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Viernes, 23 de octubre de 2026

ABELARDO DE LA ESPRIELLA

ENGAÑO, ENTRAMPAMIENTO Y PELIGRO Abelardo de la Espriella es la síntesis total del neofascismo internacional, el resultado de la más...

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Abelardo de la Espriella

ENGAÑO, ENTRAMPAMIENTO Y PELIGRO

Carlos Fajardo Fajardo

Abelardo de la Espriella es la síntesis total del neofascismo internacional, el resultado de la más terrible perversidad llevada a cabo por la ultraderecha de nuestro país. He allí el peligro de su estrategia de maldad contra cualquier ciudadano que se le oponga. Odio, represión, exterminio y desapariciones son sus sellos de identidad. Racismo, homofobia, proimperialismo, anti-intelectualismo, patriotismo que aborrece la cultura viva popular y a la gastronomía colombiana, oportunismo religioso, tales son sus santos y señas para legalizar y justificar una ideología depredadora.

Dicha ideología se sustenta en un discurso racional y sistemáticamente construido desde la internacional neofascista, siguiendo la agenda confesionada por Washington. Lo que hace Abelardo de la Espriella es poner en escena dicho guion, con un cínico libreto de farsante “transgresor” de protocolos, que humilla, agrede, pisotea, convirtiendo sus acciones en ganancias y adicciones. La teatralización es la más alta expresión de su hipocresía. El show y el shock, su mayor logro mediático e inmediato.

La no argumentación y una estridencia rabiosa contra sus opositores se hacen presentes en esta estetización vulgar y trivial de lo político. Esa emotividad se alimenta a medida que su papel teatral se masifica. La vulgaridad, la ignorancia, se transforman en actos aceptados, mientras el aplauso los legitima socialmente. Entonces, se pone sobre el escenario la cultura del vivo, del tramposo, del más aventajado.

De esta manera, la estetización de una simbología mafiosa toma fuerza, sale triunfante, echándose al bolsillo la atención y apoyo de un público hechizado por el defensor de truhanes y malandros. Aparentar con engaños ser un “transgresor”, un fuera de la ley, con independencia de las élites poderosas, es su caballo de batalla. Sin vergüenza, tira la piedra, no esconde la mano y dice con descaro: “fui yo ¿y qué? Nada me puede pasar y nada me pasará”.

Por lo tanto, para Abelardo de la Espriella, todo vale. Cada montaje de sus performances vulgares lo visibilizan más, enriquece su egolatría, activa el aplausímetro. De allí que actúe con ese “me importa un comino”, con tal de aumentar los estados alterados de ingenuos y seguidores. Sobreexcitación permanente e impacto tras impacto, este abogado de mafiosos se recicla constantemente gracias a dichos golpes mediáticos y emocionales que activan el odio, el miedo, la exclusión, el aniquilamiento y la rabia contra el adversario.

La exaltación se vuelve estandarte para los fanáticos, seduce a las subjetividades penetrando en sus deseos. De modo que triunfan la aceleración, la velocidad y el impacto “emocrático” frente al discurso reflexivo, pausado y crítico, con argumentación. Éste cae al botadero, se le deshecha con rapidez y repugnancia. El engaño y el entrampamiento, a través de redes digitales y de la inteligencia artificial, se normalizan y son aceptados por su imagen ficticia de libertad individual.

Ante un abogado de mafiosos y de paramilitares, que odia a sus adversarios y que desprecia los rituales comunitarios ancestrales del pueblo colombiano; que exalta más su nacionalidad norteamericana que a la nativa; que amenaza con la invasión del imperio gringo si es atacado por sus enemigos; que instala la venganza, el insulto, la agresión como acción política; que exhibe la mentira, la ignorancia sobre los asuntos nacionales con orgullo y ganancia; que desprecia una educación con sentido crítico y creativo y se propone desaparecer la educación oficial; que defiende el fracking y el desmonte de la reforma agraria; que pretende liquidar el Estado Social de Derecho e imponer un Estado mínimo autoritario; que venera al tramposo, al vivaracho, al vil, al fantoche, al malandrín oportunista, al antiético, a la falacia y al simulacro; ante un personaje como éste, que es la síntesis social, cultural y política de todas las líneas ideológicas de la ultraderecha mundial, debemos levantar una apuesta por la vida para vencer al neofascismo y a su atroz barbarie.

No pasarán. ¡Iván Cepeda presidente!


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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