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Jueves, 5 de noviembre de 2026

ANCIANOS Y SIN HUELLAS

Las dificultades con las huellas digitales afectan a adultos mayores al realizar trámites bancarios y notariales. Una columna cuestiona las barreras tecnológicas y la vigencia de los certificados de la Registraduría....
Adulto mayor utilizando un telefono celular con el dedo indice
Imagen por: https://chatgpt.com/

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Yo creía que los ancianos estábamos condenados a inventarnos los trucos de la experiencia para ir avanzando en la era digital. El mejor ejemplo fue la manera como muchos de mis congéneres evadieron la habilidad heredada de los chimpancés de marcar el teclado de los celulares, no con el dedo pulgar, como lo hacen todos los menores de 50 años, y se quedaron hundiendo las teclas con el dedo índice.

Otros vejetes como yo, que insisten con igual terquedad a la mía en hacer mensualmente la planilla Pila de los empleados, se han estrellado por estos días con la inveterada manía de los programadores de Asopagos de estar cambiando cada mes la presentación de su página de ingreso, porque en alguna parte les dijeron que la rutina no puede ser contagiosa entre los usuarios porque se les acaba el oficio de programar.

Pero con lo que no solamente los octogenarios como yo, sino también los que sufrieron el covid y salieron vivos del trance, y han perdido las huellas digitales, el asunto reparte responsabilidades.

En las notarías y oficinas públicas, y en casi todas las agonizantes oficinas bancarias y, por supuesto, en los celulares, no parece que pudieran conseguir aparatos lectores de huellas dactilares para que ancianos y excovid no nos veamos a gatas a la hora de firmar una escritura, o autenticar una firma, o realizar una gestión bancaria.

En algunas partes exigen certificado de médico dermatólogo para subsanar la falta de huellas. En la Registraduría le certifican que no tiene huellas, luego de ir hacer la cola y etc., etc., pero el documento que expiden solo tiene validez de un mes.

En otras palabras, por donde los ancianos querramos asomarnos, la tenemos perdida. Quizás el Registrador Penagos entre en razón y, acordándose de su abuelita, la de Samaná, extienda la validez del certificado hasta el dia que nos muramos con la misma cédula vieja, porque la nueva no lee las huellas de los vejestorios.

Crónica 1469 de Gardeazábal https://youtu.be/0SBk1fgTs_M

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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