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Jueves, 1 de octubre de 2026
domingo 10 junio, 2012 a las 8:28 pm

Justicia e impunidad

CARLOS E. CAÑAR SARRIA

El deterioro del sistema de justicia en Colombia es evidente. No corresponde al costo económico que representa para el país. La impunidad campea por todas partes y ello hace apología al delito. Fallas en los entes investigadores y en decisiones de los jueces que hacen que la gente pierda la confianza en las instituciones. Personas que disfrutan de libertad sin merecerla y otras condenadas de manera injusta. Terencio, el connotado dramaturgo romano anota que donde hay injusticia el asesino hace brillar su puñal. Y esto es cierto. Ante tanta impunidad el delito prolifera mientras la sociedad se degrada cada vez más. Sócrates enfatiza que un gobierno sin justicia es un gran robo. También es cierto porque el conglomerado social espera ser protegido y los encargados de este asunto son precisamente todos aquellos que están relacionados con la estructura del poder del Estado. De lo contrario, la indefensión, la incertidumbre y el terror tiende a apoderarse de los  asociados y el Estado de Derecho pierde su razón de ser. Hobbes -refiriéndose a los gobernantes- afirma que nadie obedece a un hombre por el simple hecho de obedecerlo, la obediencia resulta de la necesidad de protección, si esta no se manifiesta, el sentido del poder pierde significado mientras la sociedad se desmorona.

Cada vez que se comete un delito atroz en nuestro país, los medios de ocupan de él y se dan pronunciamientos de rechazo por todas partes, pero todo queda en el olvido mientras suceden otros de proporciones peores que los anteriores. En una especie de círculo vicioso, la repetición de la repetidera y no hay correctivos que al menos vislumbren un disminución paulatina de la criminalidad y el delito. Sucede todo lo contrario. Por eso algunos rescatan la justicia por sus propias manos, algo típico de las épocas primitivas y tenebrosas de la humanidad. Que el sistema judicial colombiano está en crisis es lo que se escucha en todas partes, sin embargo, por lo que presenciamos, se ha hecho muy poco para transformarlo.

Es importante resaltar que no sólo la Justicia está en crisis, la institucionalidad colombiana está en crisis, comenzando por la familia. En la telenovela sobre Pablo Escobar, se puede evidenciar la influencia de la familia en los sentimientos y procederes de los hijos. Por ello sin reparos, doña Hermilda Gaviria le aconseja a “Pablito”: “Mijo, aprenda que si va a hacer algo malo, lo tiene que hacer bien hecho, para que no se deje agarrar. Este mundo es para los avispados”. Sentencia que no es otra que justificar la tesis de que “El fin justifica los medios”. Lo más grave es que en muchos casos, los medios y los fines hacen apología al delito y a la maldad.

Recordamos que hace varios meses, sin ruborizarse, uno de los Nule enfatizó que “La corrupción es inherente al ser humano”. Estas tesis son apenas unas joyas de cinismo que explican el deterioro moral y la carencia de valores humanos que sirvan de buenos paradigmas, que es lo que faltan en una sociedad en descomposición como la nuestra. ¿Qué hacer para cambiar esto?

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