LA REFORMA A LA LEY 30/92 DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR- I
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El reformismo lo inventaron los cismas religiosos. Nicea contra todos los herejes que salían con nuevos dogmas. Y después Lutero contra las indulgencias y el papa blanco de Roma. En el fondo lo que se perseguía era conseguir el control, el poder. No era superar las raíces que obstaculizaban los acuerdos sino fundar nuevas razones para arraigar el malestar.
El Estado se ha preocupado siempre por sobreaguar en sus previsiones económicas. Mantener su erario de tal manera que sus principales gastos queden a salvo. Mantener la guerra interna, a sus militares, sostener el tren con varias locomotoras del Congreso, del aparato de justicia y ajustar dos o tres veces al año los impuestos en uno y otro renglón. Como el burro, que no es tan tonto como parece, el Estado intenta zafarse la enjalma de su carga en cada recodo del camino.
Ahora le ha tocado el turno a la Educación Superior el forcejeo para no dejar que su relativa tranquilidad se vea perturbada por la anunciada “reforma”. El centro de la discusión está en que el gobierno quiere ahorrar dinero para otros gastos de más categoría y urgencia. Está mirando al sector privado de reojo para ver si le suena la flauta y suelta dineros para que haga negocio con la ciencia y la tecnología que salga del ingenio de estudiantes y profesores y de los laboratorios de universidades.
Como siempre, el gobierno tira la piedra para ver qué eco y resonancia encuentra en la opinión. Luego esconde la mano y cita a reunión para mostrar las cartas que no tiene preparadas. No hay a la vista empresarios que deseen entrar a esta ronda de negocios con la universidad colombiana.
¿Cuáles empresarios? Si Colombia se llenó de empresarios extranjeros. ¿Cuáles empresas hay en Colombia? Cerrejón para el carbón, la minería de oro y aluminio, Ecopetrol y Equión para el petróleo, el hierro y el acero en Paz de Río, Argos para el cemento, el enorme ciempiés de las cooperativas de trabajo, los pulpos de las EPS, Carvajal para cartón y papel, Propal, Avianca-Taca y Bavaria y algunas pequeñas industrias de textiles y zapatos. Ah… y la Banca y las miles de microempresas que nacerán de la ley del primer empleo. Y las empresas de papel que se declaran en quiebra y vuelven a nacer con otra razón todos los días para evadir impuestos y prestaciones.
¿Cuáles de estas empresas le habrán soplado al oído al gobierno que harán juego a tal propuesta de matrimonio entre industria-comercio y universidad? ¿Será la oferta de darle apoyo al capital privado, como en el cuento del empleo, para que luego apoyen a la universidad? Que sepamos, la Nacional, la del Valle, la de Antioquia, la Javeriana, los Andes, la UIS, la del Cauca, la del Norte, son las universidades que cultivan la investigación como instrumento de desarrollo social, económico y tecnológico. De resto las demás vegetan con sustitutos de diplomados y especializaciones para graduar a sus doctores. No se ven los resultados en ciudades ni regiones ni en solicitud de patentes.
Se pregunta uno, entonces, qué base real y efectiva tiene esta idea que tan férreamente defiende con los dientes la ministra María Fernanda Campo. ¿Qué antecedentes de este experimento en Colombia tiene esta propuesta? Como siempre, ¿la educación y la investigación son papas calientes que desea soltar el gobierno y trasladar su atención y sus dineros a otros sectores más atractivos?
¿Dónde están los PHD y los magísteres becados por Colombia y cuales son los indicadores de los estándares de mejoramiento de calidad en el desarrollo del país que ellos han proporcionado? ¿Qué áreas del conocimiento y de las necesidades del país tiene como meta favorecer el nuevo gobierno? ¿Qué proporción del PIB tiene destinada para este propósito la locomotora de ciencia y tecnología? ¿O, no hay esta locomotora en el tren de la gran Prosperidad?
03-04-11 – 10:56 a.m.
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