Ciudadana sin sociedad


El filme Alma del desierto (2024) es una película de Mónica Taboada Tapia. Una mujer guajira wayu, de setenta años, camina en la aridez de un sol abrasador y llega al poblado. Ella se dirige al lugar donde se encuentran las oficinas de la registraduría. En la oficina hace las vueltas para conseguir los papeles de identificación, pues carece del documento de identidad. Difícil conseguir las huellas dactilares, tampoco ella tiene registro civil de nacimiento. Como no tiene ningún papel que la identifique es complejo acceder a la petición. Además, no sabe leer ni escribir. Quiere llamarse Georgina Epiayu. Idas, confusiones, venidas, tropiezos, malentendidos hasta que logra su cometido, llenar el documento que hace posible la cédula que la acredite como ciudadana y. así poder participar en el proceso electoral. Se necesita tiempo para que la petición viaje a la capital y vuelva a la registraduría del poblado: el documento de acreditación como Georgina Epiayu, Con la cédula puede ejercer los derechos de ciudadanía y participar en las elecciones. Y, en ese tiempo de espera, mientras llega el documento, decide ir en busca de sus familiares, posiblemente se encuentran en algún lugar de la planicie seca de la Guajira.
La casa de quien quiere llamarse Georgina fue incendiada, a causa de la inclinación sexual de ella. En busca de los parientes se encamina en la enorme extensión casi desértica, clima cálido, sol abrasador en la punta norte de Colombia. Enorme soledad atravesada por un tren de vagones negros interminables que, pasa veloz en la lejanía, con el carbón hacia un punto desconocido. Ella llega a una casa, allí conversa, no en español, sino en el idioma de los habitantes del lugar. No obtiene noticias de sus familiares. Continúa en medio del calor, la vegetación de trupillos, cactus nopal, la palma de vino y el árbol de cují. Deja atrás a los conocidos, insiste en su búsqueda, anda sin cesar, por lugares deshabitados. Al avanzar en la soledad de la extensión el mar extiende su manto azul que contrasta con el color seco de la Guajira. La sed la lleva a un río, llega a las orillas. Habla con un hombre que da cuenta del agua, en la mina de carbón el río se ha contaminado. Y vienen las noches, alumbrada por la fogata de leña, en visita a los nativos. Y en aquellos lugares no hay servicios de salud, escuelas, ni energía. Cabras, luna, mar, llanura inmensa. El ejército está presente. Soldados, bien armados vigilan sin que se sepa qué vigilan. Ranchos de indígenas, plantas, animales bajo el intenso brillo del sol. Y, al volver al pueblo le entregan la cédula. Entonces Georgina Epiayu coge el tarjetón, sin mirarlo y lo deposita en la urna electoral. ¡Por fin fue ciudadana!
Y, al ver la película surge la pregunta: ¿De qué sirve tener cédula? Y, ¿qué relación con la vida en la sociedad?
Otras publicaciones de Silvio Avendaño en Proclama del Pacífico:




