Ideología y fragmentación

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Por: Alejandro Guzmán Maldonado
Ante la profunda polarización política y la probable llegada de la contrarreforma agraria, quisiera recordar la historia de los años 60 y 70 en Colombia. Aunque el contexto político hoy es diferente, el lector se dará cuenta de la importancia de no olvidar nuestra historia.
Durante la presidencia de Carlos Lleras Restrepo, en el marco del Frente Nacional, se llevó a cabo una reforma agraria que nos dejó varias lecciones. Solo me concentraré en las siguientes tres. La primera, es que fue una reforma agraria muy corta, seguida de una contrarreforma agraria después de cuatro años. La segunda, que las organizaciones sociales se ideologizaron y se fragmentaron al llegar la contrarreforma agraria. Y la tercera, que cuando hay apertura democrática y estabilidad institucional, las reformas económicas y sociales se pueden implementar mejor.
Como saben los lectores, apoyé a Aida Quilcué para el Senado porque pienso que puede ser una muy buena interlocutora para construir relaciones sociales sostenibles en el norte del Cauca. Pero sobre todo —y esto lo he venido sosteniendo desde hace varias décadas— porque las agendas de los indígenas y las organizaciones sociales están alineadas con los derechos humanos y los recursos naturales. Si se fortalecen las instituciones, estas agendas pueden ser implementadas de manera más eficiente.
Pero debemos ser conscientes de que falta un camino largo por recorrer. Las organizaciones sociales, sin importar la etnia, pueden tener personas que en la práctica presenten problemas. Por ejemplo, puede haber corrupción, irrespeto a la propiedad privada, ausencia de trabajo en los predios, destrucción de bosques y páramos, y vínculos con economías ilícitas o con grupos armados. Es muy importante reconocer que estos problemas provienen de unas pocas personas y de ninguna manera de todas las personas ni de todas las organizaciones sociales.
Si los lectores están interesados en conocer más sobre los indígenas, recomiendo leer muchos textos, pero en particular algunos que recientemente he estado leyendo de Jaime Navia Lame. En sus extraordinarios libros de crónicas observamos de primera mano el espíritu de los indígenas protegiendo su territorio e implementando estrategias de resistencia ante la violencia y los grupos armados. Recordemos que la guardia indígena fue reconocida con el Premio Nacional de Paz en 2004. Es absolutamente importante para la industria y las ciudades en Colombia que los indígenas puedan implementar proyectos que protejan sus territorios por los servicios ecosistémicos que estos proveen. Hay que proteger también, desde luego, los derechos humanos.
Recordando la ideologización y la fragmentación de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) en los años 70, espero que una eventual contrarreforma agraria no divida al movimiento indígena radicalizándolo y desencadenando más violencia. El contexto de hoy cuenta con instituciones democráticas mucho más abiertas que pueden evitar que esto suceda. Hay que esperar entonces una nueva oportunidad para darle continuidad a las reformas que se necesitan. Esperemos también que, si llega una estrategia dura contra el crimen, esta no afecte a millones de personas inocentes en los territorios.
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