MÁS GARROTE PA´L CAUCA


“Si la paz, como debe serlo, es un propósito de todos, entonces,
que se mire en este caso, para otro lado, y nos dejen reponernos
de este calamitoso estado en que nos han sumido por tantos años”.
El departamento del Cauca, ha sido el desafortunado escenario en el que se han librado las más cruentas batallas de la guerra que se vive en Colombia hace cincuenta años, por el que ha campeado la violencia indiscriminada proveniente de todos los frentes. Es como si todos los demonios juntos se hubieran escapado de la “Caja de Pandora”, con sus maléficos ardides, y derramado con saña, su meliflua pestilencia sobre el territorio y sus gentes. Quedaron muy atrás las épicas batallas contra la “metrópoli” española, y las de los partidos políticos de principios y mediados del siglo XX, en las que ésta región, aportó un alto grado de heroísmo con sus generales y tropas, pero cuya deuda histórica, hasta hoy, nunca fue saldada por parte del estado colombiano. La guerra de hoy es de la guerrilla y de los narcotraficantes (¡) contra el propio pueblo y sus recursos, por adueñarse del territorio, y por amontonar las fabulosas ganancias producto del mercado ilícito, al punto tal que se ha desdibujado por completo la identidad territorial y moral de sus gentes, si es que alguna vez la hubo. Para lo cual, la compleja topografía, además, ha propiciado los perversos propósitos de desmembramiento físico, que han convertido a la región en “tierra de nadie”, abonada a todos los propósitos criminales. Una clase política desprestigiada, indolente, absolutamente inferior a sus responsabilidades públicas, por otro lado, ha concurrido en alto grado, a ese grado de descomposición que hoy se vive, y a esa especie de letargo colectivo que se respira. En el Cauca han anidado todos los grupos guerrilleros, y qué alta la cuota de sangre, dolor y lágrimas que sus gentes han aportado, sin que nadie, desde el gobierno central-salvo retóricas referencias de ocasión-, se haya conmovido. La carencia de propuestas sólidas, antes por el contrario, ha sido caldo de cultivo para las más ridículas y extravagantes hipótesis, desde dividir geográficamente al departamento —de hecho así se encuentra–, hasta convertirlo en zona de concentración y desmovilización de los grupos guerrilleros en el post-conflicto (¡). Abusivo y descarado ofrecimiento, que la primera autoridad política del departamento, acaba de hacer, mottu-proprio-, como si fuera de su propiedad. Ya las gentes del Cauca han tributado con sangre, desolación y dolor, a ésta lucha fratricida. Si la paz, como debe serlo, es un propósito de todos, entonces que se mire, en este caso, para otro lado, y nos dejen, por fin, reponernos del calamitoso estado en que nos han sumido por tantos años, todos los que han tenido el destino de este territorio en sus manos, en forma impune, por lo demás, sin que nadie les haya pedido cuentas.



