UN LIBRO POR NACER


¿Por qué desconocida fisura en el cerebro adquiere la fantasía visos de realidad?
Ruth Aguilar * es una psiquiatra afortunada y certera, maneja con entusiasmo y exactitud sus conocimientos, en su práctica profesional parece ser el bisturí de un maestro cirujano que sabe dónde cortar para no perder la conexión entre la vida y la muerte. Tiene ya dos libros publicados, ahora prepara una antología depurada de las hojas clínicas de sus pacientes, se adquiere la impresión de que lo paranormal no está ausente del acontecer cotidiano, lo hace con la paciencia de un ajedrecista y de excelente factura si consideramos que ella no es una literata profesional, esperemos que disponga su editor de un buen corrector de estilo. Estas vivencias deben permanecer, considero que son evidencia de que lo fantástico y lo real es tan cierto y enigmático como lo paranormal y la lejana estrella de Orión de los Shanga de Mali (Africa). Se me ocurre hablar de lo paranormal al recordar las experiencias de una famosa sanadora escocesa que sirve de enlace, mejor dicho de médium, entre ella y el mundo de los espíritus. **
Me parece que estos personajes de Ruth andan como locos sueltos en busca de Pirandello para salir de la imaginación y encontrar un sitio en el mundo real como si tal cosa fuera la panacea de todas las desdichas, la misma realidad dolorosa afrontada por Dickens con un poco más de fantasía para mitigar el escozor del arca de Pandora abierta en forma audaz e imprudente a causa de tanto desengaño del que tampoco fue inmune Virginia Woolf que se empeñó, con tan poca fortuna, en no darle mucho crédito a Oliver Twist, finalmente hubo de escapar por la puerta falsa de la comedia de Balzac. De pronto aparece Agatha Christie y todo se convierte en un juego de fantasía y habilidad mental de un detective belga.
Difícil, casi imposible, encontrar alguna respuesta al incongruente comportamiento del ser humano hecho a imagen y semejanza de los dioses con sus vicios, sus lacras y sus virtudes heredadas de quien sabe qué lejano congénere emparentado con alguna bestia pre bíblica que Enoc olvidó consignar en sus memorias. Tampoco Hércules Poirot lo sabe. Siempre ha sido casi inútil que la fantasía supere los escollos y los escombros que abandona el devenir del tiempo, ni en los cuentos infantiles se diluye el trauma, el sabor amargo que deja toda tentativa de olvidar ofensas y atropellos. No son tan dulces los caramelos cuando falta ese ingrediente maravilloso y divino que es el amor. Cuando se apaga el ultimo fosforo y queda vacía la caja volverá a encontrarse la niña expuesta a la intemperie, al desamparo y la desidia de quienes buscan su propia felicidad y beneficio a expensas de la tragedia humana que quieren desconocer alzando imprudentes los hombros ”!que me importa!” si bien mañana, tal vez a la vuelta de un día cualquiera, de un minuto, de un segundo, el ladrillo flojo de alguna edificación en obras caerá sin misericordia sobre sus cabezas. Nada en la vida es casual y Karl Jung tenía la teoría de las sincronizaciones.
¿Qué busca la señora ricachona mendigando en espacio público donde ya otros pordioseros tratan de encontrar la caridad? Quizá en la compañía de tanta tragedia no sea tan abrumadora la soledad de la indigencia por un poco de comprensión y amor. No debe ser la misma experiencia en un templo, dentro de los oficios religiosos, entre tanta gente detestable, engreída y mal oliente a perfumes caros si apesta ofensiva y discriminatoria la satisfacción de ser considerados los elegidos, los protegidos hijos de Dios. Afuera ha quedado la chusma que asiste al espectáculo de las honras fúnebres desde el portal por no ser compatibles con tan excelsos y honorables feligreses. Sin embargo, en el recinto sagrado, hay un hombre desnudo que cuelga de una cruz. Pero, ¿qué inclina al hombre próspero a tomar para si en el laberinto de su psiquis artículos que en el supermercado le eran inaccesibles siendo un niño pobre y desamparado? No se considera un cleptómano porque no lo es, tampoco se puede hacer burla del octogenario que ha tenido el privilegio divino de ganarse el afecto de una mujer joven para mitigar la soledad de su taller lleno ya de paisajes, desnudos y naturaleza muerta. La sociedad ha impuesto reglas que desconocen la existencia de los cuervos blancos, les parece graciosa la urraca que almacena todo lo que brilla así sean trajes, zapatos o corbatas, hasta muebles y apartamentos de lujo que luego se rematan a la búsqueda de otra experiencia y otra satisfacción de poder adquirir todo lo que les venga en gana.
Hablar mal del prójimo es un chascarrillo literario, puede entonces suceder que pase desapercibida una verdad adulterada o quede la nefanda semilla de un escándalo tan propicia en los gobernantes y políticos de turno. Nadie está libre de una caída ni de una fractura. Arrieros somos, dice el dicho, y en el camino se arreglan las cargas. Pero en algún recodo de la trocha se desmorona la carga acumulada de cosas inútiles, un trauma de infancia que invalida a las niñas y las inhibe para alcanzar la quinta esencia de su propio ser. La buena señora ama de casa cree, en su mundo distorsionado, que si hoy no cumple con sus obligaciones y las tareas impuestas dentro del orden social es, de todas maneras, dueña de un tiempo que quizá mañana le sea más pródigo, así se quede la abuela bailarina dormida frente a la pantalla de la televisión, la vida le supo llenar en vísperas de la vigilia su taza de chocolate caliente, a pesar de todo si considera que crecidos los hijos y difunto el marido está vacío el nido indefectible habrá un águila protectora que buscará en los enigmáticos senderos de su paradigma ese refugio que tuvo en el regazo de la madre cuando los sueños sujetos al delgado cordel de una cometa policroma estuvieron siempre al alcance de la mano.
¿Qué sucede con el afortunado y joven profesional cuya vida marcha a maravillas como un tren expreso, abriéndose paso a toda prisa por entre la niebla y las incertidumbres de un escenario social que se resquebraja a cada instante? No se puede evitar el surgimiento de profundas hendiduras entre el hambre y la abundancia de exóticas estrellas de brillantes banderas que en su mesianismo exigen víctimas propiciatorias. Los espejismos son frecuentes en el desierto, muy escasos los depósitos de agua que los beduinos defienden a muerte. Pierde los estribos en un momento de excitación y prematuros triunfos, entonces llegan los fatídicos estragos de la soledad y el abandono menos en aquel hijo consentido e idiota que se refugia en las orgías pornográficas de los ordenadores y en la fortuna del padre analfabestia que lo ampara. Es también un hijo de Dios. El miedo es, en algunos, una zanja profunda que no se puede salvar, hacer de tripas corazón dice el adagio pero a la larga, si no logra convertir el miedo en una coraza, será siempre vulnerable. La vida es una actuación permanente, un teatro itinerante en el cual hay que tener en forma oportuna a la mano una serie de mascaras y utilería que nos permita ser lo que queremos ser mientras imprudente no caiga en mala hora el telón.
* Ruth Aguilar: “Todo lo mío”, Edit, Códice, Bogotá 2013
“Cuentos cortos para vidas largas”, Edit. Códice, Bogotá 2014
** “El Águila y la Rosa”, Rosemary Altea, Círculo de lectores, 1996, Barcelona.



