Un poema por encargo


Un poema por encargo.

El escritor fantasma (ghostwriter), también llamado a veces Negro Literario, es un personaje que existe desde hace muchos años; me atrevería a decir que desde siempre.
Alejandro Dumas, de quien se dice lloró amargamente la muerte de uno de sus clientes, no por los lazos afectivos que pudieran unirlos, sino por la gran cantidad de contratos que tenían pendientes, fue uno de ellos. También lo fueron Ian Fleming, el prolífico autor de la saga de James Bond, y el ilustre H.P. Lovecraft, quien en 1924 escribió una novela corta titulada Impresioned with the Pharaods (Encerrado por los Faraones), contratado por J. C. Henneberger, propietario de la revista Pulp Weird Tales, y en la cual el mago y escapista Harry Houdini era el protagonista.
Y en tiempos más actuales, se dice que también lo fue el laureado y recientemente fallecido Paul Auster.
Estos, entre muchos otros conocidos y; sobre todo, entre muchos otros más que no han reconocido haber realizado este tipo de trabajo que; como todos, es considerado indigno y vergonzante.
Yo –guardando; obviamente, las debidas proporciones– también he sido un ghostwriter, un negro literario.
He escrito desde discursos de ceremonia de graduación para rectores y graduandos, y discursos de posesión para burócratas culturales, hasta cartas y poemas para enamorados, diatribas e invectivas contra déspotas patrones, parejas traicionadas o amantes despechados. Y sí, algunas veces he sido un poco como el Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, el Cyrano de las obras de teatro, el de las óperas, el de las películas.
Y como suele ocurrir que estos trabajos son estimados como hijos bastardos, espurios o mínimamente producto de la mera supervivencia y la vulgar “carpintería”, nunca guardaba copia de ellos; y menos aún en una época totalmente analógica, en la que todo se escribía en máquina, e inclusive a mano y en hojas de cuaderno. Pero en estos días; organizando algunos archivos en mi PC, me encontré con uno de ellos, titulado Carta y poema para mi empresa.
Se trataba de un amigo cuya joven y hermosa amante (una morena muy inteligente y simpática. La conocía casi que desde cuando era aún lampiña), empleada de una grande y prestigiosa institución pública de Antioquia –me reservo el nombre de ambas, por esa obligación de confidencialidad que tácitamente nos impone el llamado “secreto profesional”–, le comentó que su empresa había convocado a todos los ejecutivos, empleados y trabajadores en general, a participar en dos concursos. “Proyecto” concebido quizás por algún snob ejecutivo, o por algún empleado diletante de las “Bellas Letras”, o simplemente, por algún calculador burócrata del Área de Recursos Humanos.
Uno de los concursos se llamaba Carta a mi empresa, y el otro, Poema al trabajo cotidiano.
Ella, la musa y amante, quería participar en ambos; y “él”, mi amigo, el “poeta”, el amante tendría que hacerse cargo de que así fuera, y no de cualquier manera, pues era ella una brillante y ambiciosa empleada que; obviamente, pretendía sobresalir, trepar a toda costa. Y este sería un buen paso, el que consideraba 100% garantizado, pues para ella mi amigo era un “gran poeta” y el mejor escritor de «cosas absolutamente hermosas» que hubiera conocido.
Esta elevada reputación poético-literaria era debida a que, en su estrategia de seducción, mi amigo le “escribía” numerosas cartas, poemas, mensajes de texto, tarjetas o esquelas para todo tipo de motivo u ocasión; tales como el Día de su Cumpleaños, el Día del Amor y la Amistad, el Día de la Mujer, el Día de la Madre, etc.; todos los cuales a ella mucho le fascinaban y halagaban.
Y por supuesto, también suponía que fue mi amigo el autor de aquel discurso que tuve que escribirle de urgencia, con el fin de excusarse con su amada y prometerle una pronta reivindicación; luego de que, por causa de una ingente ingesta de ron, previa a una cita en el motel, no hubiera logrado ponerse itifálico en toda una noche… Bueno, él no dijo esta antierótica palabreja, que más que a gran virilidad, suena a una grave enfermedad. Es más, estoy seguro de que jamás la ha leído o escuchado. Tampoco utilizó esa pedantesca y horrible y cacofonía de ‘ingente ingesta’; sencillamente dijo: «tomé ron como un putas, y no se me paró ese hijueputa».
