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Miércoles, 7 de octubre de 2026
jueves 26 abril, 2012 a las 8:29 pm

“LA PICARESCA EN LOS CANTOS DE CALIXTO OCHOA CAMPO”

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca

Calixto Ochoa Campo, foto de internet

Se trata de una ponencia que Donaldo Mendoza, profesor de literatura en el INEM Francisco José de Caldas de Popayán, llevó a su tierra Valledupar, invitado por el poeta José Atuesta Mendiola. Donaldo indaga las raíces del canto vallenato, y encuentra razones en la picaresca española del siglo XVII. El juglar que iba recorriendo calles y pueblos, cantaba historias; el cantador vallenato hace lo propio. Ese es el mérito de Calixto Ochoa Campo, autor vallenato, surtidor de populares aires para despertar la quietud con el fuego que circula por el cuerpo zarandeado por el ritmo, la melodía, el cuento y la pasión.

Donaldo dice que a través del conquistador español llega esa vena, por una razón sencilla: “Indígenas y negros no nos legaron una lengua escrita; y la historia se sustenta, se evidencia y se imprime en la memoria con escritura, con alfabeto”… “¿A dónde van los estudiosos del vallenato cuando indagan sobre su origen y evolución? –A los cantares de gesta medievales”… “Muy bien sugerido está en esa mítica evocación: el juglar vallenato tiene en el medioevo europeo, con otra edad, a un hermano siamés.”

Lazarillo, El buscón, Guzmán de Alfarache, los “pícaros” de la Edad de Oro de España, vientos, anécdotas donde la palabra es rey y el cuento testimonio, mito, leyenda, recuerdo y jolgorio. Mundo idóneo donde se transmite el hilo de una tradición, manera como la tierra reclama el deambular por su propia recordación. Indagar en la memoria es urgencia de toda conciencia preocupada por los orígenes y vicisitudes del tiempo trajinado en este espacio entre largo y corto de la vida. Y el canto vallenato es trova que da plenitud y calidez a esa indagación: la música es palabra, el ritmo es fiesta, la letra testimonio de un sentir que espanta el humo del olvido.

Los cantos de Calixto Ochoa… Donaldo con su ponencia nos lleva hasta esa voz, nos muestra un territorio que se mueve al compás de los dichos rimados con gracejo, “Una armoniosa cascada de combinaciones y sucesiones de voces y de pausas y de cortes, en un lenguaje a la vez poético y prosaico”; lenguaje popular, contagioso, con el brío y ligereza del clima tropical del Valle de Upar; allá van multitudes a escuchar las leyendas vallenatas, y el contagio es intransigente con la pasividad: el nervio y la pasión dominan a la audiencia, sus ecos despiertan las dormidas serranías que descubrió el conquistador. Desde entonces comenzó una fiesta legendaria, el acordeón es el doble de las voces que embrujan al Cesar.

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