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Jueves, 22 de octubre de 2026

AMBIVALENCIAS

Ante los desafíos, no podemos quedar al margen. Todo lo que acontezca para transformar depende de cada uno de nosotros....

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Hombre reflexiona frente a un paisaje andino ilustración sobre las contradicciones humanas
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MARIANO SIERRA
MARIANO SIERRA

Ante los desafíos, no podemos quedar al margen. Todo lo que acontezca para transformar depende de cada uno de nosotros. La misión es conocer e interpretar el mundo a través del conocimiento histórico. Superar la ignorancia y las contradicciones es un imperativo humano que nos lleva a predecir juicios opuestos.

De la conducta humana. Un trasegar por los caminos del sentido común y la conciencia social. Superar las necesidades es fuente de libertad, es dignificar las convicciones, defendiendo el disfrute de la vida, respondiéndole al mundo como queremos vivir el futuro, mediante compromisos ciudadanos con una devastadora critica que hace revivir sueños en el marco de una compleja realidad que desclasifican toda opinión, donde braman impulsos fortuitos contra la naturaleza, sostén de la vida.

Hablemos sobre el llamado de la tierra y el que hacer por un planeta herido de muerte, desde donde brota la hierba verde. La tierra fértil y el agua cristalina que corre por los ríos putrefactos y una brisa nauseabunda, que cruzan hacia el devenir de una tierra árida sin vida, azotada por un polvo cósmico, ante el transitar de los pueblos que con su clamor completa la ira social, que rebelde trae el gemir de la naturaleza muerta, asesinada por el hombre con su cruel felonía, al son del deleite de un festín genocida que la lucidez de una cosmosintes doblegara sus compulsiones míticas.

Dado que la interpretación del mundo se interconecta a través de la cultura, de la historia, de la filosofía y del hombre mismo en medio de sus dificultades, encuentra su origen en la condición humana, donde las acciones, los sentimientos y la lucha soportan la resistencia y todos los condicionamientos para el sentido de vivir, dentro de una sociedad que, ante el silencio de la muerte y los ruidos de unas guerras, se siente impotente según vivamos, actuemos y amemos, siendo perceptibles de la realidad, en medio del miedo a la libertad anímica de la revolución humanista que le dará cuentas.

Señalemos que voluntad, fuerza y poder deciden para que cada uno, haciendo entendimiento ambivalente tras las huellas de nuestro pasado que ha venido disponiendo sus esperanzas en un viaje de liberación, se convierte en patrimonio humano. El mundo atraviesa por circunstancias de reparto, muchas de ellas opuestas, donde circundan dudas, donde surgen temas que cuestionan los comportamientos humanos, o sea, aquellas conductas contra las cuales nos enfrentamos, que se convierten en las formas clásicas de vivir de los pueblos marginados, que buscan rescatar su emancipación, sorteando fetichismos derechistas vía al trascender.

Hoy es clave manejar los hechos bajo formas donde estemos lejos de los ruidos fatídicos, no solo de las guerras, sino del personal estado que lo hace más relevante, destacando lo cohersivo, provisto de valores y coherencias. Nuestra sociedad se encuentra bajo principios humanos. Percibiendo las vivencias dentro de una estela de caos que consume por falta de amor. Iguales y desiguales nos declaramos bajo conceptos de supervivencia, sin una ruta, sin poder reencontrarnos con sentido existencial, sino bajo condiciones imperfectas de soledad, entre tensiones que provocan una lid para jugarnos el destino en un juego de tronos llenos de vacíos.

La rivalidad humana nos distancia. Nunca el mundo ha vivido en paz. El ruido de la barbarie ha estropeado la escucha humana, creando una sordera social, desbordando la tranquilidad, convirtiendo el mundo, aun desde el gran cosmos, en organizaciones de recargados. Un nuevo orden exige un patrón socio político justo, con un manifiesto nuevo para un nuevo hombre, aboliendo la ineficiencia, el desorden institucional, el caos Económico. La política no puede perder la razón de ser, como tampoco que se impida el rasgo constitucional y democrático y la voluntad del pueblo.

Ruido cruel alborota el ambiente social y político, pero que hace ganar a muchos un mundo de dinero codicioso. El mundo del ruido hostiga; lo generan los medios, los opinadores, las estadísticas, las noticias falsas, los comentarios fuera de borda, la información temeraria, las palabras que trastornan el enjambre del lenguaje y su sentido, la exageración oral y escrita de los medios que deforman la convivencia, los juicios llenos de impunidad cargados de falsas pruebas. Todos estos impactos son violencia que cruzan las sendas de un mundo lleno de emociones y discursos que se alzan para evadir del orbe las realidades al son de Baco y sus placeres, al son de la corrupción y los dictámenes llenos de acusaciones, Olvidando el sentido gobernanza.

