerra y 15 mil soldados curtidos en las guerras contra Napoleón. Bolívar al enterarse de la invasión, renunció del mando del ejército neogranadino del gobierno de Tunja de Camilo Torres, y la toma de Cartagena, anunciando su salida del país el 9 de marzo de aquel año, rumbo a Jamaica, colonia inglesa en el Caribe.

El 3 de abril, la expedición imperial tocó las costas venezolanas, y el 11 de marzo entró el “Pacificador” a Caracas, entre salvas, músicas, fuegos artificiales, banquetes y festejos públicos… Recibimiento al enemigo como muchas veces se ha apreciado en la historia humana. Basta sólo recordar la entrada de Franco y sus huestes fascistas en Madrid al vencer las tropas republicanas.

A finales de julio los expedicionarios llegaron a Santa Marta, y una escuadra de infantería rodeó a Cartagena por tierra, y otra escuadra naviera la cercó durante tres meses, tiempo en que duró la heroica resistencia al mando del venezolano Bermúdez.

Un año después en mayo de 1616, después de llegar la expedición de Morillo a la patria de Bolívar, entró a Santa Fe la vanguardia del ejército realista, la cual fue recibida con manifestaciones victoriosas, parecidas a las caraqueñas: cabalgatas de señoras, y caballeros aristocráticos, compusieron la lujosa comitiva de recibimiento al invasor español.

Miguel Latorre al encontrar en la aldea bogotana, arcos triunfales, comparsas, y en todos los balcones izadas las banderas del reino, manifestó, ante tanto júbilo lagarto de españolismo, lo siguiente: “Un general español no puede asociarse a la alegría verdadera o fingida de una capital en cuyas calles temía yo resbalarse mi caballo en la sangre fresca aún de los soldados de su majestad…”

Al otro día de llegar Latorre, el 8 junio, a la capital neogranadina, el nuevo conquistador comenzó a realizar ejecuciones, levantando cadalsos en la plazuela de San Francisco (hoy parque Santander). Y en la huerta de Jaime, dándose inicio a una era de terror, persecuciones, saqueos, crímenes, como cuando doscientos años después, entraban los paramilitares a las poblaciones donde había estado parqueada la guerrilla, arrasando y asesinando con motosierras, para luego apoderarse de las tierras de los campesinos.

Al transcurrir el tiempo del terror, fueron tantas las víctimas, que se agotaron los cadalsos en todas las poblaciones. Fue el momento en que comenzó la organización popular en pequeñas partidas guerrilleras, siendo equipadas, por los envíos hechos por las mujeres como Policarpa Salavarrieta desde Santa Fe de Bogotá.

Este hecho marcaba la entrada popular en la guerra de liberación independentista. En la Nueva Granada, con una ola sangrienta, hacer 200 años, ahogó España la revolución de independencia.

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