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Miércoles, 7 de octubre de 2026
miércoles 13 junio, 2012 a las 11:28 am


EL DOS FUE EL MEJOR

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

Los deportes nos entretienen por temporadas, en cada rama que sea. Nos traen y nos llevan, nos invitan a estar atentos a la hora de empezar y mientras se llevan a cabo nos mantienen con los nervios a flor de piel si vemos que los protagonistas se entregan en la cancha.

He usado la palabra protagonista, en griego πρωταγωνιστής. Protos, el primero, y agonisté, luchador, agonizante. En todo deporte puede suceder esa mezcla. Cualquiera puede pretender ser el primero, sostener su puesto o tratar de arrebatarlo a quien lo posee. Sea en el fútbol, en el béisbol, en balónvolea, en ajedrez, en golf o en el tenis.

Quien ostenta el honor de ser el mejor, el del puesto más alto en el podio debe rendir en la cancha contra sus contendores de turno y brindar su fuerza, su técnica, su astucia limpia, mantener el ritmo, aunque tenga que tener siempre la toalla a su alcance para secar el sudor de cara, cejas y patillas.

Tal vez fue al ecuatoriano Lapentti, ya hace unos años, a quien le oí decir a su entrevistador que para ganar tenía que dar el primer raquetazo como si fuera el último y contestar el último con la misma intensidad como si fuera el primero. A eso llamó ser un profesional.

Para llegar a estar en los primeros lugares el jugador de fútbol o de tenis, debe prepararse mentalmente a una lucha, como el boxeador. Entrenar a diario como el pianista que se ejercita en leer solfeo, en teclear horas enteras y todos los días, sentado frente al piano o la partitura. No puede darse tregua. Sabe que un día debe presentarse ante el público y mantener su atención y su musculatura por largo, largo tiempo. No puede desconcentrarse porque de ello dependerá que teclee bien con las manos y al mismo tiempo maneje con el pie la intensidad de los sonidos.

El tenista ora debe ser elástico como una goma, debe guardar su compostura ante el adversario sin dejar ver en su cara la angustia, deberá actuar con respeto ante el público, preparar su cuerpo para jugar cuando haya sol, viento, piso de césped, sintético o de polvo de ladrillo, si el tiempo está seco o la superficie está mojada. No puede descuidar los detalles. Su serenidad será la virtud que predomine a lo largo del juego. No puede desesperarse por los errores ni reaccionar emotivamente por los aplausos al contrario Eso es parte del juego y debe también contarlo entre su estrategia.

Ayer Rafa Nadal, 2º del ránkin disputó por séptima vez el título de campeón en el torneo Roland Garros en la lluviosa París. Jugaba con Djokovic, soberbio y mal encarado cuando perdía. Contrastaba la tranquilidad del español y el disgusto del serbio.

La última jugada fue la que selló el match point para Nadal. Una doble falta en el saque de Djokovic dejó ver su desespero, produjo el ay de sus seguidores y el grito de alegría de los parciales del mallorquí. No fue suerte lo que sucedió. La calma, la concentración golpean más duro que un raquetazo en slice y que un ace sobre la línea.

Así fue que Nadal, segundo en el escalafón, fue guiado por el presidente del torneo al lugar más alto del podio para que levantara la copa hasta el séptimo cielo, más alto que el hasta ayer legendario Björn Borg.

12-06-12                                             4:10 p.m.

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