Lo boto, pero al tarro del reciclaje

Por: Guido Germán Hurtado Vera.
Historiador y Politólogo.
Según datos de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, sigla en inglés) la temperatura del planeta en 2024 fue 1,3°C. De acuerdo con el registro histórico de la temperatura, fue el año más cálido en los últimos 50 años.
Un sinnúmero de expertos coincide que la anterior situación está estrechamente relacionada con las emisiones de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero (GEI), cuya una de sus consecuencias hace que las temperaturas aumenten en toda la Tierra.
El cambio climático se ha podido evidenciar en el aumento de las temperaturas, la inclemencia de las lluvias, los huracanes y las sequías que ha provocado desequilibrios naturales con consecuencias fatales, por ejemplo, los recientes incendios en los Ángeles, California.
Colombia es un país sensible al cambio climático y presenta un alto riesgo en toda su geografía.
Según datos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) entre 1990 y 2023, las emisiones de GEI crecieron un 34,7%, representando el 0,57% de las emisiones globales.
En el 2023 se deforestaron 792 kilómetros cuadrados (algo así como el 40% del tamaño del departamento del Quindío). En la Amazonía colombiana, 44.274 hectáreas.
El 60% de los glaciares colombianos se han perdido en los últimos 50 años. Las temporadas de sequías han golpeado regiones como la Guajira, Magdalena, Boyacá, Risaralda, Valle de Aburrá y Bogotá.
Si bien es cierto que el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, viene desarrollando acciones para luchar contra el cambio climático, tales como el de aumentar las áreas de restauración de ecosistemas y desarrollar una estrategia para la adaptación al cambio climático en asentamientos humanos, los resultados aún no se alcanzan a divisar.
En el 2025 en Colombia la coyuntura electoral (legislativa y presidencial) hará que la temperatura aumente. Menos mal es la política y no la climática. El cambio climático y la sostenibilidad ambiental deberán ser forzosamente parte de la agenda política.
La crisis socio ambiental resultado del impulso extractivista, la minería ilegal, la deforestación de montañas y selvas, la contaminación y agotamiento de fuentes hídricas, debe enfrentarse no sólo con la ayuda de expertos y académicos sino con una verdadera voluntad política por parte del Gobierno central y el Congreso.
El caso colombiano es bastante complejo por las penosas circunstancias en las que funciona el Estado, dado que su precariedad y debilidad le impiden alzarse como un faro moral capaz de decidir e intervenir las distintas iniciativas que se presentan vía el “desarrollo extractivo”.
No es posible garantizar un desarrollo sostenible que garantice mejores condiciones de vida para los colombianos con unas instituciones estatales frágiles y espurias incapaces de hacer cumplir la Constitución.
Por ello desde ahora los aspirantes al Congreso y la Presidencia en el 2026, deberán comenzar a pensar y cimentar una plataforma de ideas y propuestas claras sobre cómo enfrentar el cambio climático y el deterioro ambiental que vive el país y sus regiones.
El cambio climático no es una moda. Por ello aspirante que haga politiquería con el tema ambiental lo “boto”, pero al tarro del reciclaje.



