Desconcierto



Por la ventanilla del avión vio Toño la cordillera semejante a un gran dinosaurio dormido. La cresta de dos volcanes sin la corona blanca de nieve. De uno de ellos brotaba una fumarola. Pocos minutos más tarde, comenzó el descenso. Pronto divisó el paisaje de la ciudad. Vio el trazado geométrico en una parte de la urbe. En los extramuros casas y casuchas sin plan. A las cinco de la tarde, la aeronave rozó el pavimento, el ruido del tren de aterrizaje. Pronto los pasajeros se levantaron de las sillas. Toño tomó la mochila de la cabina de equipajes. Descendió, caminó por el corredor. Avanzó hacia el edificio del aeropuerto. Divisó caras torvas, mestizas, los cascos hundidos en la frente, con las metralletas. Al salir del aeropuerto tomó un taxi. Solicitó al conductor que lo llevase a un hotel o residencia cerca de la universidad. El automóvil avanzó por una avenida de guayacanes amarillos, edificios y semáforos. Pronto el auto se detuvo ante un hotelito. Pagó y descendió. Ingresó a la recepción. En la sala de estar los huéspedes veían un partido de futbol. El cansancio, luego de un ligero refrigerio, lo llevó a la habitación.
Durmió poco, Luego del desayuno salió a la calle y preguntó:
– ¿Dónde se ubica la Universidad? –
-En el sector histórico- una mujer le indicó el lugar, hacia el cual debía caminar. Avanzó varias cuadras y llegó al parque principal. Vio la estatua del héroe conspicuo cubierta del óxido verdoso. En los techos de los edificios bandadas de palomas, a la espera de grano. Más, se desconcertó, porque si bien los inmuebles lucían con magnificencia, carecían de la nomenclatura urbana, la cual permitiría la ubicación de la gobernación, alcaldía… universidad. Echó a caminar y se encontró sin dirección: iglesias, monasterios y conventos. Supuso igual a otras ciudades la universidad se hallaba fuera de la ciudad. Con esa idea se encaminó por la calle hacia el lugar donde, a la distancia, vio una chimenea. Imaginó ese edificio como parte de la universidad. Allí se erigían los laboratorios de química o alguna ingeniería. Poco a poco se alejó del parque y quedó atrás el museo religioso. Caminó más de siete cuadras. El final del pavimento, una calle empedrada. Subió y se halló ante el enrejado de una portería. Pero cuál no sería su sorpresa, luego de saludar al portero, dijo:
“Vengo a un examen en la universidad”,
a lo que el bedel respondió:
“Aquí queda la licorera. La Universidad se encuentra más abajo”
Le indicó en la distancia las calles que había recorrido.
Toño descendió con la mirada a derecha e izquierda en las vetustas construcciones. Caminó varias cuadras “cuesta abajo”. Desorientado, sin saber el lugar de la dichosa universidad. Al llegar a una plazoleta empedrada, en cuya mitad se levantaba una fuente, no sabiendo que hacer, interpeló a una persona, que le comentó:
“Aquí no hay Universidad”.
Desconcertado le reveló que le habían citado a un examen. Sonrió el hombre y añadió.
“Mire, joven: Hay Escuela de medicina, Escuela de ingeniería, Escuela de derecho, Escuela de artes y humanidades. Pero no hay universidad”.
¿Y, por qué no hay universidad?
porque el conocimiento se transmite. No hay investigación ni crítica.
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