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Martes, 6 de octubre de 2026

Palestina, historia y resistencia

Gaza - Palestina
Gaza - Palestina
Por: Jorge Muñoz Fernández – [email protected]

Palestina es una nación árabe con una extensión de 27.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente la misma del departamento del Cauca, con 29.308 kilómetros cuadrados.

Su población bordea los dos millones y medio en Cisjordania y millón y medio en la Franja de Gaza. Tierra de sabios, dioses, profetas, apóstoles, perseguidos por el imperio romano. Jesús nació, vivió, fue crucificado y resucitó en Palestina, donde tuvo asiento el monoteísmo religioso judío, cristiano y musulmán.

Se esquiva afirmar que Herodes fue hebrero (judío) y no palestino, el mismo que hizo ejecutar a miles de niños palestinos para asesinar al enviado de Dios. Como hoy, los niños palestinos son víctimas propiciatorias de los ataques israelíes.

Palestina entró en la historia a partir del 4000 antes de Cristo, tiempos en que existían urbes como Jericó, de remembranza bíblica.

Los más claros testimonios de su existencia milenaria se encuentran en la obra del arqueólogo Parker (1995), en las que registra prácticas agrícolas, (trigo, uvas y el olivo). Eran cultivos correspondientes a la edad de bronce palestina.

Al ser cooptados por los semitas árabes, que encontraron una civilización desarrollada, la fusión civilizatoria devino en lo que bíblicamente se conoce con el nombre de la Tierra de Canaán Palestina.

Difícil entender su historia sin abordar la cultura religiosa cananea, cuyos moradores poblaron la región en un lapso comprendido entre 2500 y 1000 antes de Cristo, con idioma propio, artes y tradiciones endógenas. Es durante la civilización cananea, que se prolonga durante el segundo milenio antes de Cristo, que aparece el nombre de Palestina.

La pretensión de los judíos, israelitas, de reclamar la tierra palestina como suya tiene más justificaciones políticas que históricas, pues encontramos que los cananeos impusieron su dios civilizatorio a las tribus (sistema tribal propio de los árabes, que arribaron a su territorio y que aún hoy subsiste).

Hemos echado un riguroso vistazo al Antiguo Testamento y hallamos que desde la llegada de Abraham a la Tierra de Canaán los israelitas no tienen opción distinta que la de acogerse a sus dioses y reyes. Es la dialéctica del dominante y el dominado; el colonialismo cultural en una de sus múltiples formas históricas.

No fue la lengua hebrea (israelita) la predominante, la cultura y el comercio se desarrollaron mediante la lengua cananea, en tanto que múltiples migraciones tribales rompieron la unidad religiosa; con lo cual el idioma cananeo palestino se constituyó en dominante, mientras el hebreo (israelí) y el fenicio fueron ramificaciones lingüísticas de la lengua original.

La pretensión de Israel de desconocer las raíces históricas de Palestina, es desconocer que la era bíblica del pueblo palestino comienza con la salida de Abraham a Mesopotamia, en 1805 antes de Cristo, como reza la Biblia:

“Abraham salió de Harán tal como el Señor se lo había ordenado. Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar”. (Génesis, 12).

En los textos bíblicos encontramos las vicisitudes que afrontaron los israelitas a raíz de su presencia en Egipto, donde fueron dominados y humillados por los faraones, vencidos en las guerras y sometidos a la “destrucción del reino de Israel”.

Y aunque la Biblia adjudica la destrucción de Israel a motivaciones morales, la caída de las civilizaciones y de los Estados no es atribuible a creencias religiosas sino que su desplome ocurre por la existencia de condiciones históricas y sociales que la estimulan o provocan.

Lo insólito del fundamentalismo religioso israelí se basa en que los israelíes, sin pruebas verosímiles, sostienen que Dios le otorgó la Tierra de Canaán a Abraham, justificación que ha servido para agredir a Palestina en su afán de cumplir con los designios divinos. Gaza es, entonces, para los cruzados judíos, parte de la Tierra Prometida, tras de la cual van pertrechados con las armas más sofisticadas de la tecnología militar contemporánea y, según su discurso legitimador, con la bendición de Dios.

Y si en el pasado un dios todopoderoso unía a los israelitas, hoy los judíos son simples adoradores del dinero y nada hay más sagrado para sus corporaciones que el gran capital y el mercado, en cuyo nombre ejecutan los crímenes más horribles del Siglo XXI. Hasta pronto.

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