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Jueves, 1 de octubre de 2026

Esta ciudad anclada

Esta ciudad está anclada - Cauca
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Diógenes Díaz Carabalí

Yo vivo en una ciudad anclada en el pasado, con ribetes medievales donde adoran a su fundador, un iconoclasta aventurero, un promiscuo “Come-india”, le llamaban sus compañeros, que mantiene el látigo tendido, montado sobre un caballo árabe que nunca conoció porque los caballos que trajeron los españoles eran jumentos de carga. Está representado en una estatua vergüenza, un fraude de metal que los naturales dejan parada como saña de su exterminio.

Aquí hasta los poetas son viejos. Como cura inquisidor, un poeta, resuma prosaicos versos de palabrerío con insignificancia para decir que son barrocos, apodo de la incapacidad y el tedio, cumbre interruptora de las visiones, porque la ciudad reposa en un paisaje escondido en los años. Oculto bajo cielorrasos desvencijados, entre trasnochados muebles de resina y felpa bruñida, hábitat de los octogenarios que vienen a cantar conversaciones impúdicas, caga como un pájaro de mal agüero.

Esta ciudad no tiene cara ni tiene sello, avanza estacionada en el tiempo. Con las ventanas apagadas y las puertas repletas de gárgolas asusta, sus noches son silbidos de ánimas en pena, dejan los cuerpos abandonados en la miseria de un cementerio quincuagenario, por eso me atrevo a decir que no soy de aquí, que vivo en otra parte, que mi cédula tiene otro origen, que el universo se equivocó de destino. ¡Hace tanto que no cruza un cometa por sus aires!

Esta es una ciudad donde abundan los credos. Aquí la inapetencia tiene una embajada, sus brujas no aciertan con sus profecías, pero los enardecidos aquelarres gritan insulsos que la Piraquive es la elegida de Dios y el temor del diablo. Esta ciudad está salpicada por la miseria, los locos y las putas fungen de héroes en las esquinas carcomidas por el tiempo, sus calles son lechos de ríos prehistóricos, los limosneros parecen un leprosorio asqueroso que impide el paso con el roce de las manos untadas de alquitrán. Esta ciudad es un hastío de basura, de mierda de perros sarnosos, de gatos con el lomo carcomido por las ratas. Hay tantas lesbianas por la impotencia de los hombres, hay tanto marica porque las mujeres sufren de frivolidad. Esta ciudad conspira contra la buena fe y, nadie cree en sus santos colgados del cuello en nichos disfrazados de colonialismo.

Sé que me van a maldecir. En acto público me van a excomulgar. Imaginan fidelidad sin condiciones para los vicios que esconde, porque piensan que debemos comulgar con la desidia. Esta ciudad sin futuro acumula oxido en sus bases y sobre la podredumbre se sostiene. Como guacharacas las nereidas engañosas pasan el tiempo en total asueto sentadas sobre los aleros de las casas, interrumpen el miedo, deniegan el horizonte, aletean las sábanas repletas de semen. Es la catástrofe de esta ciudad que vaga en la desdicha.

Aquí los políticos se acuestan con las ninfas, degeneran el cuerpo, amargan los aguardientes mañaneros que toman para combatir sus parásitos. Aquí, el alcalde, esconde su incapacidad con condecoraciones fatuas, por ejemplo con la medalla del honor al mérito otorgada por las Fuerzas Armadas, los ladrones de barrio son su séquito. Qué pena esta ciudad de tantos calendarios esculpidos en sus paredes derruidas, donde la indiferencia es una bala que reposa en el pecho, como la ignorancia de la frugalidad podrida de que está impregnada su atmósfera. Esta ciudad está sitiada, y no tiene fuerzas de defensa; pronto va a caer en manos de un montón de idiotas.

Nota: si encuentras un parecido, es tamaña coincidencia.

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