EL VERSO ABSURDO
![Rodrigo Valencia-Donaldo Mendoza[1] Rodrigo Valencia-Donaldo Mendoza[1]](https://proclamadelpacifico.com/wp-content/uploads/2013/03/Rodrigo-Valencia-Donaldo-Mendoza11.jpg)
![Rodrigo Valencia-Donaldo Mendoza[1]](http://www.proclamadelpacifico.com/wp-content/uploads/2013/03/Rodrigo-Valencia-Donaldo-Mendoza11.jpg)
Especial para Proclama del Cauca
R: —M y usted objetan el verso en que digo “Había mil aviones haciendo el amor en el cielo”. Entiendo; pero debo decirles que mi extenso, “interminable” poema Huidobra es una «bienvenida al absurdo», como anuncio en el epígrafe del libro; y entonces no es necesario aclarar que se trata de un escrito totalmente surreal, dedicado al poeta surrealista chileno Vicente Huidobro, y que es la colección de frases lo más absurdas que yo haya escrito hasta hoy. De modo que son pertinentes sus inquietudes, pero fuera de todo contexto en relación a mi poema. Ahora bien, por los mismos motivos, no se trata de convencer a nadie, como tampoco de hacer concesiones a la lógica ni al buen sentido, y ni siquiera a la estética. En cuanto a mí, prefiero toda la vida los poemas de Huidobro a los de Borges; son más imaginativos, desbordan pasión libertaria, destrozan todo lugar común, y tiene algo con lo que sobrepasa a los demás: extremo humorismo en medio de su seriedad que todo lo cuestiona, algo que sólo he visto, por ejemplo, en Rabelais.
D: —Hacer «absurdo» y «surrealismo» no es renunciar a la realidad, es la otra realidad con sus sombras y con su propia lógica. Pero aun así el lector visualiza los nexos, … y acepta y se trama con los relojes que Dalí cuelga en los tendederos de ropa. Sabe que es una original interpretación del tiempo. En cuanto a Huidobro, absolutamente legítimo ese gusto. Pero la alusión a Borges que te hice no fue por su poesía sino por su agudeza crítica; lo acompañaba siempre un sexto sentido para ver el verso malogrado en tantos poetas a los que se refirió. No es este el momento para traer algunos de esos despropósitos que mostraba como botones. A veces es sano hacer una pausa y mirar la posible «razón» que puede haber en un juicio que nos contradice, en este caso esa línea que señala M, y que yo comparto.
R: —Creo que hacer surrealismo es libertarse de los nexos de la realidad vulgar, cotidiana, extremadamente tosca en su logicidad perpetua. La vida NO es lógica; ¿quién la entiende? ¿Quién es tan ingenuo para creer que la entiende? ¿Quién tiene respuestas a los infinitos retos del nacimiento, el destino, el tiempo, el espacio, el espíritu, la muerte, el saber, etc., etc.? El surrealismo es una postura iconoclasta, como el Dadá, ante las necedades que hemos aceptado como realidades. No se puede ser surrealista esgrimiendo razonadoras propuestas reinvindicatorias; sin embargo, aquí lo estoy haciendo, lo cual invalida totalmente esta misma respuesta. Ser surrealista es ser imprevisible, no atarse a normas ni circunspecciones de la razón o el sentido común. Ser surrealista es dar total libertad expresiva a la interioridad que pugna por expresarse por un medio «estético». Ser surrealista no requiere dar respuestas a nada; requiere interponer medios liberadores al hecho de ser-en-el-mundo. Y, por otra parte, el hecho de ser surrealista no se debe explicar, aunque el mismo intento de hacerlo es ya un acto surrealista, toda vez que se cae en el absurdo de tratar de explicar lo que no se debe explicar. En fin, uno se defiende, lo cual quiere decir que no se es libre; que la surrealidad liberadora queda entonces por fuera de uno todo el tiempo, como ingenua y simple utopía, y que por lo tanto el pretendido nervio surrealista mío se escapa con cualquier cuestionamiento nimio, como en el presente caso.



