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Domingo, 11 de octubre de 2026

Práctica pedagógica de atención a la diversidad

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La solidaridad, acogida al otro: Práctica pedagógica de atención a la diversidad

“Enseñar no es transferir conocimientos, sino que es crear las posibilidades para la propia construcción y producción del sujeto que aprende”.
Paulo Freire

Práctica pedagógica de atención a la diversidad
Por: Luis Fernel Bonilla Rosero
Directivo docente
Norte del Cauca

Las personas que nacimos hacia la mitad del siglo pasado, vivimos bajo una relación de hermandad entre las familias. Recuerdo a mi madre mandándonos a pedir prestada una papeleta de café a la casa de la vecina del frente, para terminar el desayuno; al día siguiente, cuando regresaba de la galería la devolvía.

Mi apreciación en ese momento, era que los elementos materiales eran para el servicio de todos los amigos de mi papá y de mi mamá: todos éramos una gran familia en la comunidad del barrio. Lo importante era suplir las necesidades en familia, sin importar a quién pertenecían en un momento determinado esos productos.

Eran momentos en que se compartía lo material, lo emocional; el sufrimiento de uno era de todos; se soñaba juntos, se proyectaba la vida para todos y sobre todo, se gozaban en familia. Se tenían relaciones cercanas que daban satisfacción a nuestra vida. Sabíamos que las relaciones con los otros son la clave para avanzar en la vida de forma saludable y ver caer las hojas blancas del Gran Combo, lleno de gozo y de tranquilidad y apreciar que los años pasan y podemos seguir siendo vitales en comunión de amigos y vecinos.

A finales del siglo XX la vida en comunidad cambió. Los procesos de globalización impuestos por los países económicamente ricos, mediante sus políticas neoliberales, por el gran capital, han logrado una transformación cultural en la vida de las comunidades y sociedades: el individualismo; como la sobrevaloración del sujeto, lo cual ha debilitado los vínculos comunitarios, construyendo la auto-referencia del individuo está conduciendo a la indiferencia por el otro, se produce una gradual sustitución de las familias por los individuos como unidades elementales de la vida social. La fragmentación de la sociedad en familias disgregadas, construyó un patrón de comportamiento y cimentó una lucha individual entre las personas.

En las últimas décadas del siglo XX, los gobiernos de turno proyectaron sus políticas económicas globales hacia el hacer educativo para insertar los intereses de los grandes capitales en la vida escolar. La imposición del concepto de competencias, por ejemplo; como formas de hacer en el plano practico de los estudiantes, es una manera de poner el hacer pedagógico al servicio de los grandes capitales y la escuela como su escenario predilecto, todo en armonía de las grandes empresas y del consumismo sin sentido, que agobia a la sociedad.

En los últimos años maestros y directivos docentes hemos direccionado la investigación pedagógica hacia qué enseñar y cómo enseñar; priorizando qué contenidos curriculares y como presentar esos contenidos a los estudiantes, como respuesta al fracaso escolar reflejado en deserción escolar, repitencia y la pérdida del protagonismo del docente como autoridad en el aula de clases. No ha sido elemento de indagación, la forma de relacionamiento de las personas en el aula de clases y en espacios no escolarizados, mediado por el currículo y las practicas pedagógicas. Menos, el encuentro de maestros y estudiantes, si el aprendiz es sujeto de derechos.  Si se promueven mejores relaciones humanas en la escuela.

Lo vivido por la humanidad en este año 2020, debido al coronavirus, nos ha puesto en la necesidad de revisar al interior de nuestro corazón, un sentimiento que nos hace humanos: la solidaridad, actitud de grandeza propia de todos los seres humanos, respuesta frente a la vida de los demás. Solidaridad como mejores respuestas a quien acude a nosotros: un sentimiento de acogida e interpretar el rostro del otro, con necesidades, sueños y luchas históricas en la vida y por la vida.