Pues bien, el hecho es que este insuceso amatorio le causó mucha frustración y enojo a su sicalíptica amante. Y eso era algo que a mi amigo le preocupaba enormemente, ya que «una mujer insatisfecha es tan temible como una mujer herida». Decía riendo.
Así que no tuve más opción que sentarme muy temprano, casi que de madrugada, a escribir un procaz, obsceno y pornográfico discurso, para luego él aprendérselo y susurrarlo al oído de su ávida y airada amante, mientras aún yacía entre las sábanas. (Por ahí encontré también este tragicómico discurso. Quizás algún día, en un arranque de impudicia, decida compartirlo).
Esos concursos fueron entonces dos tareas más para este empírico ghostwriter –quien por aquella época ni siquiera sabía que así se nos llamaba–, pues su bella, colérica y lúbrica amante, como ya lo he dicho, quería no sólo participar, sino ganarlos ambos.
Sin más preámbulos: obtuvo el primer puesto con la carta, y el segundo con el poema. No reproduzco la carta porque contiene demasiados datos biográficos de la supuesta autora (y; por supuesto, de la empresa o institución estatal donde aún trabaja); pero si quiero compartir el poema, dado que mucho me sorprendió que no recordara ni un solo verso. Y más aún, el hecho de haber obtenido un segundo puesto. Eso, sinceramente, más que sorprendente, me pareció injusto. Yo, como jurado, no le hubiera otorgado ni el último lugar entre los finalistas.
Ah, el premio a la Carta fue como de un millón de pesos actuales, más una gran ancheta con frutas, flores, dulces y licores. El del poema, algo así como $700.000, e idéntica ancheta. Mi amigo; además del pago en efectivo, me regaló la ancheta que su amada le abonara como parte de su correspondiente pago en especies.
Ahora sí, acá va el deslucido poema (y a propósito, a un mal poeta se le llama poetastro. ¿No debería, de igual manera, existir una palabra para denominar a un mal poema? Sugiero; en contraposición a “poemazo”, la palabra “poemastro”):
EXHORTACIÓN
Festeja
el alarido matinal
de la alarma instalada en tu nochero
como el canto primigenio
de aquel gallo que anunciara
la primera mañana de la tierra.
Celebra
la algarabía de los niños
a la hora de la siesta
no es la horrísona chillería de los monos
que de rama en rama
huyen con la risa de tus hijos.
Bebe
hasta las heces
el ebrio vino del crepúsculo
alborozado y refulgente
en la desbordada copa del cielo
aquí es la esponja del calvario
que se adhiere a nuestro rostro
empapada de sudor
y de sangre humillada y maldiciente.
Devora
la luna afrodisíaca y barbitúrica
hasta el delirio hasta los huesos.
Nuestra luna es un melón
herido y purulento
que derrama
su infame podre en nuestra boca
en nuestros ojos.
Bendice
el pan vuestro de cada día
–humilde u opulento–
como el de un rico epulón
o el de algún pobre Vallejo.
Lleva
hacía tus venas tus arterias
la incendiada sangre del sol
que fecunda los trigales
se acuna en sus espigas
y te hermana con las flores
los pájaros y las bestias.
Nuestro es el gangrenado
pan diario de la infamia
que nos ceba justo para para el yugo
el trueque la reventa
o el aliento furibundo
de la ignívoma vindicta.
Alaba ama retoza canta
Envilecido
Piensa
en nuestras desnudas
nocturnas caminatas
bajo las aguas ultrajantes de la lluvia
la sangre las llagas y las lágrimas.
Imagina
ese último torniquete
y verás qué bello es el metro
el trancón de las horas pico.
Adenda:
Así como Dumas lamentó la muerte de su cliente, también yo lamenté que mi amigo “dejara” el “trabajo” que tan pingües ingresos le reportara. Imagino que aún no se ha restablecido totalmente en lo económico y financiero, pues de estarlo, con seguridad seguiría siendo mi excelente y constante empleador y cliente, ya que él jamás dejaría su lujuriosa y romántica adicción a las mujeres, ni cambiaría a este, su Negro Literario.



