Derrotando paradigmas…

Uno de los paradigmas que hay que derrotar es creer que la «revolución» la pueden hacer un grupo de personas para «entregársela» al pueblo o la sociedad.
Se ha confundido la Revolución con el acto (insurgente o electoral) de desalojar del poder político a una persona, casta o clase dominante (rey, nobleza, oligarquía, burguesía, etc.), pero ese acto sólo podría ser el inicio de un verdadero cambio en la forma de pensar y de vivir de un pueblo o una Nación.
Sólo si ese «acto político» sirve para desencadenar las energías espirituales del pueblo y de la sociedad para apersonarse de su situación y trabajar en forma organizada y consciente para cambiar sus condiciones de existencia y desarrollar los aspectos «progresistas» de su cultura, se podría hablar de verdadera Revolución.
Si ese «acto político» sólo sirve para que una «nueva» persona (caudillo), una casta o grupo (partido, burocracia, clientela) se apropie del poder político y del Estado – así utilice una «retórica revolucionaria» -, no pasará nada. La Revolución habrá fracasado y sólo el tiempo mostrará la verdadera realidad.
No hay que olvidar la frase fundacional de la I Internacional: «La emancipación de los trabajadores es obra de los trabajadores mismos».
Las revoluciones del siglo XX (rusa, china, vietnamita, cubana, etc.) fracasaron porque olvidaron esa verdad elemental, y no tuvieron en cuenta que para «desencadenar las energías espirituales del pueblo y la sociedad» se requiere – ante todo – construir Democracia en Libertad.
NOTA: Para hacer la Paz las FARC deberían entender que la mayoría de nuestro pueblo no les ha pedido «hacernos la revolución». Ya es hora de que nos dejen intentar a nosotros, con nuestras ideas, voluntades y métodos.