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Miércoles, 21 de octubre de 2026

El destino superior de un paraíso secuestrado por la guerra

Colombia consolida hoy su posición como potencia turística continental. Las cifras reveladas por el Gobierno Nacional confirman una expansión sin...

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El destino superior de un paraíso secuestrado por la guerra
El destino superior de un paraíso secuestrado por la guerra
Imágenes de fondo: https://turismotacueyo.com/camino-de-la-palma-real/

Alfonso Luna Geller

Colombia consolida hoy su posición como potencia turística continental. Las cifras reveladas por el Gobierno Nacional confirman una expansión sin precedentes: el país es líder en Sudamérica y tercero en América Latina, con un crecimiento del 56 % en 2025. La llegada de más de 21 millones de visitantes no residentes entre agosto de 2022 y noviembre de 2025 valida una transición económica que sustituye rentas extractivas por exportación de servicios. Esta bonanza, respaldada por inversiones estatales que superan los 1,2 billones de pesos, más $400 mil millones de Fontur y convocatorias de regalías por $103 mil millones, narra el éxito del «País de la Belleza».

Sin embargo, mientras la nación brinda con cifras récord, el Cauca observa la fiesta desde la barrera, amordazado por una violencia anacrónica que mantiene oculta una de las ofertas geográficas y culturales más potentes del planeta. El departamento posee todas las condiciones estructurales para liderar esa estadística, pero la falta de garantías de seguridad nos relega a ser un titular de crónica roja.

Existe una certeza geográfica: es improbable encontrar en el universo un paraíso tan diverso comprimido en pocos kilómetros. El Cauca permite una travesía imposible en otras latitudes, desde las profundidades del Pacífico hasta las nieves del Volcán del Huila. Este corredor conecta las playas de Guapi, Timbiquí y López de Micay con los hipogeos de Inzá; une los fríos valles de palma de cera en Tacueyó con el calor del Patía. Tenemos la despensa espiritual y económica de la nación bloqueada por actores armados.

La evidencia del tesoro oculto

El inventario de lo que perdemos a diario es abrumador. En el norte, el Resguardo Indígena de Tacueyó custodia un ecosistema de bosques nubosos que rivaliza con cualquier destino internacional. Allí, la comunidad Nasa protege lagunas cristalinas y cascadas, ofreciendo senderismo y proyectos de piscicultura sostenible que demuestran la rentabilidad de la economía lícita. Este corredor biológico es hogar del oso andino, el tigrillo —el felino más pequeño de Colombia— y la danta de páramo. Es una biodiversidad estratégica que el mundo pagaría por conocer.

Nuestra riqueza no cabe en un solo molde. En el occidente, Guapi y López de Micay resguardan la marimba, patrimonio de la humanidad, y una gastronomía inigualable de «tierra y mar». La Isla Gorgona, santuario natural, ofrece el espectáculo sublime de las ballenas jorobadas entre julio y octubre. En el sur, el Valle del Patía y Balboa, el «Balcón del Patía», despliegan escenarios mundiales para el parapentismo y el turismo de aventura en tierra de totumos y cantores. Hacia el oriente, Tierradentro y Páez revelan la ingeniería ancestral precolombina. En el centro, Popayán sostiene el patrimonio con su Semana Santa y gastronomía, mientras Silvia y Puracé educan desde la identidad Misak y la administración comunitaria.

Una misión colectiva de rescate

Reconocer esta grandeza nos obliga a sustituir la economía de la muerte —narcotráfico, minería ilegal, extorsión— por la inagotable riqueza del territorio. Aceptar la narrativa de «zona roja» es condenar a las futuras generaciones a la servidumbre de la guerra. La salida requiere voluntad colectiva convertida en agenda pública. El Cauca necesita un pacto regional con alcance nacional que involucre al Gobierno, el empresariado y la sociedad civil para recuperar el control territorial.

El turismo funciona como termómetro de gobernabilidad: exige infraestructura, formalización, y sobre todo, seguridad. La industria turística no admite eufemismos; necesita tránsito seguro y protección a prestadores para evitar los travel warnings —esas temidas alertas internacionales de viaje emitidas por gobiernos extranjeros— que bloquean la llegada de visitantes y ahuyentan la inversión. Iniciativas como Caguán Expeditions en Caquetá prueban que el turismo permite la reinserción social y la dinamización económica, pero esto solo es viable con presencia institucional sostenida que prevenga, investigue y judicialice.

El Cauca tiene un destino superior. La tragedia actual puede convertirse en oportunidad si organizamos una dirección colectiva para desplazar las rentas ilegales con trabajo digno. El turismo ofrece la herramienta concreta para ordenar el territorio, porque obliga a que el Estado se vea y se respete. La seguridad debe dejar de ser una deuda eterna. El Cauca no es periferia, es una pieza central del patrimonio humano e histórico de Colombia. La decisión está servida: o se normaliza la violencia, o se organiza una victoria civil para rescatar este tesoro que la guerra mantiene secuestrado.


Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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