Entre mentiras y falsedades


Nos hemos caracterizado por hacer parte de una sociedad en la cual los conceptos éticos y morales han estado al servicio de los intereses de cada quien y por lo tanto, el principio generador de lo que es la política, ha terminado por tergiversar la esencia de su razón de ser, para entender que se es político en la medida en la cual, se está al vaivén de las conveniencias y las oportunidades con fines contrarios al servicio o de entrega a las comunidades.
Esa desnaturalización de la política y la categoría de la politiquería como lo más degradante de su ejercicio, es la base angular del ejercicio de toda nuestra clase dirigente local, regional y nacional, y a ella no escapa y no podría escapar el primer mandatario de los colombianos, por cuanto en nuestra democracia de papel, es su más digno representante.
No es extraño entonces, que el recurso del engaño, de la mentira y de la falsedad, se constituyan en el eje de las grandes administraciones públicas cuando de gobernar se trata, y lo peor o lo que al fin de cuentas, no tiene justificación alguna, es que nosotros los colombianos, aún continuemos apoyando a dichos servidores públicos con el voto popular y que participemos en el gran bacanal de las componendas partidistas que son en gran medida, el causante de todas las adversidades y flagelos por los cuales, estamos atravesando y viviendo una crisis social, una crisis de identidad, una falta de liderazgo y de motivación por el verdadero sentido patrio, como se corresponde con nuestra nacionalidad.
Todos los políticos mienten, todos recurren al engaño y la falsedad para perpetuarse en el poder. Arropan con lenguajes rebuscados y toda clase de ardid, sus programas de gobierno y se canjean los grandes favores entre las elites de baja estirpe en la cual se mueven, lo cual ha generado una forma de salpicar todas las instituciones, y por ello no es extraño, no es fruto del azar, que de la noche a la mañana, hasta los mismos funcionarios judiciales, sean salpicados por toda clase de atropellos contra la legalidad y contra la ética y la moral, pues se venden los expedientes o se canjean favores económicos o de otra índole, por componendas procesales como se ventila a diario y así se ocupan de decirlo y pregonarlo, los grandes medios periodísticos.
Quizá por ello, en un noticiero se hacía mucho énfasis en las palabras del primer mandatario cuando mentía, o mejor, cuando prometía, su intención de anteponer el proceso de paz con los alzados en armas, a su propósito reeleccionista, el cual es realmente irreversible, ante la imposibilidad de un acuerdo negociado con uno de los grupos insurgentes.
Y es que mientras esto sucede, el país nuevamente empieza a convulsionarse con las protestas sociales y se taponan las vías en el Cauca, se movilizan los paperos en Boyacá y rompen toda clase de negociaciones y se descubre que los cafeteros han hecho toda clase de trampas y de falsedades para obtener el reconocimiento y pago de los Bonos, por ventas ficticias de café, y el país sigue su curso normal y se advierte entonces que todas las negociaciones que en su oportunidad han detenido este proceso de caos social, ha estado presidida por el engaño, por el fraude, por la mentira y por la falsedad.
En tanto la torta del Estado, beneficia a unos pocos, contratistas o funcionarios públicos, que de la noche a la mañana, no tienen jueces ni fiscales que los sancionen o los investiguen, en tanto que las formas de pregonar supuestos derechos adquiridos tienen una mayor fuerza, para considerar que este país no tiene reversa y que ese derecho adquirido a la maldad, a la violencia y a las formas de aniquilar el presupuesto del Estado, está por encima de todo, incluso de los postulados y buenos propósitos de una Constitución creada como presupuesto de un Estado Social de Derecho, que es la otra cara de la moneda de lo que son hoy en día nuestros gobernantes y dirigentes de turno.
Seguir mintiendo mientras se hace política, es parte del sano ejercicio del poder.



