EL INSTANTE ES DE LO ÚNICO QUE SOMOS DUEÑOS
abandonadtodaesperanza.blogspot.com/2009/10/l…
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El tiempo ondea sobre la conciencia, sobre el águila y destruye relojes en los hoteles y puentes sobre los ríos. Es un monstruo sin figura mas camina veloz como león herido pateando la arena y azotando con su melena el viento.
Unos dirán que el tiempo es oro, otros que equivale a la eternidad. Einstein lo definió, intentamos medirlo, atraparlo, detenerlo. Dorian Gray puso el espejo de por medio y quiso esconder tras él sus años y sus hálitos vitales. Muchos miden la vida del hombre por su longevidad y la consideran como signo de progreso y bienestar. Otros se afanan por alargar la jornada laboral para dejar obras y toman cafeína o se drogan para evitar el sueño. Se trata de llenar el tiempo de afanes y valijas, como bodega de avión o de un barco mercante. Y al final, es vana la pretensión y una locura.
¿Cómo apretujar el tiempo en containers o en puñados y guardarlo para que no se vaya? El tiempo, como el agua, corre diluida, se cuela por intersticios y busca salida de socavones, tuberías y represas. Nada lo detiene. Cuando el hombre cree que va a su espalda, en la esquina próxima o tras el árbol se esfuma y lo deja cansado sobre el pavimento o en la cama. El tiempo es vaporoso gigante que anda más rápido que un gato con botas. Es un viejo gruñón que no guarda nada en la alacena y cuando pasa roe y rumia como ogro tacañón. No le sobra algo para dejarlo ni en la mano ni en el bolsillo del que lo mira que vuela con su carga de resuellos y años.
El pobre ser humano sólo es dueño del instante en que vive sobre el punto en que está parado. Sólo de él puede disponer. No vale que mire hacia atrás y llore pues la leche ya está bebida o derramada. Lo que no hizo ya quedó escrito en su historia y ya nadie lo borra. Y de lo que vendrá en el instante siguiente él no puede declararse dueño, ni siquiera pretendiente. En ese mismo instante que lo piensa podrá caerse muerto. Podrá dejar para después todo y nadie lo podrá acusar de perezoso. Será la más sana filosofía de la vida.
Después de todo lo dicho, ¿qué es un instante? Es un momento en el que ocurre un soplo, un terremoto, un “palo de agua” que arrasa un pueblo y se lleva carros. En un instante se crea un hijo, se idea un invento, se comete un crimen, estalla un polvorín o un petardo. Un instante es lo mismo que un abrir y cerrar de ojos. Cuántos no han quedado ricos con la vuelta de la rueda en la lotería o huérfanos en la venida a pique de un avión. Cuántos no han perdido su gran oportunidad por no haber llegado a tiempo con un papel, por gozar de un orgasmo in-oportuno en un motel. No podremos decir que un instante es poca cosa y despreciable.
Nos hemos habituado a medir las cosas por el tamaño. Un minuto, una hora, un día, un mes, un año, un siglo. Y no nos fijamos que tantos han quedado atrás y jamás pudieron agarrar el tiempo por montones. No se dieron cuenta del gran tesoro que es atenerse al instante que se tiene. Todo cabe en ese momento supremo. Una lagrimón, un abrazo, un apretón de manos, una canción de pajarillo, una picada de ojo y hasta robar, en un descuido, un beso. Eh, para qué más, el exceso es demasiado.
16-07-10 – 12:31 p.m.
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