IRÁN: REVOLUCIÓN, CORÁN Y GUERRA

IRÁN: REVOLUCIÓN, CORÁN Y GUERRA
Por JAIME CÁRDENAS / Dentro del ciclo de entrevistas que vino a conformar ese texto ya clásico del periodismo: Entrevista con la historia, su autora, la italiana Oriana Fallaci interrogó al último rey de Persia, al Sha de Irán. El encuentro ocurrió en Teherán en octubre de 1973.
El Sha Mohammad Reza Pahlevi llevaba 20 años en el poder que había heredado de su padre. La Fallaci pudo mostrar en su entrevista quién verdaderamente era el rey de Irán: un sujeto cínico, cruel, sombrío, condenado a la soledad como todo déspota. El Sha no tuvo tapujos en ratificar que en Irán no podía haber partidos políticos a excepción del suyo y que quien iba en contra de sus órdenes debía de ser hecho prisionero. Reconoció que la mayoría de la población era analfabeta, que todo lo que pudiera asociarse con comunismo debía de ser destruido, le dijo que las mujeres no debían de ser tema de dedicación para un mandatario y que nunca serían igual a los hombres, así fueran iguales ante la ley. Se ufanó de la riqueza petrolera de Irán y de sus conocimientos en la materia y no dudó en reconocer que su gran aliado, el mejor amigo de su gobierno, el único, era el gobierno de los Estados Unidos. Dijo que el pueblo lo idolatraba, pero la Fallaci le objetó que pudo percibir mucho miedo entre los habitantes de Teherán, tanto que no se atrevían a pronunciar su nombre.
Pocos años después de esta entrevista despavorido huye el Sha con una incalculable riqueza para finalmente llegar a Estados Unidos. Abandonó su trono dejando las cárceles atestadas de presos, de torturados, quedaban atrás miles de muertos como consecuencia de su política de terror al frente de la Savak, la tenebrosa policía política. Se habla de 100.000, pero no se tiene una cifra exacta. Huyó el tirano ante el levantamiento popular encabezado por los trabajadores petroleros que habían decretado la huelga general a la que se le unieron otros trabajadores de los sectores más estratégicos. Fueron los trabajadores, junto con el movimiento religioso musulmán encabezado por el Ayatolá Jomeiní, quien se encontraba en el exilio en Francia, los gestores de lo que fue la revolución de Irán de 1.979.
Mucha agua ha corrido debajo de los puentes desde febrero de 1979 en Irán, durante los 46 años posteriores a este hecho de gran trascendencia en la geopolítica del presente. El protagonismo de los trabajadores fue superado por la dirección religiosa, los musulmanes chiitas se situaron en la cima del poder, con todo lo que significa la ausencia de la separación de la iglesia, – cualquiera que ella sea- y el Estado. A la par, la gran riqueza petrolera ha sido administrada de una manera más ecuánime, las universidades han aumentado, la infraestructura de las ciudades ha mejorado, – el metro de Teherán es uno de los más modernos del mundo-, en los tiempos del Sha no tenían agua, ni acueductos, se ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes, su expectativa de vida ha aumentado, no obstante, el problema de su economía golpeada por el bloqueo impuesto por los Estados Unidos se siente en el día a día.
Irán conforma el eje del mal, denominación que le da Bush inicialmente a Irak, Irán y Corea del Norte, después se agregaron Cuba, Libia, Siria, Venezuela. Irak, Libia y Siria han sido violentamente destruidos por el imperio, Corea del Norte es intocable y Cuba es invencible no obstante el criminal bloqueo; Venezuela, lejana a los sueños de Chávez sobrevive en su relativa autonomía.
Pero Irán es la presa más apetecida por los gringos. Irán, un extenso territorio, es el segundo país en el mundo con mayores reservas de petróleo y el cuarto en gas. Y el mundo se mueve con petróleo y con gas. Eso es lo que desvela a los gobiernos norteamericanos, tanta riqueza que no está bajo su control. Su saqueo. Para ellos poco importa que un país con aproximadamente cien millones de habitantes que viene de una cultura milenaria, los persas, tenga el derecho a decidir su destino.
Irán tiene dignidad, dista de ser la Europa de hoy, vergonzosamente arrodillada al emperador Trump, un sujeto vulgar que representa los intereses y el giro del capital transnacional para quienes el derecho internacional y sus reglas, el respeto por la autodeterminación de los pueblos forman parte de un idioma que ha sido abolido.
Israel ha atacado a Irán. Israel es un enclave creado para defender los intereses de los británicos y del gobierno de los Estados Unidos. No es un Estado que surge de una cultura secular, es un régimen artificial basado en el delirio religioso, – el pueblo elegido por Dios-, en el racismo y la ideología del colonialismo y en su poderío militar totalmente patrocinado por los Estados Unidos para detener cualquier autonomía de los árabes en el medio oriente.
Es impredecible lo que viene, el bombardeo de los Estados Unidos consolida la guerra, más aún si se tiene en cuenta que Irán ha determinado cerrar el estrecho de Ormuz en el golfo Pérsico por donde circula un porcentaje elevado del petróleo que necesita occidente.
Lo cierto es que esta vez, Israel calculó mal con Irán. Subvaloraron sus ciudades subterráneas donde vienen trabajando desde hace 30 años para construir las armas de su defensa, sus misiles supersónicos, la capacidad de sus científicos, la dignidad de su pueblo. La cúpula de hierro, la Honda de David, el sistema Arrow considerados hasta hace pocos días como sistemas de defensa infalibles del estado sionista se han derrumbado estrepitosamente en el imaginario de los habitantes de este planeta interconectado que ha visto el pánico, el terror de los habitantes de Tel Aviv ante la llegada de los misiles iraníes. Dudo que ellos, viviendo el miedo de las explosiones, hagan analogía con el terror que han soportado los abandonados gazatíes. Sus mentes han sido irreversiblemente formateadas en favor de la guerra contra Irán y Palestina. El virus de la tontería bélica, de la supremacía racial se ha apoderado de su entendimiento.
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En una remota aldea del altiplano boliviano una mujer aymara asciende con su guagua en la espalda, en el desierto del Sahara un beduino atisba a la distancia un bienhechor oasis. Por su parte en Roma, un octogenario profesor de lenguas pronuncia la sentencia en latín: quod tibi fieri non vis, alteri ne feceris. Los tres recuerdan por estos días el viejo adagio: no hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti. Y en un tocadiscos de otro tiempo escucho la canción de Víctor Jara, el derecho de vivir en paz. Le rindió un homenaje Jara a Ho Chi Minh, el poeta que venció y humilló al monstruoso poder bélico de los Estados Unidos en Vietnam.
No han aprendido las lecciones de la historia los gobernantes norteamericanos. Irán no desaparecerá como pretenden en sus mentes enfermas. Está vez, este país saldrá más digno y poderoso.
Palestina renacerá.
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