Haciendo zapping en la radio


Haciendo zapping en la radio

Este pasado lunes festivo (12 de junio) —Día de Corpus Christi—, mientras preparaba mi almuerzo, hacía zapping en la radio… ¿Cuál será el equivalente de zapping para la radio? … ¿Y por qué tantos días de fiesta religiosos? 2023 vino con un total de 20 días festivos, 15 de ellos de carácter religioso; concretamente, celebraciones de ritos y mitos exclusivos de la religión católica… Y casi que sin reponernos de la resaca de este puente se nos viene otro: 3 de julio, Día de San Pedro y San Pablo… De verdad me asombra que algún capitalista salvaje (este pleonasmo sería más justo con las demás especies, y más preciso con la humana, si en lugar de ‘salvaje’ dijera ‘criminal’; es decir, homicida, genocida, ecocida y todos los ‘cida’ habidos y por haber); tan sólo por el hecho de ver afectados sus intereses comerciales y financieros (15 días hábiles no laborados y remunerados significan un período exactamente igual al de las vacaciones anuales contempladas en el Código Sustantivo del Trabajo) no haya azuzado a su jauría de abogados para que interponga una demanda de inconstitucionalidad, exigiendo la nulidad de la Ley Emiliani (o Ley 51 de 1983) en lo que respecta a los días festivos de carácter religioso; pues este hecho constituye una flagrante violación a la Sentencia No. C-350 de 1994 de la Corte Constitucional, donde expresamente se establece que Colombia «Es un Estado laico…El país no puede ser consagrado, de manera oficial, a una determinada religión, incluso si ésta es la mayoritaria del pueblo,…»… Lo que de paso deja en evidencia un Estado discriminador, parcializado, transgresor de lo dispuesto en el Artículo 19 de la Constitución:«Se garantiza la libertad de cultos…Todas las confesiones religiosas e iglesias son igualmente libres ante la ley». Esto es, todas las religiones existentes en Colombia tendrían igual derecho a celebraciones semejantes a las que el estado colombiano consagra a la católica. Así que perfectamente podríamos tener días festivos consagrados a Mahoma, Jehová, Alá, Brahma, Buda, Visnú, Shiva, Osiris, Isis, Horus, Odín, Thor, Loki…inclusive a Satán, pues también existen iglesias consagradas al innombrable (no aquel famoso expresidente… aunque también…cuenta con millones de fieles… y muchos mártires). Igualmente me extraña que ninguna de las organizaciones que promueven y velan por la laicidad del Estado colombiano se haya pronunciado. Estas son algunas de ellas: Bogotá Atea, Asociación Antioqueña de Librepensadores, Agnósticos y Ateos; Asociación de Ateos de Bogotá, Asociación de Ateos del Eje Cafetero, Asociación de Ateos y Agnósticos del Atlántico… Aunque no debería extrañarme, seguramente la razón sea la misma por la que jamás la impugnaría esta Ley la Asociación Hotelera y Turística de Colombia, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) o la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC); y obviamente ninguno de los millones de esclavos que conformamos la gran masa de obreros y empleados de todos los niveles, estratos y estatus: todos aquellos que somos o hemos sido asalariados… Creo que el dilema de rebatir o no la Ley Emiliani solo lo enfrentaría la industria de licores: que la gente trabaje y no beba, o que beba y no trabaje.