Cada impacto se desplaza en su espacio y tiempo, con su silencio y su ruido, para aislarnos en recónditos momentos, mientras el ruido de las balas cruza los espacios, llevando el terror y la muerte. Estas amalgamas de divisiones humanas elevan la infelicidad de los pueblos, haciendo indigno el bienestar, creando desconfianza entre lo legal y las desigualdades, como dándole a la condición humana un rasgo espiritual de vivir, que no es otra cosa que compartir para sobrevivir, en una tierra de promisión fecundada con las ilusiones de una esperanza en vilo, con miedo a la libertad.

Para interpretarnos como amantes de la vida, nos confabulamos con deliberación que exige hablar, dialogar para entendernos como debe ser, sin codicia, evocando tal vez una praxis sin radicalismos, potenciando ambivalencias muy opuestas a toda justicia. Sin conexión social. Un mundo incesante perpetua para el hombre una vida llena de dificultades, de esfuerzos muchas veces sin sentido, asemejándose a Sísifo de Camus. Los resultados atienden a absurdos, esto es, que sus luchas son inanes, sin valor. Entonces, ¿Que hacer? ¿Recurrir a la filosofía, quien siempre está dispuesta a responder con la propiedad que ella asume con todo su valor, ella que es faro en el día y la noche?

En este caso, Nietzsche nos sale al paso señalando que un filósofo siempre responde a hacerlo, predicando con el ejemplo. Quere decir que para pronunciarse en un que hacer de la vida, es vivirla. ¿Y a que costos?, se dirá… Como Sísifo… Vivir la filosofía del absurdo con pensamientos provocados cercanos al mundo en dialogo directo.

El poder como tal es una ilusión humana. Cuando el hombre se potencia, divaga en búsqueda de poder, endiosando su conciencia, apartándose de cualquier deidad, presentando un exabrupto humano ante la realidad que puede desencadenar en violencia, que se disfraza con signos terrenales que la semiótica estudia, calificando al hombre como un mortal vencido, perdiendo su coherencia y cualquier antología del ser, pues Dios no ha muerto, se humanizo entre nosotros para legarnos su amor.

El poder político, dentro de nuestra cultura y naturaleza humana, predica una evolución corrupta con otros roles espurios, desempeñando una formación y una conducción ideológica lejos de las realidades, con una perfilación ausente de confianza y honestidad que obnubila el ambiente, amén de un lenguaje prototipo de los paradigmas de la conciencia política, diciente para declarar la falta de principios, donde patrones tramóyanos definen la escaza dimensión sapiencial.

El conocimiento expone su valor con la diáfana claridad, como también su poder, al clamor de Nietzsche, cuyos Lustros de la historia referencian al periodo de la ilustración como un reflejo histórico sapiencial. Aparecen entonces la libertad y el pensamiento como paladines contra las desigualdades, contra toda violación de derechos, en dilemas donde la ilustración con fe y razón ejercen su sentir de cambio sobre el sujeto humano.

La vida como dilema presenta unas patologías que discurren en los ambientes sociales y políticos normales de un mundo para el mundo, esto es, la tierra para el hombre, para su convivencia, pero despojada de tantas vicisitudes, de tantos atavíos que nos llevan a reflexionar sobre la integración del trabajo productor de sentires de felicidad, acuñados con un espíritu refrendatario hacia la emancipación de las enfermedades sociales acaecidas por el desorden, la codicia capitalista y el poder dominante que ahoga voluntades y esperanzas de los pueblos con justicia social.

El problema del mundo es del ser humano cuando convierte sus ideologías en una cultura de odio y, por ende, se aparta de las realidades, buscando para ello artificios, escapes, contradicciones, engaños, mentiras, desacuerdos. La vida le plantea al hombre circunstancias que lo van conduciendo a interponerse a su mismo prójimo, siendo el hombre existencial quien busca el sentido común, esto es, asumir una relación con la filosofía que lo lleve a buscar sentido en un viaje hacia el arcano del amor.

Siempre vivimos la vida entre signos, espacios y tiempos. Cada uno nos deja un saber y una razón. Estos elementos se mueven por el mundo pasando desapercibidos, pero en sí mismos tienen valores espirituales y materiales con un sentido que nos une, desde todos los tiempos. Nos corresponde como seres vivir la vida entre poderes, valores y voluntades, donde demos sentido a las palabras, a los mensajes y al encuentro con el prójimo. Paz y solidaridad aparecen en el sentir de la palabra como garantía salvadora… «La paz este con vosotros…». Detrás de la palabra está el compromiso, que no es otra cosa que ese mensaje signo de eternidad, el amor de la esencia vitalista.

