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Lunes, 12 de octubre de 2026

El regreso de María del Pilar Hurtado

Maria del Pilar Hurtado
German Pabón
German Pabón Gómez El Portal de Shamballa Enero de 2015

Ahora, cuando asistimos a la entrega de la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, quien se entregó de manera voluntaria y regresó a Colombia en una avioneta de la Policía Nacional, se abre espacio para preguntar: ¿Qué tanto se logra con huir de la justicia? ¿Acaso queda algo fructífero después de eludir a la verdad material y jurídica?

Maria del Pilar Hurtado
María del Pilar Hurtado. Foto www.semana.com

Como ensayo de respuesta, y partiendo de reconocer que cada quien hace uso de su libre albedrío, de asumir con dignidad sus compromisos ante la justicia, o alzar las velas hacia el océano de la huida y ejercer la cobardía a su manera, se torna dable considerar que el exilio forzado, en esas condiciones, es el camino menos indicado para afrontar el debido o indebido proceso, incluidas sus tortuosidades.

Los funcionarios públicos deben aprehender que por la circunstancia de haber sido investidos como servidores del Estado, les corresponde responder por sus acciones y omisiones, sean éstas dolosas, culposas o como resultado de obediencia a órdenes superiores, y que ante el evento de hallarse ante situaciones de oscuridad que comprometen sus deberes funcionales con el derecho disciplinario o con el código penal, lo menos que deben concebir, es el camino de la huida y la deshonra.

A María del Pilar Hurtado la convencieron, no sabemos con cuáles anti-lógicas, en sentido que antes que buscada por la justicia, era una “perseguida política” por parte del gobierno, al igual que por la Fiscalía de turno.

Y en ese horizonte, en absoluto anti-jurídico y equivocado, se lanzaron de manera afanosa a buscar a su favor el asilo político, y lograron que el gobierno de Panamá, en diciembre de 2010, le concediera el asilo territorial, el cual cuatro años después fue revocado y, se negó su solicitud de permanecer en ese país en calidad de refugiada.

A los adalides de la teoría de la “persecución política” se les olvidó, por completo, que María del Pilar Hurtado se hallaba procesada por interceptar comunicaciones de periodistas, políticos de oposición, y magistrados de altas cortes durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), y también desdeñaron que ella debía responder ante los jueces por los presuntos delitos de peculado por apropiación, falsedad ideológica en documento público, abuso de función pública y concierto para delinquir.

Retomando las preguntas iniciales: ¿Qué tanto se logra con huir de la justicia? ¿Acaso queda algo fructífero, después de eludir a la verdad material y jurídica?

Como segunda respuesta aproximada, nos atrevemos a afirmar que de esa huida no resulta nada provechoso, y que tan sólo se deriva la condena social contra esa escapatoria deshonrosa, urdida por la desesperación de sus amigos, a quienes de pronto convertirá en enemigos, y les pasará la cuenta de cobro por haberla asesorado de manera tan perversa.

En efecto, asesores y asesorada perdieron la razón por miedo a la justicia y la embarcaron hacia el exilio en un océano de ofuscamientos. Es claro que de esa huida vergonzosa no le quedan alternativas jurídicas, pues atrás quedaron relegadas las posibilidades de lograr un pre-acuerdo o un principio de oportunidad parcial o total.

Sin dificultad se advierte que a María del Pilar Hurtado, la sofocó el miedo a las velas del código penal que se le acercaban, y sus compañeros de travesía en las chuzadas, la fletaron en una canoa hacia lo perplejo, para que se salvara en el exilio, de la prisión, a golpes de remo, pero no lograron evitar que la justicia cumpliera su cometido, pues los años a la deriva transcurrieron, y ahora la observarán cuando descienda de las escaleras del avión, camino a la celda que la espera, presta a dar rienda suelta a sus lamentaciones, y hasta de pronto confesiones.

Quienes se lancen al camino del exilio para eludir sus compromisos con la justicia colombiana, deben recordar que esas chalupas sin brújula, algún día los podrán traer repatriados, y que quizás regresarán con más heridas de las que padecían aquél día cuando huyeron, y deben recordar que al regresar ni siquiera lograrán que sus otrora amigos los miren de frente, porque quizás no tendrán el valor de reconocer que un día fatídico los convencieron para que recorrieran el camino de la deshonra.

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