UNA GATA POETISA
Gloria María Bustamante Morales en el Museo Rayo, Roldanillo
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
En el 27º Encuentro de Mujeres Poetas Colombianas de Roldanillo oí los ronroneos y maullidos de una gata de dientes blancos y risa deliciosa. De falda alta a la moda, blusa negra y bluyines pegados a las piernas. Y en sus manos de felpa tres cuartillas con sendos poemas escaldados por el fuego.
Gloria María Bustamante Morales es el nombre de esta especimen que nació de la Poesía nueva que llega cada año al Museo Rayo. Sonó un primer maullido y el Octágono del maestro Leopoldo Gout cesó su ritmo. La voz erguida de una gata madura resonó resuelta y clara en la sala repleta de poetisas, artistas, escritores, jóvenes y niños.
“Solo tengo ganas de gatuversar
¿Será que me volví una fiel, feliz, felina poeta?
¿O será que el tierno y grato gato maullido me distrae
del sonido de las balas?
¿Será que ma-úllo de trincheras y granadas, Será que mal-hago?
¿O mi gata es una enviada para aliviarme los días de noticias, de odios y palabras?”(1)
Gloria María avanzaba con frente decidida por entre los recovecos y por encima de las sillas, sus ojos fulguraban, su respiración era otro maullido y apenas si su boca cerraba para producir nuevos sonidos.
“Si esa doble mía, si ese eco abrazara mis ruinas.
Si el fuego que soy no consumiera también mis palabras,
si estas cenizas inspiraran mi retorno,
si esta leña de hojas ardiera mi silencio…
¿Seré yo la auténtica o será esa que se refleja afuera quien se llama como yo?”(2)
A veces elevaba su cola y su paso era más rápido, otras, deteníase y silenciaba su canto al cielo y parecía ensimismarse recogiendo en su interior el eco felino que le llegaba de quienes le oían. Las caras, los cuerpos miraban aquella gata que en momentos previos se había levantado de una silla de entre los dos centenares del Octágono.
La Gata contó sus sueños, sus ratos de ocio, por espacio de una hora entera, que pacieron 10 minutos. Su recital fue un concierto que oyeron la feluna, las nubes, los truenos. Y hasta los ratones se extasiaron en la boca de la cueva para observar y oír los arqueos y volutas de la felina poetisa en la penumbra.
“Si los gatos en la tierra no existieran
se irían a felinizar el cielo
Habría: ganubes, gatorrón, solfelino, feluna
y gatopuertos para que aterrizaran en el felicielo las gastrellas fugaces.
Existirían nubes con pelo y con bigotes
dormitando con los pies adentro
en la tarde tapándose del sol con sus patas en la cara
o acostadas bocarriba esperando la caricia de los vientos.”(3)
Qué de lenguaje con estrellas y bigotes, qué de palabras híbridas nacieron de ese corazón afelinizado llegado desde la montaña paisa. Su voz y su pelaje eran de gata pero su mano, su oleaje y su inspiración tenían la estirpe de las musas y las diosas del más puro Olimpo.
(1) De su poema: Solamente gatuversar
(2) De su poema: ¿Quién es esta que vive en mí y se llama como yo?
(3) De su poema: Felinizando el cielo
¿QUIÉN ES ESTA QUE VIVE EN MÍ Y SE LLAMA COMO YO?
“Mientras más poderosa la luz, más intensa la sombra”
Luisa Valenzuela
Si esa doble mía, si ese eco abrazara mis ruinas.
Si el fuego que soy no consumiera también mis palabras,
si estas cenizas inspiraran mi retorno,
si esta leña de hojas ardiera mi silencio…
¿Seré yo la auténtica o será esa que se refleja afuera quien se llama como yo?
la que se levanta y sonríe, la que se muestra nueva cada día
y si fuera yo sola, sin ella, la que envejezco,
la que lamento estar viva, la que llora sin consuelo…
La tanática
Tántrica
Tácita
Transida de vidas que no son mías
Tan ida
Tan venida
Tan diluida en un traje de mendigo
En un luto
Que sueña-vela
Que espera-vela
Que duerme-vela
Que vive en vela de que suceda
Otro latido, un llanto que contradiga la necrofilia.
