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Viernes, 2 de octubre de 2026

¿Quién hundió a EMQUILICHAO?

Quién hundió a EMQUILICHAO

¿Quién hundió a EMQUILICHAO?

Claves para entender una crisis fabricada

Jaime Soto Palma

Desde hace un tiempo, quienes vivimos en Santander de Quilichao hemos notado, con creciente preocupación, la frecuencia con la que aparecen denuncias públicas sobre una supuesta crisis en EMQUILICHAO, nuestra empresa prestadora de servicios públicos. Las redes sociales, además, han servido de escenario para los pronunciamientos del ingeniero Luis Andrés Sadovnik, quien ha sido una de las voces más activas señalando fallas en el servicio de aseo y presuntas irregularidades en la administración actual.

Y aunque algunas de esas denuncias no están completamente desprovistas de verdad, también es cierto que muchas omiten el contexto más amplio y, lo que es peor, terminan tergiversando las verdaderas causas del deterioro de esta empresa que, hasta no hace mucho, era un referente nacional.

De empresa modelo a crisis operativa

Para quienes lo hemos seguido de cerca, no hay duda: EMQUILICHAO no está atravesando su mejor momento. La empresa, que hasta 2013 era admirada por su solidez financiera, operativa y administrativa, hoy muestra señales evidentes de desgaste. Las causas son múltiples y se remontan a años atrás: decisiones mal calculadas, conflictos internos alimentados por divisiones sindicales, y una gestión que, en ciertos momentos, priorizó intereses personales sobre el bienestar institucional.

Uno de los factores menos analizados —pero no por ello menos importantes— es la disputa entre los sindicatos Sintraemsdes (de alcance nacional) y Sintrademquilichao (creado bajo la sombra del exgerente Luis Andrés Sadovnik). Estas tensiones internas han desgastado el clima laboral y han dificultado la toma de decisiones estratégicas.

¿Y los culpables?

Lo que más llama la atención de esta crisis no son únicamente los problemas de liquidez o las interrupciones ocasionales en el servicio de recolección de basuras, que de por sí son preocupantes. Lo que realmente debería ponernos en alerta es la narrativa que intenta responsabilizar a las últimas administraciones municipales —las del alcalde Luis Eduardo Grijalba y la exalcaldesa Lucy Amparo Guzmán— como si la actual situación fuera producto exclusivo de su gestión.

Echar la culpa a las administraciones locales es, a todas luces, una simplificación que no resiste un análisis serio. La crisis que hoy vive EMQUILICHAO tiene raíces mucho más profundas, y una de ellas —sin duda— lleva nombre propio: Luis Andrés Sadovnik Rojas.

Una decisión que aún cuesta caro

Pocos recuerdan (o prefieren no recordar) que fue precisamente Sadovnik, siendo gerente de EMQUILICHAO en 2014, quien impulsó la controvertida idea de convertir la celda de contingencia del relleno sanitario de Quitapereza en un relleno regional. Todo esto, en medio de un ambiente de denuncias por fallas en su funcionamiento y protestas de la comunidad.

La comunidad de Quitapereza, sintiéndose burlada, se opuso firmemente. El resultado: la pérdida del predio y un impacto financiero que hasta hoy arrastra la empresa. EMQUILICHAO debe destinar 3.300 millones de pesos anuales al traslado de residuos sólidos hasta Yotoco, en el Valle del Cauca. Un gasto inmenso para una empresa de nuestro tamaño.

Entonces, ¿Cómo explicar que hoy el mismo Sadovnik se erija como el gran denunciante, el salvador autoproclamado de una empresa que empezó a desmoronarse bajo su propia gestión?

No todo está perdido

A pesar del difícil panorama, no todo son malas noticias. EMQUILICHAO aún conserva una posición privilegiada como operador exclusivo de los servicios públicos domiciliarios en el municipio. Su cartera sigue siendo sólida y su potencial de recuperación es real.

Pero eso no significa que podamos seguir ignorando los problemas. Es urgente una revisión profunda de los procesos administrativos, una renovación del parque automotor, mayor transparencia en la contratación, y sobre todo, la despolitización de los sindicatos, que hoy parecen más interesados en defender cuotas de poder que en aportar soluciones reales.

Esta es una crisis que debe resolverse con responsabilidad, sin revanchismos ni agendas personales. Porque al final, lo que está en juego no es solo una empresa: es el bienestar de toda una comunidad que depende de sus servicios para vivir dignamente.


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Jaime Soto Palma

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