LAS MÁS VIOLENTAS


Palmira, Cali y Pereira resultaron ser las tres ciudades más violentas de Colombia en la medición anual. Palmira es la séptima más violenta de América Latina y Cali la décima.
No sabemos cuál lugar ocuparán en el mundo, pero no debe ser muy diferente si se clasifican por aparte los países que están en guerra abierta de los que no han llegado a ese estado.
Lo de Palmira es una paradoja. Su alcalde anterior, el señor Ritter fue catalogado por sirios y troyanos el mejor alcalde del país. Pero dejó la ciudad más violenta. La confluencia de variables van desde que es un epicentro económico azucarero sin mucho desempleo, hasta que se ha convertido por su cercanía, en un barrio más de Cali.
En Cali, el mal es endémico. Han aplicado todas las tácticas. Han gastado la plata del mundo en estudios y teorías. Han militarizado zonas enteras. Han tenido toda clase de generales de la policía (hasta Naranjo estuvo) y no han podido con la violencia asesina y ahora se los está comiendo la inseguridad ladrona, atracadora y chantajista.
En Pereira solo hay una explicación. La laxitud que caracteriza esa ciudad se apoderó de todas sus estructuras. Dejaron crecer el problema porque los de la banda La Cordillera eran de estrato 6, porque allá todo se permite, todo se aguanta y todo evoluciona. Y como terminó siendo el refugio de los lavaperros narcos del norte del Valle, la oleada se los está tragando.
En Palmira y en Pereira les toca cortar por la sano antes de que se crezca la otra guerra. Las intervenciones deben llegar a tal extremo que presionen, como en Medellín, hasta los escabrosos pactos entre bandas para que no se maten. Ambas ciudades tienen alcaldes jóvenes y sensatos y no se pueden dejar ahogar. En Cali no hay ni lo uno ni lo otro y el alcalde va por un lado y la gobernadora por otro.
PUBLICADO EN ADN, BOGOTÁ, ENERO 28 2016



