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Martes, 13 de octubre de 2026

La FLIP y la crisis de la libertad de expresión

Alfonso Luna Geller
La FLIP y la crisis de la libertad de expresión
Por Alfonso Luna Geller, director.

Durante muchos años, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) fue referente nacional e internacional en la defensa del periodismo en Colombia.

Nació hace 29 años con el respaldo ético y moral de figuras como Javier Darío Restrepo, Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón. Su misión era clara: proteger el periodismo, no regularlo ni evaluarlo.

Hoy, sin embargo, esa confianza se ha resquebrajado. La FLIP se ha convertido en una institución politizada y elitista que ignora los riesgos reales del periodismo regional y comunitario, privilegiando una visión sesgada y desconectada de la realidad.

No se trata de negar aportes pasados. Reconocemos el trabajo adelantado bajo la dirección de Javier Darío Restrepo (Q.E.P.D.), Ignacio Gómez, Pedro Vaca y de Jonathan Bock, que marcaron estándares de protección y visibilidad internacional. Pero hoy, bajo la actual administración, constatamos un seguimiento selectivo, una solidaridad asimétrica y una peligrosa inclinación a privilegiar medios de gran alcance.

Proclama del Pacífico, como medio comunitario, solidario, alternativo, regional, con más de 42 años de ejercicio ético y territorial, tuvo que soportar en los últimos días amenazas explícitas y estigmatizaciones violentas, tras la publicación de una caricatura crítica, como se documenta en nuestro editorial “La tinta no es un arma”.

Al solicitar la intervención de la FLIP ante los mensajes públicos que buscan «hacernos pedazos» y que nos tildan de «guerrilleros», la respuesta fue prácticamente tomar partido, reducir las agresiones a «comentarios fuertes» y limitar su «acción» a un simple anuncio de reporte a los administradores de redes sociales.

La más elemental lógica indica que reducir esas amenazas a simples incidentes que no merecen atención institucional, es una evidencia de intereses ocultos y no una gestión proporcional a los riesgos que enfrentamos en territorios donde una amenaza escrita y pública puede convertirse en un atentado en cualquier momento, como ya los hemos padecido.

La FLIP, funcionalmente, desconoce que en el Cauca, una frase de odio no es un simple comentario fuerte; es el preludio de una acción criminal.

Este actuar de la FLIP es indignante y no es un caso aislado. Otras voces de colegas y ciudadanos confirman un patrón alarmante. La FLIP ha dejado de ser una institución que defiende a todos los periodistas «sin importar su color o ideología». Ahora, su solidaridad parece ser «asimétrica, extravagante», dedicando su atención a un selecto grupo de «periodistas buenos” y a los grandes medios de comunicación.… los “periodistas malos» y los medios comunitarios, alternativos o regionales no merecemos su atención.

Es más, la centralización de su gestión en Bogotá los hace «inoperantes» y desconectados. Como lo mencionan algunos ciudadanos, «en la región (la FLIP) no se interesa por averiguar la génesis de las amenazas». Su enfoque, como gran solución: «bloquear a un usuario de Facebook», es la prueba de su inutilidad y de su falta de «perspectiva territorial».

Obviamente, nada esperamos tras esta crítica, ni nada se puede exigir porque la FLIP es una organización privada, financiada por entidades extranjeras como la The Open Society Foundation (OSF), la National Endowment for Democracy (NED) y el Centro de Ginebra para la Gobernanza del Sector Seguridad (DCAF), con comprobados «intereses de control político» universal que hoy pusieron en evidencia en Colombia.

Hasta aquí llegó nuestra ingenuidad, la FLIP ha transitado hacia una institucionalidad politizada y elitista. Ha dejado de ser un baluarte de la sociedad civil para convertirse en un actor distante, desconectado de las realidades de las regiones.

Entendemos entonces por qué la FLIP se seguirá hundiendo en su unilateralismo y perdiendo la poca credibilidad que le quedaba. Hacemos un llamado urgente a las organizaciones gremiales de periodistas en Colombia y a la comunidad internacional para que se abran los ojos ante esta cruda realidad.

Consecuentemente, la Corporación de Periodistas y Comunicadores del Pacífico (C-UPC-P) organizará este mes de septiembre un nuevo encuentro de periodistas del Pacífico colombiano. En esta cita abriremos un espacio para una conversación franca sobre ética, sesgos y el futuro de la protección a la prensa en Colombia. Al mismo tiempo, haremos un llamado urgente a las autoridades competentes, nacionales e internacionales, para que observen con claridad que, en este país, y de manera más crítica en el Pacífico, los periodistas regionales siguen desprotegidos, estigmatizados y excluidos de las garantías mínimas para ejercer su oficio.

En este escenario, también convocaremos una auditoría ética y territorial sobre la gestión reciente de la FLIP, con participación de medios alternativos del occidente del país. Esperamos que las organizaciones gremiales de periodistas en Colombia se pronuncien frente a esta desconexión institucional y promuevan una reforma estructural que incorpore al periodismo popular en la defensa de la libertad de expresión. Esta no puede quedar reducida a la acción de una entidad privada, excluyente, politizada y sin representatividad territorial.

Continuaremos con la promoción de un diálogo nacional sobre el rol de la FLIP, sus intereses no revelados, sus fuentes de financiación, su impacto en la pluralidad informativa y sobre la obligación —no asumida por el Estado— de garantizar la libertad de prensa, la libertad de expresión, el derecho a la información y otros derechos cívicos que no deben depender de actores privados.

Concluyamos: La defensa de la libertad de prensa no puede ser selectiva, ni se resguarda con reportes a Meta ni con respuestas burocráticas. Se defiende en los territorios, con la vida de quienes informamos, y con acciones efectivas que prevengan nuevas tragedias. Y deben ser responsabilidad del Estado, no de un protagonista privado como la FLIP. El silencio, la omisión o la indiferencia también son formas de complicidad.


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Alfonso J Luna Geller
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