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martes 20 junio, 2023 a las 4:28 pm

LUCHAS POR LA MEMORIA Y EL OLVIDO

LUCHAS POR LA MEMORIA Y EL OLVIDO

LUCHAS POR LA MEMORIA Y EL OLVIDO
AL INTERIOR DE UNA PIEL

“Nadie ha estado exento de la guerra, es verdad, pero los informes y los datos que registran las violaciones a los Derechos Humanos constatan que la guerra no ha afectado a todos por igual. La guerra recae especialmente sobre las poblaciones empobrecidas, sobre los pueblos afrocolombianos e indígenas, se ensaña contra los opositores y disidentes, y afecta de manera particular a las mujeres, a los niños y niñas.”
― Centro Nacional de Memoria Histórica, ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad

Sigo siendo un refugiado, una persona protegida por un gobierno extranjero, al igual que un sinnúmero de coterráneos que hemos contado con el privilegio de escapar de esa barbarie nacional que nos ha acosado durante más de setenta años continuos, y que entre otras cosas, ha sido causada por las ideas coloniales provenientes de un modelo de sociedad eurocéntrico que estableció jerarquías entre humanos a quienes consideró inferiores o superiores dependiendo de la cantidad de melanina que contiene su piel. Es a partir de esta categorización absurda y que perdura hasta nuestros días, que han decidido “quién tiene qué y quiénes tienen que padecer el abuso y los desmanes de unos pocos criollos depredadores que se creen con el derecho de poseerlo todo, aun a costo de la vida y el sufrimiento de aquellos a quienes la historia oficialista mal contada y la misma sociedad  colombiana, han sometido a través del uso irracional del poder de las armas y de un aparato estatal que ha sido puesto al servicio de la ambición y la corrupción”.

A partir de los informes de organizaciones no gubernamentales, del Grupo de Memoria histórica, de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Justicia y la Reparación, y de la Justicia Especial para la Paz, para muchos en el planeta dejó de ser un secreto a voces aquello de la herencia colonial, patriarcal y machista que ha sido y sigue siendo el eje central en la justificación de las injusticias cometidas contra los pueblos étnicos de Colombia, los líderes sociales, ambientalistas y todo aquel que logre esbozar un pensamiento libertario, y sobre todo, si ese pensamiento, y ese accionar, está en contra de sus intereses mezquinos.

Las elites nacionales e internacionales ligadas durante largas décadas a una institucionalidad corrupta, se han dedicado a desarrollar economías extractivistas que siembran de muertos los campos y las ciudades colombianas; al apropiarse de las tierras y de los territorios establecen monocultivos de banano, caña azucarera, palma aceitera, cultivos ilícitos, ganadería extensiva, explotación minera y energética, fabricas contaminantes, etc.

Estos proyectos que requieren de grandes capitales, han sido alimentados y sostenidos con recursos provenientes del narcotráfico internacional que esta envenenando a la juventud planetaria y es en esta relación de neo-colonialidad, donde estos paradigmas de superioridad patriarcal blanco-europeo, siguen siendo el camino ejemplar, lo cual, ha contribuido y contribuye al incremento de las brutales guerras de despojo y apropiación del territorio ancestral de los pueblos étnicos en el pasado y en la actualidad.

Han pasado para nosotros minutos, horas, días, semanas, meses, años y para algunos décadas que se alargan como un relato sin puntuación de Gabriel García Márquez hablándonos de la matanza de las bananeras en el Urabá o tratando de enumerar a través de noticias las innumerables masacres cotidianas que desangran lo mejor y lo peor de “un país que sufre y llora en la impunidad«* y es que en la tierra del exilio, en el país de los desterrados, hemos tenido que aprender a respirar aires frescos, fríos y calientes, a beber nuevas aguas que no provienen de nuestros ríos, a comer frutas que no se parecen a la guayaba, nuestros pies se vieron obligados a aprender a caminar estas tierras indígenas que no son nuestras, nuestras manos aprendieron a amontonar la nieve en vez de la arena para construir nuestras casas, aprendimos a punta de presión consumista a pagar con trabajo, la tranquilidad que nos provee este paisaje lleno de mil colores y también aprendimos a repasar y reconstruir los rostros de quienes amamos y que en algún momento de nuestras vidas fueron borrados de nuestra agenda, en estas tierras de climas cambiantes nos permitimos que nuestra mente se saturare de recuerdos y en medio de suspiros, continuar aprendiendo a expresar con esta nueva lengua “algo que nos quema adentro, más adentro que la tos” como lo dijera en su tiempo Ali Primera en su canción Flora y Ceferino y que al sacarlo a flote se convierte en la expresión de una disputa entre la verdad que nos merecemos y el silencio que nos impusieron con el horror.

”Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos de los generales, y crece el silencio de los hombres”.
Bertolt Brecht

La memoria es un arma de la vida y de la historia y así como lo canta León Gieco** quisiera verla “…despertar a los pueblos dormidos que no la dejan vivir libre como el viento”.

Nuestra memoria es una memoria fuerte y poderosa, una memoria rebelde que se ha levantado desde el fondo de la humillación, desde el destierro y el desarraigo, desde los proyectos inconclusos que nos convocaban a construir un mundo mejor, desde la impotencia de los pasos que se alejan de la tierra donde está tu ombligo, desde ese sentimiento de culpa que causa el abandono de los procesos, de la justa rabia y de las arcaicas y nuevas ganas de matar a quien nos extermina, desde esa memoria virtuosa y punzante es que construimos la esperanza para curar nuestros sufrimientos y dolores, solo así, reconstruyendo nuestras memorias, es que podremos borrar las huellas de nuestros traumas antiguos y recientes causados a partir de la violencia desproporcionada que le han inyectado como veneno a nuestros pueblos.

Estas memorias disidentes que el establecimiento prefiere negar, son las bases de nuestras resistencias, de nuestras luchas y a la vez de nuestro pacifismo y amor por la vida.

Es desde este lugar de la memoria, que vamos a recuperar no solo la verdad silenciada y ocultada, sino la tierra robada y la posibilidad de una reparación histórica que sea capaz de re-dignificar nuestra humanidad negada por unos cuantos en el poder y así por fin, revertir lo dicho por García Márquez en uno de sus textos emblemáticos y reivindicar el derecho de “las estirpes condenadas a cien años de soledad” y brindarles las oportunidades que sean necesarias sobre la tierra.

* Julian Rodriguez, humorista y profesor colombiano
** León Gieco, interprete y compositor argentino

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