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A espaldas del Cristo

A espaldas del Cristo

SILVIO AVENDAÑO

El Cristo de espaldas, (1952), es un relato de Eduardo Caballero Calderón. Cuenta la pugna entre liberales y conservadores, luego del 9 de abril de 1948. El relato transcurre entre la noche de un jueves y el siguiente lunes. El paso fugaz de un joven cura por un pueblo del páramo que vive del cultivo de la papa y del pastoreo. Los caminos son difíciles de transitar, incluso para las mulas. El telégrafo crea los vínculos con los centros de poder. El alcalde, el boticario, el sacristán, el sargento, la boba y las “señoritas notables” son los personajes de la vida pueblerina. El curso del pueblo se mueve por las tormentosas elecciones. En el aire conmovido sopla la intolerancia, la eliminación de la oposición.

El joven cura irá en contra del curso del mundo, dado que, en el pueblo hay que eliminar la oposición. Para el notario la cuestión es de propiedad privada y los centros de poder. La cadena de asesinatos y odio tiene origen en la capital del departamento, el ministerio de guerra, el poder central y las rotativas de los periódicos. La maquinación está unida con los bandoleros que desencadenan asesinatos, crímenes que repercuten en los archivos de la notaría y, en las escrituras de la propiedad. El engranaje del poder busca la homogeneidad y las lealtades. La religión pretende la “unificación de la conciencia de los colombianos”. La política procura la legitimidad de los “jefes naturales”.

En el pueblo no hubo dificultades mientras el cura viejo estuvo de acuerdo con los “piñones del poder”. El cura no disentía del curso del mundo, pero cuando llegó el cura joven con los ideales cristianos, surgieron las dificultades. Para el joven cura la visión del mundo se aleja de los “sueños” del cura viejo para quien: “Los liberales son masones, los masones tienen el deseo de asesinar al Papa, el cual finalmente es el padre de los conservadores del mundo…”

El catolicismo, por intermedio del cura viejo, hace posible el aura de legitimidad de las acciones. Conforma uno de los pilares del proyecto político que no pretende otra cosa que la eliminación de la “oposición”. Muy distinta es la situación cuando el sacerdote joven -con sus ideales cristianos- se convierte en arena que traba la maquinaria del mundo. Entonces hay conflictos. La garantía del caudillismo central, es decir, el poder ejecutivo, es puesta en duda por el clérigo, descarriando el redil. Por eso, el joven encuentra que al Cristo se le ha vuelto la espalda. El desacuerdo del religioso con el destino del pueblo explica la llamada del obispo (jerarquía eclesial) -quien está atornillado al poder político- y como consecuencia, el cura joven, no sólo es reconvenido sino retirado de la parroquia.

La violencia hace presencia en todos los rincones. En el relato de Eduardo Caballero Calderón los personajes parroquiales son grotescos. Aunque lo monstruoso, no se engendra en aquel pueblo frío del páramo, sino que el gobierno lleva en sí el engarce ideológico. De lo que se trata no es otra cosa que la codicia por la propiedad.


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