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Sábado, 3 de octubre de 2026

El Tolima que conocí

El Tolima que conocí

El Tolima que conocí

Sueños y Pies en la tierra.

Facebook me lanza un eco del pasado, una de aquellas primeras huellas digitales
que también son huellas del alma.

Hace unos años, por esta misma época,
junto a Juliana González Molina —cineasta, artista, compañera de caminos—
nos lanzamos a recorrer el sur profundo del Tolima,
ese sur de volcanes dormidos, de ríos sabios y montañas que aún susurran en lengua ancestral.

Durante casi seis lunas nos sumergimos en un viaje de raíz y de viento, cámara y
grabadora en mano y corazón abierto, para realizar un documental que conmemorara
los 30 años del Consejo Regional Indígena del Tolima, el CRIT.

Fuimos testigos y tejedores de memoria:
56 minutos de historia reciente, de tomas de tierra que no fueron solo protesta, sino sembradores de dignidad.

Rescatamos del olvido al gran Quintín Lame,
voz viva aún en las veredas y en los rezos, y registramos las luchas, las escuelas propias, los fogones y las plantas que curan,
la palabra sabia de los abuelos, el saber tejido en mochilas, en chicha y en cantos.

Recuerdo con emoción una de nuestras últimas paradas: Vuelta el Río, vereda de pescadores y tejedores de atarrayas, gente de sangre Pijao, de manos sabias y memoria viva, allá en Ortega, donde el río se detiene a escuchar
el Festival de la Chicha y la Canción del Sur del Tolima.

Quince agrupaciones de música campesina e indígena, veinte variedades de chicha que embriagan el alma, y el mejor viudo de pescado que mi boca haya probado en esta corta pero intensa vida.

En esta foto que guardo con gratitud, está el Consejo Directivo del CRIT,
con Antonio, un trovador de la tierra, cantautor y compositor de tonadas campesinas,
quien ha acompañado con su guitarra y sus coplas de lucha
las gestas invisibles de estos héroes recientes, que son parte de la historia que nadie enseña:
ni en las aulas de los bien pensantes,
ni en las calles de los mal informados.

Pero esa historia —de carne, hueso y tierra—
es la que sigue sembrando la paz verdadera, la que se juega, sin espectáculo ni titulares, por una justicia social que algún día deje de ser utopía para volverse pan.

Es parte de la historia de un país que no conoce la gente de bien y tampoco la gente de a pie.

Es este país de carne, hueso y tierra que se la juega por una paz total y una justicia social.


Texto e IlustrArte Digital By Keshava Lìévano
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Kesahava Liévano

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