El amor habita en tantos lugares, visibles e invisibles, en la imaginación consciente como signo de inspiración a donde se llega en retorno buscando el equilibrio interno en un mundo de ideales ubicados en el ayer, en el presente o en pasado, perdido o abandonado, pero siempre está para todos, sin ambivalencia alguna, solo con la voluntad finita de querer en el ser y el tener sin codicia y sin hegemonía de poder.

El retorno de cristo al mundo, en el silencio de una muerte injusta, es una manifestación que para muchos fue decantar una noticia falsa. Se expresaba así el sentir de una democracia cumplida sobre la base de un compromiso sin excusas. Fácil es hoy politiquear desde un emblemático lugar, donde se traiciona al pueblo, donde se desconocen las necesidades humanas, donde la verborrea mancilla la democracia y el compromiso adquirido se vuelve un ir y venir de mentiras, donde la verdad desconoce el valor de la vida y la historia se viste de togado impune el día del juicio. Y en ese más allá no existe una defensa de ninguna ideología. Solo se oirá el Mea Culpa, el Mea culpa.

Quiero resaltar un referente de alguien que me envió estas palabras: «He vivido la transformación de niveles de vida observando tan vertiginoso el asunto, que la sociedad se encuentra en el mismo nivel de los humanoides y no capta sus objetivos vivenciales llegando al caos, para llegar al exterminio…».

El tiempo afina sus pasos entre el pasado, el presente y el devenir, cerrando brechas para el cambio, bajo tendencias, y cuando el tiempo llega define situaciones o crea debates y diálogos forjando adversidades. Estamos viviendo entre la incierta libertad y la supina esclavitud, guardando al paso las memorias con el recelo propio de las erosiones que moldean el ambiente social, explorando esperanzas en agendas que demandan respuestas del ilegitimo que son letra muerta de una inexistencia.

Sendas miradas convergen ante la palestra publica de quienes moldean el clima político, interpretando dudosos cambios que con avidez esconden a la comunidad, alejando todo debate que subvierte las exaltadas exclamaciones del pueblo. Pero estas miradas no giran, quedando en el recinto del supuesto ordenamiento, mientras la comunidad espera dentro de su serena singularidad social y política que se le comunique como marcha el país vanguardista fecundada con su firme personalidad.

Ninguna voz se escucha; se gobierna en un silencio y tal vez un miedo plasma un devenir de inquietudes ante verdades cerradas, pero resuenan mentiras fronterizas que contradicen y contradicen acerca de las tragedias que se viven en los recintos del ilegitimo. Lo que, si es sonoro, son las amenazas ruidosas, lanzadas con fuertes gestos de rabia, llenas de odio contra las administraciones anteriores y su digno gestor, que nos descubrió al país el en que vivíamos y le dio un viraje profundo lleno de transformaciones sociales y políticas a la luz de índices valorados por la comunidad externa como resultados plenos, amén de proferir proyectos futuros cuyo alcance sitúa a la nación en una posición de futuro y de desarrollo a nivel mundial.

Colombia vive formada por un enjambre de masa de actores adobados, provenientes de los carteles aislados, diseccionados por la justicia, sin alma, pero si con un prontuario de los de siempre, donde ruge el estatus del olimpo radical, aquel movimiento liberal que defendía las ideas democráticas contra las reformas de los conservadores de ultranza, también llamados los Golgotas; esto para señalar que la revolución ha sido una bandera del pueblo contra las tiranías de siempre. Esas idioteces políticas del hoy conforman el enjambre de los desintegrados sociales que carcomen a la sociedad. Concluyendo, son los que hoy nos gobiernan, los firmes patriotas clásicos de la corrupción, paracos, militares, narcotraficantes, de unas redes extraídas por injerencia de la estirpe fascista, biopoder totalitario al servicio de una dictadura maloliente, criminales de extracción de la política del absurdo, bajo el mando de un ilegitimo mediático venido de la nada, narcisista, además con identidad incierta, sin testamento vigente, esto es, cualquier cosa menos nadie.

Dejo para el final de este singular, pero categórico proemio el sentir de un estadista que nos hizo ver como la no violencia prima contra la maldad. Gandhi preciso: «Me gusta tu Cristo, pero no me gustan tus cristianos, tus cristianos son tan diferentes a tu Cristo…».


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Mariano Sierra S.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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