SOBRE EL ECOCIDIO Y OTROS PECADOS


“La C.N. del 91 tomó partido definitivamente por la defensa de los recursos naturales y por la conservación de las áreas, recursos y riquezas de especial importancia ecológica, como nunca en el pasado había ocurrido”.
Ya el tema de la protección de los recursos naturales, las fuentes de agua, los árboles, los animales, etc, dejó de ser preocupación de algunos pequeños sectores, ONG, y personas de la academia, para convertirse en una categoría de corte constitucional, de muy amplio espectro.
La C.N. del 91 tomó partido definitivamente por la defensa de los recursos naturales y por la conservación de las áreas, recursos y riquezas de especial importancia ecológica, como nunca en el pasado había ocurrido.
Y el desarrollo de las normas constitucionales desde entonces, ha sido permanente y continuo, no solo a través de la jurisprudencia de las altas cortes, en especial de la Constitucional, sino también de la normatividad penal, especialmente.

Lo que antes estaba cobijado con un manto de indiferencia e impunidad, cuando se trataba de afrentas, ataques y destrucción de la Naturaleza, hoy el Código Penal, lo reprime con alguna severidad en nueve tipos penales que va desde el ilícito aprovechamiento de los recursos naturales, hasta la explotación ilícita de yacimiento minero, pasando por la contaminación ambiental y la caza ilegal.
Por lo que la sola tala de una especie protegida de un árbol o arbusto, puede acarrear severas sanciones de cárcel o de multas considerables, con mayor razón cuando la acción destructora provenga de personas o instituciones, precisamente encargadas de su defensa y mantenimiento, como acaba de ocurrir en Popayán, con la expoliación por parte de la Corporación Regional del Cauca (CRC) de Popayán, de los emblemáticos guayacanes (Guaiacum), patrimonio natural del paisaje de la ciudad, o de otras especies en diferentes lugares del país.
Ya estas acciones de los depredadores en contra de la fauna o flora, no quedarán en la impunidad, en la medida en que las gentes denuncien estos hechos, reprimidos por la actual normatividad.
Noble ejercicio constituyó, sin duda, el de las múltiples voces de protesta que se levantaron en contra de las repudiables acciones contra ese organismo vivo que constituye el planeta, hoy, reivindicado por las más destacadas voces de las iglesias, la academia y el mundo científico.



