¿Y QUÉ HACEMOS CON LOS MAMERTOS?


El sábado, por gentil invitación del lunático y bigotudo del Julio Garavito, me fui a tomar unos tragos a La Alambra, uno de los bares míticos de Popayán, donde después de cuatro aguardientes dobles con hierbabuena, medio ebrio y tal, llegué a sentirme como Hemingway en la Bodeguita del Medio, en la Habana, por allá en Cuba.
En La Alambra el aguardiente sabe a gloria, cuando se habla de mujeres las paredes susurran canciones de amor, y si el tema es el fútbol llegas a sentir la emoción como si estuvieras entre la gradería de un estadio. Pero la magia más grande ocurre cuando hablas de política. Además de ser uno de los mentideros más grandes de la ciudad donde se ventilan candidaturas y se inventan todo tipo de dimes y diretes, cualquiera termina metiendo la cucharada en lo que se dice en la mesa del vecino, como si estuviéramos en una cena familiar.
Como a eso de las once y pico de la noche, por un instante milagroso todos en el bar nos quedamos callados, incluso hasta Carlitos Gardel que sonaba con voz remasterizada en cedé, guardó silencio para dejarnos oír de una de las mesas del fondo, casi a la entrada del baño, a una universitaria de cabellos largos gritarle a sus cuatro compañeros de mesa “Entonces ¿qué hacemos con los mamertos?”
Y enseguida, todos en el sitio comenzamos a hablar de los mamertos. Unos a defenderlos, otros a explicar el concepto del término, otros a contar confidencias de contacto con ellos (como si se tratara de experiencias con dinosaurios), y no faltaron los que expresaron repulsión como si estuviéramos hablando de serpientes, arañas viudas o algo parecido.
Los mamertos son, dijo uno, individuos que teniendo ideas de izquierda por militancia en el partido comunista o similares, se le mamaron a continuar en la revolución y le sacaron el cuerpo a sus ideas y a su partido; y hoy doblegados y serviles, le trabajan al rico o están camuflados en la burocracia estatal.
–Esos son peligrosísimos, repostó alguien. –Se la pasan denigrando del Estado, quejándose de todo, pésimos trabajadores, desanimando a todos, malogrando todo, no colaboran con nada, llorones de oficio, que no proponen nada. –Charlatanes, le interrumpió una señora al borrachito pastuso que gritaba en vez de hablar.
-Qué va, hoy mamerto se le dice a cualquiera que escucha musiquita protesta, anda con mochila y fuma porro para posar, pero de protesta política social, salvo el anarquismo emocional del día, no tienen ni idea. –Dijo un profesor universitario.
-En México y Ecuador significa tarado, bobo, lerdo.-dijo una señora de senos y ojos grandes que acompañaba a un poeta con sombrero. – Y en la Argentina se le dice mamado o mamerto al borracho, dijo el poeta.
-Para mí, un mamerto, es un lento-.dijo una chica con guitarra en mano.
-Así se le dice a los que le ponen “un pero” a todo para no hacer nada, a los que le buscan pelos blancos a los gatos negros por llevar la contraria, por hacerse notar.-Dijo un gordito enano, albañil tal vez.
-Son seudo-izquierdosos que están en contra de todo, hasta de la propia izquierda. Inconformes de oficio que llaman, y son inmamables y desesperantes- Intentó explicar un funcionario de la rama judicial.
-Al que da lora barata se le llama mamón, y al que se cansa de algo se le dice que se le mamó a la situación. Entonces, mamerto se le dice a los izquierdos que se la mamaron a la revolución o la militancia de izquierda, pero andan quejándose todo, todo el tiempo- dijo el más borracho de los borrachos.
-Un mamerto es la cosa más jarta del mundo, no sirven para nada, no hacen nada pero joden por todo, critican todo, son problemáticos, cantaletosos, todo les parece malo, feo, grosero, criticable, demandable, entutelable… y lo peor, es que los hijuemadres se creen intelectuales o líderes políticos. No, no, no, que cosa más agria es un mamerto en el trabajo.- Dijo un tipo flaco, con corbata, tal vez empleado de la gobernación.
-La palabra mamerto es un insulto. Los marxistas leninistas nos insultaban con esa palabra a los del partido comunista.- Dijo un señor ñato con cara de abogado y mamerto pleno.
-Lo malo, es que los analfabetas políticos llaman mamerto a todos los que militan en cualquier partido de la izquierda, y eso no es así. –Dijo la universitaria que comenzó la tertulia con su pregunta ¿qué hacemos con los mamertos?
-Mamerto se le dice, a los izquierdistas que maman sueldos como burócratas del Estado, pero todo el tiempo hablan mal del mismo Estado, en una incoherencia risible- Dijo un estudiante de pelitos parados con gel de Amway.
Hoy me acuerdo de todo eso, y me da risa, mucha risa.