Yo y ella, mujer blanca y negra, dormida pero en vela, corriendo y quieta, lumbre y sombra. Yo mujer pública pero sola, acompañante y ermitaña, curandera y también herida, racional pero bruja, desesperanzada y hechicera… Poetiza emproblemada con el poema que huye… poema que calla… poema que canta adentro como sonata sin verso, como marcha fúnebre, como arrullo quieto, como vacío sostenido en lágrima de recuerdo.
Yo diluida en libros, en informes, arrancada del verso primigenio, llevada a cabo corrientemente a la oficina de los sueños, que oficia y oficializa el oficio de amar a otros y a otras… Yo cobrando el sueldo del horror, el pago porque duela menos, o porque se nos note menos la bestialidad que somos cuando arrojamos a los buitres niños con hambre, para que coman migajas de arcoiris en un charco de aceite como esperanza de confite amargo, de sueño sin sueño, de cobijo sin cobija.
Yo una extraña que se acerca sin cerrar los ojos, costumbre de luz, costumbre de sombra… muda como ojo que se tapa la boca. Un otro modo de ser sin-siendo… otro modo de ser que no se dice, que se desdice en sí que ya no es nada más que nada.
Si fuera ella, mi sombra, la verdadera María, la que se aferra a la vida,
la que se acuesta contigo y ama la poesía,
la llena de palabras, la nutrida, la creativa…
Si fuera ella lo que quiero ser, lo que no puedo…
un exceso poco estético de alegría, una esperanza ingenua,
un pedazo de tiza gastada de colegio,
una maseta de flor que mira al suelo,
una sonrisa de niño mueco,
un destornillador sin punta,
un huso viejo, un pedazo de hilo suelto,
una insignificancia que significa duelo,
un contentillo en beso, un sombrero de alfiler,
un estuche sin dueño, un tranvía que se aleja contigo adentro,
un carro tuerto, una pila oxidada, una mesa amputada, un cartón humedecido,
un pelo de gato desubicado en mi boca buscando a sus compañeros…
No, yo soy esta que respira
que no se cansa de correr por la mejilla
Una precipitación al fondo
Una línea desmayada en arco ente tus ojos
Una invención de chistes bobos,
Una fábrica de cosquillas
La voz de una gata enferma
El eco de una amiga perdida
Un instante de luz
Una curandera por intuición
Un pantano que busca al río
Una vergüenza de tanto cielo
Una pregunta que me vigila
Un ojo en cuchillo que me amenaza
Un eco que tiene estribos
pero también una soberbia que tiene alas
Una ternura de monstruo a media noche
y de pulpo por la mañana.
También soy María la que mira y ve
la que va por el aire, la que poco reflexiona, la que vive naturalmente
Gloria no me representa, soy yo la que la vivo y muero cuando quiera
Ella busca la imagen fuera
hace poemas para que la vean
Por eso la silencio
para que no se pierda
para que vuelva a mí,
es decir a ella.
Le tengo compasión
cuando la veo repetirse
y llora el círculo que es, que somos.
Yo no me aflijo por ello
Sé que todo es conocido
y que lo hacemos nuevo
De trasegarlo sin detenernos.
Quiero no ser Gloria
No pensar todo el tiempo,
Vivir como mi gata
Pisar lento,
Hacer del mundo un juego
Ensoñar 8 veces al día
y dormir el resto.
Escribir desde lo imposible de la existencia
despojada de mí
ir siendo una unidad de fragmentos
estar yendo a ninguna parte,
lejos de los pensamientos
Quieta en el reposo natural de aquello que me suspira
condición única de los ojos.
Recuperar la inutilidad de la nada
Ser ahí en el vacío
Una otredad que no se piensa
Que solo vive
Pasar solo pasar
Una no conciencia
Una levitación
Que no se diga,
Que se huela,
Que se palpe
Condición virginal de la nada
que lo es todo.
Pasar de ser una sombra
a ser un asombro
Ir sin tristezas, ni alegrías
como quien viaja adentro
buscando nada
– sentido y paisaje del viaje-
Un viaje al que no le interesa partir, ni llegar
Irse de sí, dejarse caer, SER SIN SIENDO.
Gloria María Bustamante Morales
26-07-11 – 10:24 a.m.
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