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martes 28 mayo, 2013 a las 11:01 am

Como para Ripley

LA SEGURIDAD RURAL

Seguridad rural
Fotografía: www.fronterainformativa.wordpress.com
Artículo escrito por Camilo Sarria

Parece que a las autoridades administrativas, llámense presidente, gobernadores y alcaldes, y a las autoridades militares llámense ejército o policía y aún las judiciales dígales magistrados, jueces, fiscales como también los entes auxiliares como el C. T. I., solamente les interesa la seguridad urbana.

En efecto, hago la anterior afirmación por lo que sucede en nuestro Municipio. Hace un tiempo estuvo de comandante de la Policía, una mujer sargento, cuyo nombre y celular me reservo, que iba a las veredas acompañada de tres o cuatro agentes. Ofrecía los servicios que la policía tiene la obligación de prestar y uno quedaba satisfecho. Uno se sentía seguro en su vereda y confiaba en ellos por esa presencia constante y esa decisión de servir que transmitían a los campesinos.

Como lo digo era una mujer… Trasladaron a esa dama y cesó por completo la presencia de la Policía en las veredas, aún en las más cercanas, pacíficas y de fácil acceso como Farallones, Bellavista y Vivas Balcázar.

¿Qué sucede? Que los valientes varones con los grados de mayores, capitanes o tenientes que han designado como comandantes de la Estación de Piendamó se orinan en los calzones si alguna persona los llama para atender un accidente, una riña, un hurto que acontece fuera del bunker que se han levantado en el parque de Piendamó.

Si alguien llama para atender un caso de estos dicen que es para tenderles emboscada y por consiguiente no van. Y así los bomberos de Piendamó o Tunía se encargan del accidente, la riña se termina por decisión de los contendientes y el hurto se consuma o se agota ante el desencanto o la desilusión de la ciudadanía.

Voy a poner tres o cuatro ejemplos de esta situación: desde hace más de dos años todos los viernes o sábados llegan a Tunía individuos en grandes camionetas con equipos de sonido a eso de las diez de la noche, se ubican en el costado sur del parque, ponen la música a alto volumen, riñen, vociferan en los términos más soeces, jamás escuchados y la gente no puede dormir. Llaman y la contestación es que no van porque eso es una emboscada. Así se han ahuyentado los pocos turistas que venían a la población.

Hace tres años a mi hermana Abigail Sarria le robaron de su propiedad en Bellavista tres reses, el mayordomo Alirio Pechené formuló la denuncia y duerme en los anaqueles de la Fiscalía porque no hubo la más mínima actividad de investigación. Al año me robaron cuatro reses de finca contigua, formulé la denuncia y a pesar de que en ambas ocasiones se habló con los comandantes de dichas épocas, me ofrecieron enviar comisiones para investigar y nada sucedió.

Es risible lo que me sucedió: nombrado un sargento cuyo nombre y celular me reservo por seguridad personal, así como los de los comandantes. Dicho sargento me dijo que fuera con un trabajador, recorriera la vía seguida por los ladrones, recogiendo las pruebas e indicios y los restos dejados donde habían sacrificado las reses y se los llevara a su oficina porque él no se iba a meter en sitio peligroso. Los sitios peligrosos son un camino que sale de Bellavista, atraviesa Farallones y termina en un bosquecito de Piendalinda donde matan los animales robados.

Y el último caso.

El señor Hermes Hernández tenía unas vacas pastando a la orilla de la Panamericana en potreros de la familia Chávez. Se las robaron cortando los cercos en dos lugares. Inició las averiguaciones y logró establecer que la res había volteado un Piaggio o había causado un accidente a un Piaggio. Viene la policía de carreteras que se halla en el peaje de Tunía, los de la grúa. Y el presunto afectado con el accidente de apellido Carvajal les dijo que él se había llevado la vaca para Popayán autorizado por el comandante de la patrulla para pagarse los perjuicios. Acompañé al señor Hernández al puesto de Policía del peaje y le dijeron que no daban ninguna información. En el recorrido hablamos con el señor Benito Muñoz, quien nos contó que en un barranco situado entre la casa que él cuida y la del señor Carlo Colombo habían montado la vaca entre Carvajal y la Policía de Carreteras a eso de las seis de la mañana. El señor Luis Carlos Ramírez, ayudante de la grúa le dio valiosa información a Hernández que reposa en el testimonio que rindió.

Ante esta situación les pregunto a las autoridades mencionadas: ¿Cómo se puede fomentar el turismo? ¿Cómo se puede invitar a la gente o campesinos que monten lecherías o producción de carne? ¿Cómo los campesinos pobres pueden tener criaderos de gallinas, conejos, cerdos si por las veredas deambulan como Pedro por su casa los amigos de los ajeno como Walter Guerrero y Alberto N, haciendo toda clase de depredaciones si los valientes mayores, capitanes, tenientes, sargentos y agentes no salen de su bunker a capturarlos de medio a que los embosquen?

Por eso es que los ladrones, atracadores, terroristas mal llamados guerrilleros llegan hasta las propias barbas les ponen bomba y les matan a un agente en las goteras de Piendamó?

Dónde está la seguridad. Averígüelo Vargas

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