Problemas, cuestiones o dilemas como este se me presentan con frecuencia mientras realizo algún oficio doméstico; como este de preparar el almuerzo, barrer, sacar la ropa de la lavadora y extenderla, etc.; o caminando por ahí, simplemente, o en el místico recogimiento del sacro baño…. Y el problema aquí era muy sencillo, personal: cómo ser coherente, cómo conciliar mi ateísmo, principio rector inquebrantable de todos mis juicios y mis actos con ese mi izquierdismo idiosincrásico, inveterado, indeclinable que no sólo estaría en desacuerdo con que los trabajadores perdieran el derecho a estos 15 días no laborables remunerados, sino que inclusive abogaría por que se redujera la jornada laboral de 48 a al menos 40 horas semanales…
Y como también suele ocurrirme, mientras almorzaba, la solución me llegó como un relámpago: ¡Eureka! No se trata de abolir la Ley Emiliani; es decir, suprimir los días festivos relativos a las ceremonias y ritos de religión cristiana, sino de enmendarla, cambiar su carácter, su “razón social”; digamos. Los 5 días festivos restantes, con motivos no religiosos son: Día del Trabajo, Día de la Independencia de Colombia, Día de la Batalla de Boyacá, Día de la Raza y Día de la Independencia de Cartagena. Se trataría entonces, simplemente, de aumentar esta lista con otros hechos, eventos o inclusive personalidades dignas de ser conmemoradas o celebradas. Por ejemplo, creo que, por estar íntimamente emparentada con el Día de la Raza, a la festividad itagüicense conocida como Día Mundial de la Pereza se debería otorgar el carácter de fiesta nacional. Y por la misma línea se podrían instituir, o al menos someter a consideración; entre otros: el Día del despecho, Día del Tamal, de la Empanada o de la Bandeja paisa, Día de los desaparecidos, Día de la madre soltera, día de la Tía Solterona, Día del Gamín, Día del Preso, Día del desempleado, Día del trabajo informal, Día de la trabajadora sexual, Día del Santo Cachón, Día del Orgullo Gay, Día de la condición heterosexual. También deberíamos homenajear a héroes y heroínas. Por ejemplo, Día Nacional de la Pola. Sí, de ambas, la heroína y la cerveza, rescatar lo hecho por la Cervecería Bavaria en 1910 para celebrar los 100 años de la independencia de Colombia, que acogiendo la idea de los trabajadores de hacer un homenaje a Policarpa Salavarrieta, durante ese año sacaron una cerveza llamada La Pola, la cual tenía en su etiqueta una imagen de la mártir (en lo personal, considero infame el eslogan que la acompañaba: ‘está que se toma sola’)… Aún hoy, seguramente sin conocer su origen, la gente se refiere a la bebida con el nombre de la heroína… Somos un pueblo ingrato, pues al parecer no hemos honrado a ninguna hija, bautizándola o registrándola con el nombre de nuestra inmolada prócer. En Facebook, donde aparecen interminables listas hasta para los nombres llamados “sin tocayo”, no aparece ninguna Policarpa, nadie hace honor a la valiente Pola, la misma que camino del patíbulo encasquetara a los esbirros estas libertarias palabras:
«¡Viles soldados, volved las armas a los enemigos de vuestra patria!»,
y a la muchedumbre, que acudió a presenciar la ejecución de la noble paisana; con toda la rabia y el dolor de sus veintidós años:
«¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad! No olvidéis este ejemplo […] Miserable pueblo, yo os compadezco. ¡Algún día tendréis más dignidad! […] Muero por defender los derechos de mi patria.»
… Seguimos miserables, vergonzantes esperando ese día, Pola venerable.
Y el Día Nacional de Manuelita Sáenz, Manuela Sáenz de Vergara Aizpuru, la bella amante del libertador, la guerrera, la brava Coronela del Ejército Libertador, que bajo las órdenes del Mariscal Antonio José de Sucre combatió en las batallas de Pichincha, Junín y Ayacucho, que consagraron la independencia de Ecuador y del Perú.
Y el Día Nacional de Manuela Beltrán (13 de marzo de 1724, provincia de Tunja, actual Santander – Fecha y lugar desconocidos), quien el 16 de marzo de 1781, a sus 57 años, liderara un motín de más de dos mil manifestantes, en protesta por los nuevos impuestos decretados; y que, llegando a las puertas del ayuntamiento, al grito de “Viva el Rey y muera el mal gobierno”, arrancó el edicto, simuló limpiarse el trasero con él y luego lo arrojó al viento. La sonada rebelión que lideró esta “viejecilla” originó el movimiento comunero, al que muchos señalan como el mayor antecedente de la lucha por la independencia… Se cree que murió fusilada por las tropas realistas (con sus esbirros criollos, por supuesto), desconociéndose el lugar y la fecha. Uno de los miles de casos de desaparición forzada y ejecución extrajudicial que se realizarían continua y sistemáticamente desde entonces y hasta el presente en Colombia.
Pero bien; perdón, es evidente que me he alejado no poco del tema; más concretamente, de la “historia” con la radio que pretendo relatar…permítanme agregar sólo dos propuestas más: que se reemplace el nombre ‘Semana Santa’, por Semana de la Tierra, Semana de la Vida, o de ambas. Y que, a semejanza de Portugal, cuya fiesta nacional conmemora la muerte de un poeta, Colombia celebre y conmemore con un Día de Fiesta Nacional la vida y la obra de un artista, un escritor, un científico o un poeta.