La solidaridad conceptuada como mejor respuesta al ser humano, en el marco de promover relaciones horizontales, de respeto y aceptación del otro, es la responsabilidad de adentrarnos en los otros para poder descifrar mensajes y señales no verbales de luchas y sueños, que afloran en el momento de encuentros, respetando las necesidades, sueños, expectativas y proyectos de vida de las otras personas.

La escuela como institución social, debe asumir la solidaridad como principio fundante del hecho pedagógico y orientador de las relaciones de los sujetos del proceso pedagógico. La respuesta de maestro frente a niños y niñas debe ser un mensaje de acogida y de hacerse cargo de él.  Un mensaje de estar dispuesto a acudir en su ayuda cuando él lo requiera.  Acogida, como respeto a diversidad cultural y étnica, presente en toda sociedad, donde se reconozca la diferencia como condición muy particular de todos los seres humanos.

La acogida es la actitud que posibilita asumir la subjetividad del niño, como el rostro que nos delinea rutas de actuar pedagógico, para lograr mejor nivel de formación, en dirección de fortalecer su presencia y participación en la vida escolar. Toda la experiencia de formación debe centrarse en la subjetividad de los educandos para poder reconocerlos, motivarlos y visualizar sus potencialidades como vectores de inclusión y aceptación de sus particularidades.

La acogida, como responsabilidad frente al otro, está articulada con hacerse cargo de ese otro, representado en nuestros estudiantes; quienes llegan a los centros educativos, con el deseo de aprender, entender y construir nuevos significados  del mundo social y cultural, y desde esa apropiación conceptual de la realidad tratar de dar respuesta a sus necesidades personales y contextuales. Estar equipado el estudiante de una mejor lectura de su entorno, a partir de la participación en el aula, le permite mejores procesos intersubjetivas de adaptación desde la diferencia, al aula y a sus compañeros. De esta forma adquiere mayor interés por el conocimiento y el aprendizaje.

Dentro de los propósitos del hacer pedagógico están: lograr en los estudiantes el amor al conocimiento y al saber, y que caminen en dirección de aprender a aprender, todo en dirección de lograr en los estudiantes autonomía en sus aprendizajes. Para avanzar hacia estos objetivos, una orientación pedagógica, de articulación con el contexto, debe iniciar a partir de situaciones-problemas, que retome la realidad y las circunstancias de vida de los estudiantes como andamiaje didáctico para articular vida escolar-entorno.

Esta praxis escuela – entorno, reconoce al estudiante como sujeto de su propio aprendizaje, a partir de resignificar su contexto desde sí mismo, de esta forma promueve la apropiación conceptual de su realidad, a partir de lecturas consecutivas y secuenciales de las circunstancias y dificultades sociales de los estudiantes. La educación adquiere otro significado cuando las voces de los sujetos tienen un sitial en las dinámicas del aula, es una educación para transformar y emancipar a las personas como protagonistas de su realidad.

Una educación que cuestiona la realidad y la problematiza, en clave de indagar las circunstancias de la vida, de los pueblos y comunidades, como lo planteado por Paulo Freire, va permitir construir una correlación pedagógica comunidad escuela, se reconoce a la vida comunitaria como un vector significativo en la formación de las personas y los sujetos son visibles en la construcción de sus aprendizajes, es una educación indagadora y potenciadora de las iniciativas comunitarias. 

Finalmente, promover una escuela que acoja y se haga cargo de los estudiantes, desde sus circunstancias particulares contextuales, es delinear un escenario educativo que dé respuesta a la diversidad cultural y étnica, que vive y aflora en las aulas en los recorridos curriculares, en las dinámicas formativas. Este propósito, en clave de reconocimiento del sujeto, en su singularidad, particularidad y potencialidad fortalece y consolida los procesos educativos. Son escenarios con espacios pedagógicos potentes y estimulantes que impulsan a los estudiantes hacia desarrollar sus capacidades y potencialidades como horizonte del reconocimiento de la diferencia.

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