Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Martes:
Popayán 1 y 2
Cali 1 y 2
Martes, 6 de octubre de 2026

UNA MARIPOSA EN SAN VICTORINO

UNA MARIPOSA EN SAN VICTORINO - BOGOTÁ

UNA MARIPOSA EN SAN VICTORINO - BOGOTÁ

Cuenta Lucas Fernández Piedrahita que: “Bogotá ganó título de ciudad el 27 de julio de 1540”. Y en su artículo “Mi gente”, Alberto Lleras dice: “Quién sabe por qué razón todo lo nuestro estaba en 1915 del lado de San Victorino”. Y añade: “En la esquina de San Victorino con la Alameda, hedionda calle, llena de barro o de polvo, según la estación, estaba la tienda de Epaminondas. A esa parte de la ciudad -dice Lleras- llegó de niño a dominarla pronto, relatando como su familia volvió a Bogotá en el año 15, y él hacía con sus nueve años exploraciones por la Plaza de Bolívar, La Candelaria y el Palacio de San Carlos”.

Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Lleras se asomaba por los balcones situados sobre la carrera 6ª desde donde contemplaba las iglesias del sector. Atisbando desde ellos los personajes locales: “Forasteros, bobos, locos, cojos, cotudos, ciegos, esa inmensa población de tarados que ambulaban por las calles en trabajos activos y desconocidos. Una caravana de personajes” -dice el ex presidente locutor- que todos ellos: “trepaban con decisión la calle trece”.

“Se deslizaban hacia San Victorino con rapidez, como si fuera a llover. Los martes, casi al amanecer la callecita se poblaba de ruidos que era el anuncio de la llegada de los mendigos. Unos doscientos o trescientos. San Victorino era sitio de reunión de los miserables. Una gran asamblea de baldados, de mujeres con niños falsos, de ulcerados con llagas de ficción, de ciegos de mentira y de verdad, de leprosos, de tuberculosos, de hambrientos. Por la calle se extendía olor a mugre, a inmundicia impredecible, a pobreza, que no se iba sino después que se había lavado la calle por los vecinos, y se habían recogido todos por detritus de la reunión”.

Así reseña el periodista ex presidente Lleras Camargo, a quien la historia popular calificó como “Mister Lleras” lo que era San Victorino hace cien años. Este liberal, el primero nombrado por el Frente Nacional después de la tumbada en el 57 del general Rojas Pinilla por la oligarquía que lo puso en el 54.

San Victorino es un sector que comienza en la carrera 9ª y termina en la estación Jiménez del Transmilenio a quien el alcalde Peñalosa retornó a su estado de plazuela después de ser un abigarrado sitio de casetas, toldos para expender toda clase de mercancías.

Hoy el lugar continúa siendo un vasto territorio de comercio popular y donde también se encuentra la escultura donada por el escultor caucano Edgar Negret, representando una mariposa azul, reposando sobre la basura y desperdicios de toda clase y de los excrementos humanos y de las odiosas palomas que ya no son símbolo de nada. De bolsas de plástico, papel, cartones, cáscaras y frutas podridas y materiales de todo tipo, que son arrojados sin clemencia por las miles de personas que a diario se aglomeran en el lugar.

Son en su mayoría gentes venidas de otras regiones como consecuencia de los desplazamientos violentos engrosando las huestes de desempleados o insertas en toda clase de oficios informales.

La plazuela de San Victorino da en este momento, como si no hubiera pasado un siglo del relato de Lleras un aspecto de mugre y miseria como expresión de una ciudad capital de un país en guerra. En 1867 Miguel Samper muestra cómo era la aldea bogotana en sus artículos: “La miseria en Bogotá”. Ciudad que poco desde entonces ha mejorado su aseo.

Hoy la Alcaldía Distrital, situada a cinco cuadras de San Victorino debía “humanizar” la zona, comenzando por lavarla con los chorros de agua bomberiles, reponiendo las losas rotas de Peñalosa. Y volver a poner los ladrillos zafados que puso aquel alcalde donde se encharca el agua podrida de las lluvias. Debe pintar la desatendida “Mariposa” con sus colores originarios del artista popayanés.

Además se deben regular las ventas de los alimentos sin control no sea que llegue el Ébola, que ronda cerquita al campamento colombiano donde campea por todas partes la miseria. Tomar estas medidas antes que se ponga en marcha la primera línea anunciada del Metro que se dijo estaría en el 2003.

A la consigna petrista: “Bogotá Humana», que la debe continuar el alcalde que salga se debe complementar con la frase: “Por una ciudad aseada y limpia”.

Articulos relacionados