Ahora sí. Decía que estaba haciendo “zapping” cuando identifiqué en una emisora de Radio Cadena Nacional —de cuyo nombre odio acordarme— las voces de tres palurdos; dos hombres y una mujer. No sé si periodistas, comunicadores sociales o simples locutores; lo mismo da: lameculos por igual. Todos con cientos de miles de subnormales seguidores en sus redes despreciables. Los mismos charlatanes con los mismos clichés y las mismas afectaciones. Por ejemplo, la susodicha; como tantas, habla con una chillona voz de inocente niña de catequesis, de ingenua Caperucita Roja… («culipronta soplapollas, grandísima zorra, reputa que habría que zurrarle y cascarle sin consideración su culo», como podría pensar un malpensante o decir algún alter ego de Philip Roth o de Rubem Fonseca) …Recuerdo; digo, que otro día “lanzaban al aire” la gran pregunta: «Qué trabajo realizaría usted, aunque no le pagaran por ello.».
Con este “taquillero”, “impactante tema” pretendían despachar la tarde; inclusive “sacarla del estadio”. Era ese todo el contenido que tenían para ofrecerle a su “respetada” audiencia estas tres lumbreras nacionales. Me hacían recordar aquellos deshonestos e ineptos profesores que cuando no habían preparado clase nos contaban —con muchas mentiras y fantasías, por supuesto— su vida personal, y hasta las inventadas peripecias vividas al desplazarse desde su casa al colegio.
Para la pregunta hubo respuestas de todo tipo, y de todos los tipos y tipas. Desde ‘chofer de algún famoso’ hasta ‘piloto de pruebas de un transbordador espacial’. Escuché el programa hasta el final, esperando que algún oyente (u oyenta) dijera el oficio que pensé no tardaría en salir al aire: ‘actor porno’, o algo por el estilo. Pero increíblemente, nadie lo hizo. No sé si por pacatería, gazmoñería o por la maldita corrección política, esa implacable censura y condena a todo tipo de expresión que pasaron a ejercer las redes sociales, en lugar de la inquisición y las dictaduras… No obstante, llegue a imaginar que seguramente ya habrían dado esa respuesta, desde el comienzo del programa, antes de que entrara yo en sintonía.
Pues bien, decía que me detuve en el programa ese de la odiada y odiosa emisora. Y esta vez la pregunta era: –Si Bogotá no pudiera ser más la capital de Colombia, ¿cuál cree usted que debería ser?
Está vez el programa apenas comenzaba, y los tres “graciosos y perspicaces” conductores del programa; evidentemente con el único propósito de motivar la participación de la somnolienta y estupidizada audiencia, lanzaban sus propias candidatas, justificando su elección de manera supuestamente inteligente, original e interesante. Uno de ellos —como por poner un ejemplo— propuso al municipio de Madrid, Cundinamarca… Me extrañó que la mayoría de oyentes se tomara la pregunta muy en serio, y sustentaran su respuesta como todos unos magísteres en diseño, arquitectura y planeación; eruditos en historia, etnografía y geopolítica, doctores en economía, antropología, sociología, ecología y medioambiente; y hasta expertos en estrategia militar.
Desde luego, literalmente, saltaron a la palestra, desde las llamadas grandes ciudades como Cali, Medellín, barranquilla y Santa Marta hasta las más pobres y marginales: Quibdó, Sincelejo, Valledupar, Riohacha y un largo etcétera.
De pronto, se dejó escuchar la voz de un oyente, quien con mucha naturalidad decía:
«Buenas tardes, mi nombre es Javier de Jesús Gómez Hernández. Los llamo desde mi amado y bello municipio de Villamaría, Caldas (no sé por qué me animó a seguir escuchándolo el hecho de haber estado allí hace como diez años, en una lectura de poemas, organizada por el I Festival de Literatura Nos Queda la Palabra) …Para felicitarlos por el programa, siempre los escucho… Acabo de sintonizarlos. Está muy buena la pregunta. Jaja, como para votar corriente un rato con los parceros, tomándose unas polas. Jaja…Hay muchas, pero no pienso en ninguna. Jajaja, será que hoy no tengo cabeza como para preguntas ociosas. Jajaja… ¿O será jocosas? Jajaja…Adiós, muchas gracias, y que Dios los bendiga».
Tan pronto se despidió el simpático oyente, cerré la llave del lavaplatos, me sequé las manos rápidamente y corrí hacia el radio, cambié la función a Bluetooth y busqué en YouTube ‘Mi mix: Leonard Cohen’.
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