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Miércoles, 21 de octubre de 2026

Reducidas expresiones

Las convocatorias a marchas contra un gobierno que apenas lleva 2 meses de administración eran, en realidad, una prueba que...

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lustracion editorial sobre manifestaciones politicas instituciones y justicia en la Plaza de Bolívar de Bogota
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Sebastián Silva-Iragorri

Las convocatorias a marchas contra un gobierno que apenas lleva 2 meses de administración eran, en realidad, una prueba que hacían para despertar expectativas y algo de temor en la población colombiana, quienes ya no tienen gobierno, ni posibilidades de halagos burocráticos y limitadas presiones armadas. No faltaron las mentiras para que la gente asistiera; se hablaba de recortes en el salario mínimo, en las pensiones, en la entrega del País a potencias extranjeras; en fin, una serie de engaños para tratar de levantar el ánimo de quienes fueron derrotados en las urnas. Incluso se elaboró una mentira grande ante la poca respuesta ciudadana. Al ver la Plaza de Bolívar de Bogotá con una afluencia que a duras penas significaba un cuarto de plaza, incluso con la tarima adelantada para acortar espacio, se inventaron que el presidente Abelardo había ordenado colocar francotiradores en las azoteas del Capitolio para amedrentar o disparar contra los manifestantes. La falsedad salió al descubierto cuando el propio presidente del Senado de la República expresó que el dio la orden de la ubicación de esos soldados armados en la azotea del Congreso por pedido directo y escrito de los organizadores de las manifestaciones y marchas. Silencio, entonces, total y desprestigio de quienes invocaron tan burda mentira, que demuestra el juego muy poco limpio para convocar esta clase de expresiones populares.

En varias ciudades del País hubo marchas que tampoco llenaron plazas y no colmaron las expectativas de sus organizadores. El presidente Abelardo informó, según datos oficiales de la Fuerza Pública, que en todo el País desfilaron 62.000 personas, en un País con cerca de 50 millones de habitantes. ¿Cómo sería la desilusión de la marcha en Bogotá que, ante la vista de la Plaza, Petro y Cepeda decidieron no hablar, incluso ni subir a la tarima, y mejor montarse en sus vehículos y alejarse del lugar? Estas lánguidas expresiones nos están probando que hoy la gente está muy esperanzada en el nuevo Gobierno, que está demostrando trabajo, eficacia, diligencia y valor para ir reconstruyendo a Colombia ante el desastre recibido en todos los campos de la vida nacional. La ocupación de gran parte del territorio colombiano por la criminalidad ha sido tan extensa que hoy, a pesar de los esfuerzos y golpes contundentes, aún siguen en determinados sectores produciendo actos de terror, daños, victimas y temores en la población. El Gobierno anterior tiene una gran deuda constitucional, legal y moral por sus omisiones en combatir y prevenir la criminalidad.

Otro hecho que nos parece muy grave es la inacción, demora, dilación de la Fiscalía Nacional en la persecución de graves delitos. Cómo será que a muchas personas se les escucha decir que prefieren no denunciar ante el poco avance y resultado de las investigaciones. ¡Qué diferencia con la actividad actual de la Fuerza Pública, que parece haber renacido y se ocupa de todo el territorio nacional! Hay capturas, incautaciones, hallazgos de caletas con arsenales de armas, explosivos, fusiles, prendas y dotaciones de los grupos al margen de la ley. Con la tecnología actual no hay escondites posibles para los grupos criminales; ahora son detectados en cualquier parte, incluso en lo más profundo de las selvas. En la época de los carros voladores que ya empiezan a aparecer, de los robots, de las criptomonedas, de la inteligencia artificial y del regreso a la espiritualidad y la creencia en Dios, no podemos distraernos en violencias y divisiones, sino caminar unidos hacia el progreso equitativo y justo de todos, desterrando la corrupción y sus variantes. Tenemos que recuperar la Justicia como guía de la marcha ordenada de la sociedad. No pueden volver a existir conductas que defrauden la confianza ciudadana, como, por ejemplo, el caso de Leonidas Bustos, llamado por el expresidente Santos como el “Magistrado de la Paz” y hoy con condena ratificada, nada menos que por la Sala de Casación de la Corte Suprema de Justicia. La recuperación de la Justicia debe ser un paso obligado en la construcción de la paz de Colombia.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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