TONTOLOGÍA DE POEMAS


Foto: Fundación Juan March
TONTOLOGÍA DE POEMAS

Hace algún tiempo leí en la sección Versos y canciones de siempre, del periódico El Mundo, de Medellín, unos espantosos versos de un autor mexicano que, no obstante lo horripilantes; e incluso lo repulsivos, me resultaron sumamente jocosos.
Este hecho me llevó a recordar que alguna vez leyendo a un poeta nadaísta (recién fallecido) se me ocurrió la idea peregrina de hacer una antología de los peores poemas de la “poesía” colombiana. Idea ésta que años después de alguna manera ejecutara el escritor y periodista Daniel Samper Pizano bajo el título Versos chuecos, una selección de «las mejores peores poesías de la lengua castellana»; como dijera el autor, quien a su vez declaró que el libro había sido inspirado en la obra Coñones del reino de España (1998), del también escritor y periodista, el español Alfonso Ussía.
Ambos libros son de carácter humorístico, y recogen poemas, tanto de excelentes y reconocidos poetas, como de anónimos y deplorables poetastros; pues como afirmaba Chesterton, «Podría formarse el peor libro del mundo a partir de fragmentos selectos de los mejores escritores del planeta».
Y algo así fue lo que hizo en 1928 Gerardo Diego, cuando publicó Tontología, una antología de los peores poemas de la Generación del 27, o como la llamó él, «una selección de poemas malos de los poetas buenos». Pues pensaba que «hubiese sido sencillo publicar versos malos de poetas malos. Pero eso no tenía gracia», a la vez que consideró «una conmovedora edificación el recoger algunos de los muchos resbalones de los poetas capaces de escribir versos buenos».
En el prólogo su autor, el tontólogo, como se autodenomina Gerardo Diego, se pregunta que si en las antologías normales los antólogos se quejan de su ardua y compleja labor, «¿qué deberá decir el tontólogo? Considerando que como abundan siempre más las tonterías que las bellezas, no sabe uno por dónde empezar».
Allí tienen el sospechoso honor de figurar poetas de la talla de los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Manuel Altolaguirre, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y el propio tontologador, Gerardo Diego, quien incluyó su poema El epitalamio de los faroles.
Pausa: para no hacer demasiado extenso el presente texto, y abrumar al “paciente lector” (—Hipócrita lector, —mi semejante, —¡mi hermano! Como apostrofaba el gran Baudelaire), me he abstenido de citar al menos una pequeña muestra de las antologías mencionadas. No obstante, quiero ahora mismo hacer una excepción con Canción tonta, del gran Federico García Lorca, pues resulta irónico que este breve “poema” haya sido musicalizado por Vicente Monera, e interpretado por Ana Belén y otros cantantes:
Mamá,
yo quiero ser de plata.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Yo quiero ser de agua.
Hijo,
tendrás mucho frío.
Mamá.
Bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!
Imposible saber qué hubiera dicho o pensado de la canción el bello Federico, qué tan musical era; pero sí puedo imaginar que la inclusión de su poema en la Tontología le divertiría. Todo lo contrario de Juan Ramón Jiménez, quien vio en la publicación de tres de sus poemas un ataque directo a su persona, asegurando que todo obedecía a una «campaña de Salinas y sus amigos […] para echarme abajo».
Ahora me permito reproducir los espeluznantes, espantosos versos que motivaron la escritura del presente texto:
MITAD TÚ, MITAD YO
(Mario Molina Montes, mexicano)
Quiero ver jugueteando
por las piezas y patios,
un muñeco de carne,
mitad tu mitad yo,
que lleve en sus cabellos
el color de tu pelo,
y en sus ojos de cielo
la mirada piadosa
que Dios te regaló.
Quiero ver en mi casa,
ahora, siempre, y por vida,
un muñeco de carne
mitad tu mitad yo,
que lleve en sus manitas
la seda de tus besos,
y en su boca el perfume
que tu seno le dio.
Quiero ver que me quiere,
que me busca, me espera
quiero sentir su abrazo
cuando me vea llegar,
quiero me diga cosas
y me cuente mentiras,
quiero que me consuele
cuando me vea llorar
Quiero después morirme
sabiendo que te queda,
un muñeco de carne,
mitad tu mitad yo,
que lleva en sus manitas
la seda de tus besos
y en sus ojos de cielo
la mirada piadosa
que dios te regaló.
Para terminar, quisiera extrapolar a la poesía; es decir, a los poetas, aquello que se dice respecto a la conducción de automóviles: “Quien jamás haya sufrido un accidente, es porque jamás ha conducido”; o sea: ‘quien no haya cometido un pésimo verso, un mal poema; es porque jamás lo ha intentado siquiera’. Es más, creo que todo aquel que en algún momento se haya sentido o considerado poeta tendría material de sobra para aportar a cualquier antología de malos poemas; máxime si se tiene en cuenta ese cruel postulado que afirma que sólo hay dos clases de poesía (de poemas): la buena y la mala.
Y ahora sí, para terminar, quiero citar aquellos famosos y memorables versos del ex presidente José Manuel Marroquín. Es un poema que en mi concepto opaca su célebre “Tratado completo de ortografía castellana” (Bogotá, 1858), y la infame entrega del territorio panameño a los Estados Unidos de América en 1903, a cambio de un plato de lentejas, como bien se dijo en su momento. Un poema que a nuestro Nobel gustaba recitar de memoria.
Acá va el poema:
LA SERENATA
Ahora que los ladros perran,
ahora que los cantos gallan,
ahora que, albando la toca,
las altas suenas campanas,
y que los rebuznos burran
y que los gorjeos pájaran,
y que los silbos serenan
y que los gruños marranan,
y que la aurorada rosa
los extensos doros campa,
perlando líquidos viertas
cual yo lágrimo derramas,
yo, friando de tirito,
si bien el abrasa almada,
vengo a suspirar mis lanzos
ventano de tus debajas.
Tú, en tanto, duerma tranquiles
en tu camada regala,
ingratándote así, burla,
de las amas del que te ansia.
¡Oh, ventánate a tu asoma!
¡Oh, persiane un poco la abra,
y suspire los recibos
que este pecho exhalo amanta!
Ven, endecha las escuchas
en que mi exhala se alma
y que un milicio de músicas
me flauta con su acompaña.
En tinieblo de las medias
de esta madrugada oscurada,
ven y haz miradar tus brillaas
a fin de angustiar mis calmas.
Estas tus arcas son cejos
con que, flechando disparas,
Cupido pecha mi hiero
y ante tus postras me planta;
tus estrellos son dos ojas,
tus rosos son unas labias,
tus perles son como dientas,
tu palme como una talla;
tu cisno es como el de un cuelle,
un garganto tu alabastra,
tus tornos hechos a brazo,
tu reinar como el de una anda.
Y por eso horo a estas vengas
a rejar junto a tus cantas
y a suspirar mis exhalos
ventano de tus debajas.
Así cantaba Calixto
a las ventanas de Carmen,
de Carmen, que, desdeñosa,
ni aun se acuerda de olvidarle.
Nota superflua: El autor no incluyó ninguno de sus muchos poemas dignos de ilustrar la presente muestra porque, aunque no se diga, siempre se ha considerado de mal gusto que como antologador lo hiciera. Asimismo, tampoco incluye en ella a ninguno de los poetas que personalmente conoce, y que por mérito propio perfectamente deberían figurar en la misma, pues sería inevitable que lo juzgaran de rosquero y amiguista. No obstante, deben saber que en mi mente y en mi corazón siempre estarán presentes, mis carísimos amigos poetas, mis hermanos.
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